El 58% del estado se encuentra bajo una alerta excepcional por la falta de lluvia.
Imagen
© Desconocido
California atraviesa una de las peores sequías de su historia. De acuerdo a los últimos datos hechos públicos, más de la mitad del territorio se encuentra bajo los niveles más drásticos de sequía desde que el gobierno federal comenzase a medir semejantes registros a finales de la década de los 90.

Según un informe que monitorea los niveles de abastecimiento de agua a nivel nacional, un 58 por ciento de California se encuentra bajo la etiqueta de sequía "exepcional", una situación que podría agravarse a punto de comenzar el mes de agosto.

Se trata de un récord y un empeoramiento de una situación que comenzó de forma oficial en mayo y que, ante la escasez de lluvia reinante, ha encendido todas las alarmas en Sacramento, la capital del estado dorado. Solo en la última semana, un 22 por ciento de regiones se han sumado a la situación de alerta, con recortes de agua en varias partes del estado y regulaciones estrictas en el uso para jardinería y otras actividades consideradas menos prioritarias.

"Es difícil porque la sequía no se ha terminado y estamos en plena estación seca. Nuestros ojos están puestos en el próximo invierno", dijo al Los Angeles Times Mark Svoboda, meteorólogo del National Drought Mitigation Center. "Más allá de condiciones atmosféricas atípicas, los niveles de las reservas van a continuar en niveles muy bajos", muy por debajo de lo normal en esta época del año.

El récord en ese aspecto aún se sitúa en 1977, aunque para los expertos la situación es mucho más preocupante por el drástico incremento de la población en California. La sequía ha coincidido además con el aumento de los incendios que los cuerpos de bomberos han tenido que combatir en varias partes del territorio.

Todo ello en un estado cuyo nivel de producción agrícola es el número uno del país, una situación que podría cambiar si el agua para las cosechas sigue escaseando. De momento, desde Sacramento han puesto en marcha regulaciones para multar con hasta 500 dólares a aquellos ciudadanos que malgasten ese recurso vital, además de hacer campañas en medios de comunicación para concienciar a la población del problema.