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La rápida adquisición de cultivo de arroz por parte de China podría ser una señal de una inminente crisis alimentaria o de una guerra, opinan los expertos.

Según los últimos datos de las estadísticas aduaneras chinas, en 2012 el país aumentó las importaciones de arroz casi cuatro veces, hasta los 2,32 millones de toneladas, el mayor dato registrado desde principios de siglo.

Este hecho alarmó seriamente incluso a los expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Sin embargo, el Ministerio de Agricultura de China se apresuró a tranquilizar a la comunidad internacional: el volumen de las importaciones de arroz de China, a pesar de sufrir un fuerte aumento, sigue siendo poco significativo frente a los niveles de su producción interior y el comercio mundial de este producto.

Este último hecho ha despertado el interés no solo de expertos de agricultura, sino de analistas especializados en la correlación global de poderes y el enfoque de los conflictos mundiales. Según estos, China podría incrementar sus reservas y utilizarlas en el caso de una guerra o una nueva crisis financiera mundial, sobre todo si se tiene en cuenta que el gigante asiático también aumentó sus reservas de metales no ferrosos y de mineral de hierro. Ello indica que podría anticipar una crisis inminente y que por eso se distancia del dólar estadounidense o se prepara para una guerra con Japón por las islas Senkaku (Diaoyu), suponen.

Los analistas tampoco descartan razones más prosaicas. El bienestar de China crece pero se aplica principalmente a la población urbana, mientras que la mitad de los habitantes de las zonas rurales viven aún muy modestamente. Para ellos el principal sustento sigue siendo el arroz. El Ministerio de Agricultura de China admitió que el año pasado el arroz en el país costaba más caro que en Vietnam y Pakistán, por ejemplo, debido a la apreciación del yuan y el crecimiento sostenido de los precios internos, lo que les obligó a importar más.