Hace tres décadas, con el final de la Guerra Fría y el desmantelamiento de las dictaduras sudamericanas, muchos esperaban que los tan cacareados "dividendos de la paz", prometidos por Bush padre y Thactcher, llegaran a materializarse. Pero no hubo suerte. En su lugar, guerras continuas, levantamientos, intolerancia y fundamentalismos de todo tipo, ya sean religiosos, étnicos o de ansias imperiales. Las redes de vigilancia en el Mundo Occidental han aumentado, dando la sensación de que las Instituciones Democráticas no están funcionando como debieran. Nos guste o no, vivimos en el período de crepúsculo de la Democracia.

Imagen
© Joe FentonSabían perfectamente lo que estaban haciendo
El crepúsculo comenzó a principios de 1990 con la implosión de la ex Unión Soviética y la toma de Rusia, Asia Central y gran parte de Europa del Este por antiguos burócratas del Partido Comunista, muchos de los cuales se hicieron rápidamente multimillonarios. Los oligarcas que se compraron las propiedades más caras del mundo, incluso en Londres, habían sido miembros del Partido Comunista, pero también eran oportunistas sin otros compromisos que los de llenar sus propios bolsillos. El vacío creado por el colapso de aquel sistema fue ocupado por otros actores en diferentes partes del mundo, entre ellos la Religión, no sólo por el Islam. Las estadísticas sobre el crecimiento de la Religión en el Mundo Occidental son sorprendentes, basta con fijarse en Francia. Y también hemos visto el surgimiento de un Imperio Global de poder sin precedentes. Estados Unidos domina militarmente y la política mundial de forma indiscutible, incluso la política de los países a los que trata como sus enemigos.

Si se compara la reciente demonización de Putin a la forma en que fue tratado Yeltsin en el momento en el que cometió las mayores atrocidades, como la destrucción, por ejemplo, de la ciudad de Grozny, se ve que los intereses en juego eran otros, aquellos que estaban a favor de las fuerzas dominantes en el mundo. No ha habido semejante Imperio con anterioridad, y es poco probable que lo haya en el futuro. Estados Unidos es el país con el mayor desarrollo económico de los últimos tiempos, con la aparición en la costa Oeste de la revolución de las Tecnologías de la Información. Sin embargo, a pesar de estos avances tecnológicos capitalistas, la estructura política de Estados Unidos apenas ha cambiando en los últimos ciento cincuenta años. Puede que militar, económica y culturalmente esté al mando, su poder blando domina el mundo, pero no existe ninguna señal de cambio político en su interior. ¿Cuánto puede durar esta contradicción?

Existe un debate actualmente sobre si el Imperio norteamericano está o no en declive. Hay una vasta literatura sobre este declive, argumentando que esta decadencia ya ha comenzado y es irreversible. Veo que este pensamiento responde más bien a un deseo. El Imperio estadounidense ha tenido contratiempos, pero ¿qué imperio no los tiene?. Tuvo sus reveses en los años 1960, 1970 y 1980: muchos pensaron que la derrota sufrida en Vietnam en 1975 iba a ser definitiva. Pero no fue así, y desde entonces Estados Unidos no ha sufrido reveses semejantes. Pero a menos que no conozcamos y entendamos el funcionamiento de este Imperio Global, va a ser muy difícil proponer un conjunto de estrategias para combatirlo o contenerlo, o como dicen los teóricos realistas Charlmers Johnson y John Mearsheimer, obligar a que Estados Unidos desmantele sus bases, abandone los países ocupados y sólo actúe en el caso de que realmente esté amenazado como país. Muchos realistas sostienen que tal retirada de Estados Unidos en necesaria, pero están debatiendo desde una posición de debilidad, en el sentido de que ciertos reveses que consideran irreversibles en realidad no son tales.

Hay muy pocos reveses de los que los Estados Imperiales no puedan recuperarse. Algunos de los argumentos son decadentistas muy simplistas, por ejemplo, que todos los Imperios se han derrumbado antes o después. Esto es cierto, por supuesto, pero hay razones para estos colapsos, y actualmente Estados Unidos sigue siendo inexpugnable: ejerce un poder blando en todo el mundo, incluso en los países con los que tiene rivalidad económica; su poder duro sigue siendo todavía dominante, lo que le permite ocupar países que ve como enemigos; su poder ideológico sigue siendo abrumador en Europa y más allá.


Estados Unidos, sin embargo, ha sufrido reveses a escala semicontinental en América del Sur. Y estos contratiempos han sido más políticos e ideológicos que económicos. La cadena de victorias electorales de partidos políticos de izquierdas en Venezuela, Ecuador y Bolivia, mostró que había una alternativa posible al capitalismo. Ninguno de estos Gobiernos, sin embargo, supone un reto para el sistema capitalista, lo cual también es igual de cierto para los partidos radicales que han surgido recientemente en Europa. Ni Syriza en Grecia ni Podemos en España están aumentado el desafío al Sistema; las reformas que proponen se pueden comparar con las políticas de Clement Richard Attlee en Gran Bretaña a partir de 1945. A igual que los partidos de izquierda de América del Sur, son programas esencialmente sociales y se basan en la movilización de las masas.

Pero incluso las reformas socialdemócratas resultan intolerables para el Sistema económico neoliberal impuesto por el capital global. Si pensamos en cómo estos presionan (sea explícita o implícitamente) para que ninguna estructura política ose desafiar al Sistema, entonces nos daremos cuenta de que vivimos en tiempos peligrosos. Considerar el terrorismo como una amenaza comparable a la vieja amenaza comunista es algo extraño. O el uso mismo de la palabra terrorismo, que aparece en los proyectos de ley del Senado y del Congreso, para impedir que la gente puede expresarse, investigando los antecedentes de las personas que dan charlas en las Universidades, la idea de que los portavoces tienen que ser preguntados con antelación sobre lo que van a decir: todo esto parecen cosas de menor importancia, pero son los núcleos emblemáticos de los tiempos en que vivimos. Y la facilidad con que todo esto es aceptado es aterrador. Si lo único que decimos es que el cambio no es posible, que no es concebible una alternativa al Sistema actual, entonces sí que vamos a tener problemas. En última instancia, esto no debe ser aceptado. Y si se evita que la gente hable y piense o desarrolle alternativas políticas, no va a ser sólo la obra de Marx la que se relegue al cementerio. Karl Polanyi, el más dotado de los teóricos socialdemócratas, correrá la misma suerte.

Hemos visto el desarrollo de formas de gobierno que yo llamo de extremo centro, que gobiernan actualmente en muchas partes de Europa e incluye a la izquierda, el centro izquierda, partidos de centro derecha y el centro. Toda esta franja del electorado, los jóvenes en particular, sienten que votar a unos y otros no establece ninguna diferencia, teniendo en cuenta los partidos políticos que tenemos. Metidos en una guerra de los salarios por parte de estos partidos de extremo centro, ya sea una medida tomada por cuenta propia o en nombre de Estados Unidos; respaldan las medidas de austeridad; defienden los sistemas de vigilancia como absolutamente necesario para derrotar al terrorismo, sin preguntarse por qué se produce el terrorismo (cuestionarse esto es casi ser considerado uno mismo terrorista) ¿Por qué actúan los terroristas? ¿Están desquiciados? ¿Es algo que surge de las profundidades de su religión? Estas preguntas son contraproducentes e inútiles. Si usted pregunta si la política imperial de Estados Unidos, o la política exterior del Reino Unido o de Francia, es en alguna medida responsable, dése por vilipendiado. Por supuesto, las Agencias de Inteligencia y los Servicios de Seguridad saben perfectamente la razón por la cual la gente actúa de esa manera, una forma de locura, que no es por la Religión, sino por lo que ven. Hussain Osman, uno de los hombres a los que se acusó de poner una bomba en el metro de Londres el 21 de julio de 2005, fue detenido en Roma una semana después. "Más que orar discutimos del trabajo, de la política, de la guerra de Irak", dijo a los investigadores italianos. "Vimos las imágenes de la guerra en Irak... en las que se podía ver a las mujeres y niños asesinados por los soldados estadounidenses y británicos en Irak". Eliza Manningham-Buller,que renunció como Jefe del M15 en 2007, dijo:
"Nuestra participación en la guerra de Irak ha radicalizado, a falta de una palabra mejor, a toda una generación de jóvenes".
Antes de la guerra de Irak de 2003, bajo las dictaduras de Saddam y su predecesor, Irak tenía uno de los niveles educativos más altos de Oriente Medio. Quizás al decir esto se me acuse de ser un apologista de Saddam, pero lo cierto es que la Universidad de Bagdad en la década de 1980 tuvo más mujeres profesoras que Princeton tenía en 2009; había guarderías para que las mujeres tuvieran más fácil acudir a las escuelas y Universidades. En Bagdad y en Mosul, actualmente ocupado por el Estado Islámico, había bibliotecas que databan de varios siglos atrás. La biblioteca de Mosul ya estaba en funcionamiento en el siglo VIII y tenía en sus dependencias manuscritos de la antigua Grecia. La biblioteca de Bagdad, como hemos sabido, fue saqueada después de la ocupación, de modo que lo que está pasando ahora en Mosul no es ninguna sorpresa, con miles de libros y manuscritos destruidos.

Todo lo que ha ocurrido en Irak es consecuencia de esta guerra desastrosa, que ha asumido proporciones genocidas. El número de víctimas todavía se discute, porque la coalición no tiene la voluntad de contar las bajas civiles. ¿Para qué molestarse en hacerlo? Pero otros han estimado que podría ser un millón los muertos iraquíes, en su mayoría civiles. El Gobierno títere de Irak confirmó no directamente estas cifras al admitir, eso sí oficialmente, que había cinco millones de niños huérfanos en Irak. La ocupación de Irak es uno de los actos más destructivos de la historia moderna. A pesar de que Hiroshima y Nagasaki fueron arrasadas por dos bombas atómicas, la estructura social y política del Estado japonés se mantuvo; aunque los alemanes y los italianos fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de sus estructuras militares, la estructuras de inteligencia, las estructuras policiales y las estructuras judiciales, se mantuvieron, quizás porque ya había otro enemigo a la vista, el comunismo. Pero Irak fue tratado como ningún otro país ha sido tratado con anterioridad. La razón por la que la gente no se ha dado cuenta de esto es porque una vez que comenzó la ocupación todos los corresponsales volvieron a casa. Se pueden contar con los dedos de una mano las excepciones: Patrick Cockburn, Robert Fisk, y uno o dos más. La infraestructura social de Irak sigue sin funcionar, aunque hayan pasado varios años desde la ocupación. Ha sido literalmente destrozado, desmodernizado. Occidente ha destruido los servicios públicos de educación y los servicios sanitarios; ha entregado el poder a un grupo de partidos clericales chiítas que de inmediato se embarcaron en una venganza que ha dado en un baño de sangre. Varios cientos de profesores universitarios han sido asesinados. Si esto no el caos, ¿qué es entonces? [ Véase por ejemplo: https://noticiasdeabajo.wordpress.com/2013/03/23/guerra-de-irak-a-diez-anos-de-la-ocupacion-i/]

En el caso de Afganistán, todo el mundo sabe por qué se hizo tan gran esfuerzo, como lo saben Estados Unidos y Gran Bretaña: modernizar el país. Cherie Blair y Laura Bush dijeron que era una guerra por la liberación de la mujer. Si hubiera sido así, habría sido la primera en la historia. Ahora sabemos por qué fue realmente: una guerra de venganza que fracasó porque la ocupación fortaleció lo que quería destruir. La guerra no sólo ha devastado Afganistán y sus infraestructuras, sino que también ha desestabilizado Pakistán, que tiene armas nucleares, y ahora también se ha convertido en un Estado muy peligroso.

Estas dos guerras no han hecho ningún bien a nadie, pero han logrado dividir al mundo musulmán y árabe, fuera o no lo que se pretendía. La decisión de Estados Unidos de entregar el poder a los partidos clericales chiítas ha profundizado las diferencias entre sunitas y chiítas: se ha producido una limpieza étnica en Bagdad, que solía ser una ciudad donde los matrimonios mixtos entre sunitas y chiítas era alguno común. Los estadounidenses actuaron como si todos los sunitas fueran partidarios de Saddam, pero muchos sunitas sufrieron penas arbitrarias de prisión bajo su Régimen. La aparición de esta profunda división ha dado al traste con un nacionalismo árabe que tardó mucho tiempo en aparecer. Las batallas ahora son por ver en qué lado está cada uno y a quien respalda Estados Unidos. En Irak, respalda a los chiítas.

La demonización de Irán también es muy injusta, porque sin el apoyo tácito de los iraníes, los estadounidenses no podrían haber tomado Irak. Y la resistencia iraquí contra la ocupación sólo progresó hasta que los iraníes dijeron al líder chiíta Muqtada al-Sadr, que había estado colaborando con los opositores sunitas del Régimen, que la liquidase. Fue a Teherán y le dieron vacaciones durante un año. Sin el apoyo iraní en Irak y en Afganistán, habría sido muy difícil para Estados Unidos mantener ambas ocupaciones. Irán ha sido agradecido con sanciones, demonización, y con una doble moral: Israel puede tener armas nucleares pero él no puede. Medio Oriente se encuentra sumido en un caos total: el poder central, es de Israel, se amplía; los palestinos han sido derrotados y seguirán estándolo por mucho tiempo; todos los principales países árabes han sido destrozados, primero Irak, ahora Siria; Egipto está sumido en una brutal dictadura militar, torturando y asesinando como si no hubiera habido una Primavera Árabe, y para los líderes militares así parece.

En cuanto a Israel, el ciego apoyo que recibe por parte de Estados Unidos es ya una historia muy vieja. Y si una se pregunta el porqué es tachado de antisemita. El peligro de esta estrategia es que si le dices a una generación que no ha tenido experiencia con el Holocausto, salvo lo que pueda haber visto en los documentales e imágenes, que criticar a Israel es ser antisemita, la respuesta será: "¿y qué? Llámeme antisemita si quiere", contestarán los jóvenes. "Si eso significa oponerse a él, lo somos". Es inconcebible que ningún Gobierno israelí vaya a conceder un estado a los palestinos. Como ya dijo el difunto Edward Said, los Acuerdos de Oslo fueron el Tratado palestino de Versalles. En realidad, fue mucho peor que eso.

Así que la desintegración de Oriente Medio, que comenzó después de la Primera Guerra Mundial, continúa. Que Irak se pueda dividir en tres países, que Siria lo haga en dos o tres países, es algo que no sabemos. Pero no sería muy sorprendente que todos los Estados de la región, salvo Egipto, que es demasiado grande como para desmantelarse, terminen en bantustanes, principados, como el modelo de Qatar y otros Estados del Golfo, financiado y alentado por los saudíes por un lado, y por los iraníes por el otro.

Todas las esperanzas depositadas en la Primavera Árabe se han venido abajo, y es importante entender por qué. Muchos de los que participaron en ella, en gran medida por razones generacionales, no entendieron que si se promueve un levantamiento hay que tener detrás un movimiento político. No es de extrañar que los Hermanos Musulmanes, que empezaron a participar en las protestas en Egipto en una etapa ya tardía, tomaran el poder: era el único partido político real en Egipto. Pero entonces los Hermanos Musulmanes cayeron en manos de los militares por comportarse como Mubarak, estableciendo lazos con los servicios de seguridad, con los israelíes, de modo que la gente empezó a preguntarse qué sentido tenía que estuviesen en el poder. Los militares consiguieron así movilizar un apoyo y deshacerse de los Hermanos Musulmanes. Todo esto ha desmoralizado a todo una generación de Oriente Medio.