Traducción por El Averiguador para Sott.net

Para aquellos que han crecido en países considerados "libres", la visión de 1984 de George Orwell nos pega como una amenazante pesadilla, una advertencia de un futuro no tan distante donde la libertad es solo una palabra. Como una semilla perpetuamente chamuscada antes de tener la oportunidad de echar raíces, todo lo que significa ser humano es activamente degradado, negado, y castigado incluso ante la más insignificante demostración.

La visión del gobierno del Partido, su inhumanidad, su total crueldad y mendacidad nos atemoriza y solo esperamos que no ocurra aquí. Pero no tenemos ninguna pista sobre cómo prevenirlo, y al igual que la gente del mundo ficticio de Orwell, somos siempre sorprendidos con la guardia baja cuando le sucede a nuestras propias vidas. Un día despertaremos y nos daremos cuenta que vivimos en una pesadilla, y lo hemos hecho durante mucho tiempo. "Nunca sucederá aquí" y el "Hemos tomado todas las precauciones" se transformará en "¿Cuándo sucedió?" y en "¿Cómo llegamos a esto?". Esta recurrente enfermedad toma una nación y estamos a su merced.

Como cualquier buen novelista, Orwell cuenta una historia y la hace real. Para esa privilegiada porción de la humanidad que tuvo la suerte de crecer sin la amenaza de ser arrestado y torturado por atreverse a discrepar con sus ineptos líderes, el libro provee una vicaria experiencia sin la cual somos vulnerables a una enfermedad de la que no conocemos nada. Pero mientras la creación de un mundo literario puede enseñarnos muchas cosas, no nos brinda una salida. Para ello necesitamos un conocimiento acertado.

1984 es un relato ficticio sobre la patocracia, según se define en Ponerología Política, y la razón por la que nos aterroriza es porque está completamente fuera de nuestro marco de referencia habitual. Reaccionamos de la misma manera a las noticias de violencia sin sentido. Padres que fueron asesinados por su hijo de 14 años porque le pidieron que haga su tarea, poniéndose luego a jugar videojuegos. Una mujer de 18 años desaparece y luego es encontrada muerta, golpeada hasta morir y envuelta en plástico. Un camionero y su hijo admiten torturar a un hombre de 20 años en su sótano, sofocándolo y atando un cable alrededor de su cuello. Un joven es secuestrado, torturado, ejecutado y sus órganos removidos por fuerzas de ocupación antes que su cuerpo sea devuelto a sus padres.

El tema en común, por supuesto, es la psicopatía. Los psicópatas carecen de conciencia y tienen hambre de oscuridad. Son sádicos en una manera que, para nosotros, resulta casi completamente imposible de comprender. La maldad que generan no es accidental, como cuando nos damos cuenta después del hecho que nuestras acciones han ocasionado algún daño a otro. En lugar de ello, pasan sus vidas alimentándose de la miseria que producen sobre los demás. Se trate del sadismo sexual de un violador-torturador serial, o la sutil succión de energía de un compañero de trabajo que te utiliza, que abusa de ti, y te desgasta hasta que pierdes control de la realidad. Incluso podemos preguntarnos desesperadamente, "¿Qué me estás haciendo?". El psicópata simplemente sonríe. Y en un mundo dominado por psicópatas preguntamos, "¿por qué nos haces esto?".

1984 nos atemoriza porque la psicopatía nos intimida. La característica principal de una patocracia es que los psicópatas influencian la agenda económica, militar, política y cultural de un país. Como los camaleones, se camuflan con lo que los rodea. Dentro de esos parámetros desarrollan dramas, creando una nueva realidad según sus deseos. Y esta realidad es una de engaño, terror, despiadada expansión y completa crueldad.

En el mundo corporativo el psicópata toma ventaja destruyendo las carreras de aquellos que se interponen en su camino, explotando el trabajo de otros, creando rumores y conflictos. Por supuesto siempre se beneficia de esto. Un competidor que no hace favores. El psicópata se lleva el crédito del trabajo de otro. Los jefes toman su palabra por sobre la de los demás, que ven que es en realidad una serpiente. Un "enemigo" se encuentra sin trabajo, culpado por algo que no hizo. Todo mientras el psicópata maneja la escena. El hombre detrás de la cortina.

En política, los peones son el pueblo, el tablero de ajedrez es el escenario mundial. Se invaden países estratégicos por la "amenaza" que representan. Esta amenaza es, por supuesto, creada por los psicópatas a cargo, utilizando los vastos recursos de los servicios de inteligencia. Las "amenazas terroristas" se fabrican. Se cometen atrocidades y luego se atribuyen a "grupos terroristas" imaginarios. Orwell estaba en lo cierto. Emmanuel Goldstein era una creación del Partido. Los ataques atribuidos a él y a sus seguidores eran cometidos por el Partido mismo con el objetivo de mantener a la población atemorizada y obediente.

En la actualidad, las fotografías de torturas son "filtradas", no para exponer la brutalidad del Estado, sino para mostrar a la gente lo que sucede a aquellos que se oponen al sistema. Después de todo, o estás "con nosotros" o "con los terroristas". Esas son las opciones. El disenso es unificado al terrorismo. Los terroristas son torturados y asesinados. El presidente de EEUU incluso aprueba el asesinato de ciudadanos norteamericanos catalogados como "terroristas". Después de todo, "ellos son parte del enemigo". Algunos responden alarmados por el hecho de que un país pudiera asesinar a voluntad a sus propios ciudadanos, como si matar a ciudadanos de otro país fuese más humano. Por supuesto, las dos opciones son igualmente atroces, pero para un psicópata, ¿cuál es la diferencia? Si tienes conciencia, eres una amenaza. Tus líderes te tienen tanto desprecio como a cualquier "debilucho".

¿Entonces qué se puede hacer? El primer paso es tomar conciencia de la realidad de lo que sucede detrás de escenas del poder político: los trabajos de las agencias de inteligencia, contraterrorismo, grupos de política exterior, etc. Esto solo se puede comprender mediante la aplicación de la ponerología, que identifica la fuente del problema, y los precisos procesos sociales y psicológicos que giran en torno a la agenda patocrática global. Los psicópatas han estado manejando el espectáculo durante mucho tiempo, y lo han estado haciendo porque no hemos sabido donde buscar. Comunistas, terroristas, Nazis, anarquistas... Todas pistas falsas.

El verdadero enemigo se esconde a simple vista.