Cuando Obama llegó al poder "encarnó la esperanza de un cambio" en las políticas de la Casa Blanca, pero siguen siendo las mismas, también respecto a Latinoamérica, sostiene la Nobel de la Paz de 1992, Rigoberta Menchú, en exclusiva para RT.
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"Para valorar a Barack Obama como premio Nobel de la Paz, yo juzgaría su labor como presidente de EE.UU. y como presidente negro", ha comentado Menchú en su entrevista a RT. Sin embargo, tras su elección, Washington "sigue con la misma visión del mundo y la misma política militarista", explica la defensora guatemalteca de los derechos humanos.

La calificación de militarista de la política del Gobierno de Obama no parece exagerada: si uno cuenta los renovados bombardeos de Irak y una campaña militar en Siria contra el Estado Islámico, campañas de drones en Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia, más el derrocamiento de Muammar Gaddafi en Libia, resulta que Obama, Premio Nobel de la Paz 2009, en menos de seis años ha bombardeado ya un total de siete países.

Según subraya Menchú, la postura estadounidense hacia los países latinoamericanos, especialmente los de Centroamérica, tampoco ha variado mucho. "EE.UU. nunca ha dejado de ver a Centroamérica, y en particular a Guatemala, como una importante trinchera geopolítica", insiste.


Procedente de San Miguel Uspantán, en el departamento guatemalteco de El Quiché, Rigoberta Menchú protagonizó una campaña de defensa de los derechos humanos durante la guerra civil de Guatemala. Varios miembros de su familia, incluida su madre, fueron torturados y asesinados por los militares o por la policía paralela de los escuadrones de la muerte. Su padre, Vicente Menchú Pérez, fue una de las 37 personas que la Policía Nacional quemó vivas con fósforo blanco en la masacre de la embajada española en la ciudad de Guatemala el 31 de enero de 1980.

Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992, a la edad de 33 años, convirtiéndose en ese momento en la ganadora más joven del galardón y la primera indígena en lograrlo. Fue asimismom galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1998. Ha sido embajadora de buena voluntad de la UNESCO y ha actuado como mediadora en el proceso de paz entre el Gobierno de Guatemala y la guerrilla.


"El problema clave de hoy en Guatemala es la criminalización que impulsa nuevos terrorismos de Estado. (...) Muchos intelectuales afines al Gobierno guatemalteco promueven ideas fascistas y generan neorracismo (...). Mi país es de gran riqueza natural, así que los nuevos ricos recurren a cualquier cosa para controlarlo y explotarlo", comentó Menchú a RT. Desde su punto de vista, la desigualdad social es un problema, pero la concienciación ciudadana "también entraña riesgos". Según subraya, el monoculturalismo hace que los pueblos indígenas deban renunciar absolutamente a todo para tener una oportunidad. "Es muy triste ver cómo los pueblos indígenas ilustran una nueva forma de esclavitud contemporánea", acentúa.

Desde su punto de vista, a pesar de que los latinoamericanos están empezando a imponer una visión propia de la riqueza de sus países y buscan nuevas rutas, uno de los obstáculos claves en este camino es "la doctrina racista" que "impregna la vida, la comida y hasta la religión": "todos los santos católicos son blancos", puntualiza. "El racismo tiene también un origen económico: los habitantes del campo y áreas marginales normalmente sufren discriminación. El racismo es una enfermedad mental muy relacionada con el colonialismo y la idea de la superioridad racial que lo sustenta", concluye.