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Nuevas observaciones del espectrómetro de neutrones de la sonda Messenger confirmaron las evidencias de que en Mercurio, el planeta más cercano al Sol, existen grandes 'depósitos' de hielo. La investigación también reveló la presencia de componentes orgánicos complejos que pudieran explicar cómo podría haber llegado el agua a los planetas interiores del sistema solar.

Debido a su proximidad al Sol , Mercurio no era visto como un lugar idóneo para la existencia de agua pues gran parte de su superficie está hirviendo; sin embargo, su eje de rotación es casi paralelo al Sol, lo que permite a sus polos evitar ser golpeados por los rayos solares. Las temperaturas en Mercurio pueden alcanzar los 427 grados Celsius, pero alrededor del polo norte, en regiones protegidas permanentemente del calor del Sol, se descubrió una mezcla de agua congelada y posibles materiales orgánicos.

Las evidencias de grandes cantidades de hielo son visibles desde una latitud de 85 grados norte hasta el polo, con depósitos más pequeños esparcidos tan lejos como en los 65 grados norte. Los investigadores creen que el polo sur también tiene hielo, pero la órbita de Messenger aún no les ha permitido obtener mediciones exhaustivas de dicha región.


La sonda que se encuentra orbitando el planeta desde el año 2011, se acercará más al planeta en 2014 y 2015 cuando agote su combustible y sea perturbada por la gravedad del Sol y Mercurio. Esto permitirá a los científicos observar más de cerca el hielo de agua y averiguar cuánto hay. Mientras tanto, la NASA dirigirá las observaciones de Messenger hacia esa región en los próximos meses para obtener una mejor visión, siempre y cuando el ángulo del Sol lo permita.

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Imagen del Polo Norte de Mercurio tomada por la sonda Messenger.
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Imagen del Polo Norte de Mercurio tomada por el National Astronomy and Ionosphere Center en Arecibo.
Telescopios en la Tierra han recogido pruebas en los últimos 20 años de la existencia de agua en Mercurio

En 1991, los astrónomos enviaron señales de radio desde la Tierra a Mercurio y recibieron resultados que mostraban que podría haber hielo en ambos polos. Esta idea fue reforzada por mediciones realizadas en 1999 usando el haz de microondas del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico. Las imágenes de radar recibidas por el Very Large Array (VLA) de Nuevo México mostraban áreas blancas que los investigadores sospecharon que era hielo de agua.

Una visión más cercana, no obstante, necesitaba de una nave espacial. Messenger entró en órbita alrededor de Mercurio en marzo de 2011, después de unos pocos sobrevuelos. Casi inmediatamente, la NASA usó un altímetro láser para investigar los polos. El láser es débil - con una potencia similar a la de una linterna-, pero lo suficientemente potente para distinguir regiones de hielo brillante del regolito circundante, más oscuro, de Mercurio.
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Los nuevos datos indican que el hielo de agua en las regiones polares de Mercurio, si se extendiera sobre una superficie del tamaño del Distrito de Columbia, tendría más de 3,2 kilómetros de espesor.
El hallazgo de material orgánico fue una sorpresa.

El equipo esperaba encontrar hielo de agua en Mercurio. De hecho, Messenger ya había establecido este año un vínculo entre las regiones permanentemente sombreadas en el planeta y los puntos "brillantes de radar" vistos desde la Tierra. Todo lo que tenían que hacer los investigadores era apuntar sus instrumentos al punto correcto, buscar regiones brillantes y luego medir su temperatura y composición.

El espectrómetro de neutrones del Messenger detectó hidrógeno, que es el mayor componente del agua. Para ello, la sonda Messenger rebota rayos láser, cuenta partículas, mide rayos gama y recopila otros datos en forma remota desde órbita captando así la mezcla de materiales oscuros volátiles (tales como los compuestos orgánicos) con el hielo.
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Los cráteres polares que permanecen en la sombra, son mostrados en rojo en un mosaico de imágenes tomadas por la sonda MESSENGER hasta la fecha. Los depósitos polares (captados por telescopios con base en la Tierra) son de color amarillo. Esta comparación indica que todos los depósitos polares se encuentran en zonas de sombras.
"Fue muy emocionante. Estás buscando material brillante, y encuentras material oscuro; ¡vaya! Es algo nuevo", dijo Gregory Neumann, científico de uno de los instrumentos de Messenger del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland.

"La explicación que parece concordar con todos los datos es que es material orgánico", dijo el científico jefe de la sonda Messenger, Sean Solomon, de la Universidad de Columbia en Nueva York. "No es sólo una hipótesis loca. Nadie tiene nada más que se adecue mejor a todas las observaciones", agregó.
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El espectrómetro de neutrones de la nave espacial también analizó concentraciones de hidrógeno para determinar la presencia de agua, que es una molécula compuesta por hidrógeno y oxígeno.
Quantum opina:

Los científicos creen que el material orgánico, que es cerca de dos veces más oscuro que la mayor parte de la superficie de Mercurio, estuvo mezclado con hielo transportado por cometas o asteroides hace millones de años. "El material oscuro es probablemente una mezcla de componentes orgánicos complejos, que llegaron a Mercurio por el impacto de cometas y asteroides", explicó David Paige, otro investigador del proyecto. "El hielo se evaporó y luego se volvió a solidificar donde estaba más frío, dejando depósitos oscuros sobre la superficie" señalo.
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La imagen ilustra como se pudo preservar el hielo y el material orgánico dentro del cráter.
En los puntos más fríos, el agua estaba sobre la superficie, pero en zonas levemente más calurosas, donde el hielo se podría haber derretido, el agua estaba cubierta de un material oscuro con una menor concentración de hidrógeno. Dicho material oscuro podría ser la clave para explicar cómo el agua llegó a ese lugar. El hallazgo de material orgánico en un planeta interior del sistema solar podría arrojar luces sobre cómo comenzó la vida sobre la Tierra y cómo podría evolucionar la vida en planetas más allá del sistema solar.