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El debate sobre la Ley de Medios en Argentina y sobre la democratización de los medios de comunicación que está desarrollándose en América Latina debe servir de experiencia y dar pie a un debate sobre otros espacios en el que el poder corporativo se halla presente en nuestra sociedad y que, como en el caso de los medios de comunicación, condiciona y coloniza nuestras vidas.

Por varios motivos, el cuestionamiento radical del poder corporativo de las transnacionales del agronegocio debería ser el paso siguiente en el camino de la democratización de nuestras vidas, con todo lo de construcción autónoma y recuperación de soberanía que puede llevar aparejada.

En primer lugar porque la alimentación es un derecho básico consagrado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos que resulta central para poder avanzar con cualquier otra aspiración de transformación hacia una sociedad más justa. Sin sujetos bien alimentados se limitan enormemente las posibilidades de proyectar educación, salud, trabajo, participación o creatividad para nuestro pueblo.

En segundo término, porque el poder del agronegocio fue el que puso en jaque como nunca antes al Gobierno argentino en el año 2008, cuando se aumentaron los montos de las retenciones a las exportaciones de granos. Y si bien la cara visible de aquel embate fue la Mesa de Enlace (*), no existen dudas de que esta endeble mesa se sostiene en patas mucho más poderosas que son los pilares del agronegocio en el mundo: por un lado, Monsanto y otras igualmente poderosas corporaciones biotecnológicas y, por el otro, el "ABCD" del transporte global de granos: ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus.

Estos monopolios u oligopolios han determinado las políticas públicas durante los últimos cincuenta años y el resultado está a la vista: las falsas promesas de la "Revolución Verde" en los años '60 y de la "Revolución Biotecnológica" en la década de los '90 han conducido en las últimas décadas a la humanidad a una situación desastrosa: tenemos la friolera de casi mil millones de personas pasando hambre.

Mención aparte merecen las consecuencias socio-ambientales del modelo impuesto: la concentración de la tierra en pocas manos; el desplazamiento violento de campesinos y pueblos originarios de sus tierras; el avance de la frontera agrícola sobre nuestros últimos bosques nativos -que ha costado en los últimos cinco años la pérdida de más de un millón de hectáreas de los mismos; la destrucción de los suelos con un avance comprobado de la desertificación de los suelos más ricos del planeta; la contaminación masiva de los territorios y cientos de pueblos fumigados, que luego de luchar durante años por justicia, han logrado llevar a juicio el año pasado a los autores de las fumigaciones, que han sido débilmente condenados (**). Todos estos son los emergentes de un poder que, no por casualidad, es uno de los principales aliados de las corporaciones mediáticas.

Pero las cifras de los monopolios están bien a la vista: Monsanto controla el 90% del mercado mundial de semillas transgénicas y el 27% del mercado mundial de semillas y, junto con otras diez corporaciones, más del 90% del mercado mundial de agroquímicos, ligados indisolublemente al uso de semillas transgénicas.

Por otro lado, las comercializadoras de granos ABCD, que controlan el 90 % del comercio mundial de granos, han tenido un papel muy claro en la financiarización de la comercialización de alimentos y se ha demostrado claramente que en plena crisis alimentaria han especulado con los precios incrementando de manera espectacular sus ganancias

Hoy que la Mesa de Enlace está de vuelta y amenaza, se hace necesario enfrentar las raíces del problema y avanzar en la democratización de nuestra agricultura y nuestra alimentación. El camino ya tiene un nombre y contenido: la Soberanía Alimentaria. Nuestros cuerpos, convertidos en sujetos si logramos recuperar poder entendido como autonomía y organización, deben estar y pueden hacer frente a cualquier corpo.

Notas

* La Mesa de Enlace está integrada por Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA), las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y CONINAGRO y se conformó el 12 de marzo de 2008 para enfrentarse al establecimiento de las retenciones móviles a los cultivos de soja, trigo y girasol.

** Madres del Barrio Ituzaingó Anexo, Córdoba.

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