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Un grupo de científicos rusos y estadounidenses ha descubierto varios tipos de bacterias del permafrost (capa de suelo permanentemente congelada) en Siberia que puede crecer en condiciones adversas similares a las de Marte.

Esto podría significar que los microbios terrestres pueden sobrevivir en el planeta rojo.

Ya se han encontrado en climas de bajas temperaturas alrededor del mundo, como en Alaska y en las aguas pobres en oxígeno de Ace Lake en la Antártida, algunos de los microbios del género Carnobacterium.

Investigadores del Departamento de Microbiología y Ciencia Celular de la Universidad de Florida tomaron muestras de bacterias de los depósitos de arena a la orilla del río Kolyma, en el noreste de Siberia.

Después de extraer las muestras de una profundidad de entre 12 y 20 metros, donde el suelo tiene una temperatura media anual de -7°C, los científicos hicieron crecer colonias de bacterias a 28°C en condiciones atmosféricas normales.

Las bacterias fueron luego analizadas recreando las condiciones de Marte, expuestas a la falta de oxígeno, a temperaturas extremadamente bajas y muy baja presión, que impiden el crecimiento de la mayoría de los microorganismos terrestres.

Después del experimento de 30 días de duración, solo seis de las 10.000 cepas fueron capaces de crecer en estas condiciones. Todas las cepas sobrevivientes pertenecían al género Carnobacterium, según informó el cuarteto científico formado por Wayne L. Nicholson, Kirill Krivushin, David Gilichinsky y Andrew C. Schuerger, en una publicación de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los científicos afirman que estos resultados son de gran importancia para evaluar en un futuro próximo la posibilidad de vida en Marte.

Sin embargo, otro grupo formado igualmente por físicos de ambos países reveló una posible barrera para la supervivencia de los microbios en Marte. Durante la 43 Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias en Texas, EE.UU., anunciaron que los niveles de radiación en la superficie del planeta rojo son tan altos que, a una profundidad de alrededor de 10 centímetros, la existencia de materia orgánica se cree que es imposible.