Los choques más violentos entre la policía y los manifestantes se dieron en Roma. Pero también hubo protestas contra los planes de austeridad en otras 87 ciudades. Hay más de 70 detenidos y numerosos heridos.
© AFP
Los manifestantes marchan durante la jornada de movilización contra las medidas de austeridad por los trabajadores en el sur de Europa el 14 de noviembre de 2012 en Roma.
La movilización europea contra las políticas de austeridad de los gobiernos tuvo en Italia uno de los epicentros de las protestas más masivas y violentas. Los enfrentamientos más espectaculares fueron en Roma con el centro de la ciudad convertido en un caos, que incluso afectó de cerca la vecina zona del Vaticano.

Hubo escenas de guerrilla urbana tanto en Roma como en otros grandes centros urbanos italianos, y más de 70 personas terminaron detenidas. En 87 ciudades hubo protestas con choques directos entre policías y manifestantes que dejaron varios heridos, el más grave de los cuales fue un policía al que le rompieron el casco a palazos en un enfrentamiento en Turín.

En la capital se pudieron ver escenas casi alucinantes a lo largo de las dos avenidas costaneras del río Tiber, que a raíz de las inundaciones que afectan el centro norte de la península amenaza desbordar. Tropas antidisturbios de policías y carabineros avanzaron con camiones blindados a contramano, mientras miles de automovilistas trataban de huir desesperadamente de los encontronazos, mientras miles de estudiantes y otros grupos les lanzaban piedras y otros objetos.

Varias columnas de estudiantes y grupos de protesta avanzaron hacia el centro de la capital italiana. La policía decidió dispersar a los miles de manifestantes que hacia las dos de la tarde resistieron las cargas de los agentes antidisturbios en el llamado Lungotevere, las dos avenidas costaneras que flanquean el río Tíber.

Una lluvia de piedras, botellazos y toda clase de objetos fueron lanzados en los alrededores de ponte Sisto y de la isla Tiberina. Muchos autos resultaron dañados y en un momento fueron abandonados por sus dueños que no podían circular porque la policía avanzaba de contramano y los manifestantes bloqueaban el tránsito.

Mientras los agentes, cubiertos por camionetas blindadas de color azul, tiraban gases lacrimógenos para dispersar a la multitud, los jóvenes se retiraron por las calles adyacentes y contraatacaban con bombas de papel, palos y letreros de tránsito y municipales.

El espectáculo era alucinante porque en medio de las costaneras del río corría el "rubio Tíber" con sus aguas encrespadas por las crecientes y sus niveles amenazaban desbordar los altos muros proyectados a fines del siglo XIX por el ingeniero Cipolletti, quién luego construyó en Argentina los altos valles de Neuquén y Río Negro y cuyo nombre lleva una ciudad patagónica.

En Turín, miles de manifestantes ocuparon el centro de la capital piamontesa y se enfrentaron con la policía. El episodio más serio fueron las graves heridas que sufrió un agente atacado por varios jóvenes con bastones y bates de beisbol, que le rompieron el casco y un brazo.

En Padua, otros dos policías fueron heridos, uno de ellos seriamente al explotarle contra una pierna una bomba de papel.

En Milán hubo choques, heridos y arrestados, cuando dos grandes columnas estudiantiles marcharon protestando contra los rígidos planes de austeridad del gobierno italiano y la Unión Europea. Armados con cascos y escudos parecidos a los de la policía, los "ragazzi" chocaron con los agentes también dentro de la estación de ferrocarril de Porta Génova. Muchas vidrieras de los bancos fueron destrozadas a piedrazos.

En Bolonia y Brescia hubo también serios choques cuando los manifestantes incendiaron en las calles neumáticos de automóviles. En Nápoles los manifestantes ocuparon los andenes de la estación central de ferrocarril.

En Pescara, en el centro de Italia, más de diez mil estudiantes marcharon por el centro de la ciudad. En la vecina Ancona la central obrera CGIL encabezó la manifestación que llevaba una belicosa cola de estudiantes y grupos de la llamada izquierda social, al grito de "nosotros la crisis no la pagamos".

En Florencia fueron lanzados huevos llenos de pintura contra la sede de la Banca de Italia (banco central). La principal columna de las manifestaciones en la capital toscana pudo llegar a la plaza Annigoni y varios orados condenaron "al gobierno de los bancos y sus políticas".

En Pisa, cerca de la famosa torre pendiente, centenares de estudiantes bloquearon con escombros el ingreso al Palacio de la Provincia para "denunciar el estado desastroso de nuestras aulas y escuelas".