Una plaga de sapos mutantes, con más ojos y extremidades de lo normal en la especie, se propaga por el noreste de Australia.
© AP
La mutación de saposes notable en la localidad de Gladstone, una ciudad industrial situada a 550 kilómetros al norte de Brisbane, capital del estado de Queensland, Australia, donde el número de estos anfibios se ha multiplicado cerca de los valles cercanos al desbordamiento del río Boyne.

Voluntarios de una investigación ambiental reconocieron, en apenas una hora, unos 500 ejemplares de sapo de caña (Rhinella marina), muchos de los cuales eran mutantes.

De acuerdo con el ecotoxicólogo Scot Wilson, de la Universidad Central de Queensland, las mutaciones afectan habitualmente al 1% de los ejemplares. Sin embargo, en Gladstone la tasa se sitúa de media entre el 6 y el 8%, y en algunas zonas alcanza el 20%, lo que parecería ser una plaga.

"Lo que hemos observado es el tipo de anormalidades en los sapos, es decir, si tienen extremidades u ojos de más o les faltan, o si tienen deformaciones en el esqueleto", explicó Wilson a la cadena australiana ABC.

Esta no es la primera plaga de sapo de caña mutante que ha causado estragos, en Hawaii, Filipinas, Papúa Nueva Guinea y otras islas del Pacífico se han registrado.

Tal es la toxicidad en su piel que en algunas zonas de Australia un 95% de la población de los animales que intentan comérselos, como cocodrilos, iguanas y los gatos nativos o quolls, mueren.