Traducido al castellano por el equipo de Sott.net

jesus protect

Por favor, Jesús. Protegeme de tus seguidores.
Los resultados de una encuesta reciente, publicados en el Pew Forum on Religion and Public Life, revelan lo que los sociólogos han sabido durante largo tiempo: Los cristianos evangélicos blancos son el grupo con menos probabilidades de apoyar a políticos o políticas que reflejen las verdaderas enseñanzas de Jesús. Quizás sea una de las más extrañas y sorprendentes ironías en la cultura americana contemporánea. Los cristianos evangélicos, quienes proclaman ferozmente tener una relación personal con Cristo, quienes con más seguridad proclaman que su creencia de que la Biblia es la palabra infalible de Dios, quienes van a la iglesia regularmente, rezan a diario, escuchan música cristiana, y colocan a Dios y a su Único hijo engendrado en el centro de sus vidas, son simultáneamente las personas más propensas a rechazar sus enseñanzas y a despreciar su mensaje radical.

Jesús predicó la misericordia y el perdón sin ambigüedades. Estas se supone que son las virtudes cardinales de la fe cristiana. Y aun así los evangélicos son quienes más apoyan la pena de muerte, las sentencias draconianas, el castigo punitivo por encima de la rehabilitación, y el uso gubernamental de la tortura. Jesús exhortó a los seres humanos a ser amorosos, pacíficos y no violentos. Y sin embargo los evangélicos son el grupo de estadounidenses que más apoya el fácil acceso a las armas, de poca a ninguna regulación para la propiedad de pistolas de mano y pistolas semi-automáticas, por no mencionar la violenta invasión militar de varios países por todo el mundo. Jesús fue muy claro en que la búsqueda de la riqueza era perjudicial para el Reino de Dios, que los ricos están para ser condenados, y que ser seguidor suyo significa dar el dinero a los pobres. Y aun así los evangélicos son los que más apoyan la avaricia corporativa y los excesos capitalistas, y son los que más se oponen a la ayuda institucional a las naciones pobres -- especialmente a los niños pobres. Odian todo lo que huela a "socialismo", incluso aunque eso es lo que su Sabio predicó esencialmente. Desprecian los programas de cupones para comida, subsidios para escuelas, hospitales, formación profesional -- cualquier cosa que pueda ayudar a los necesitados. Incluso aunque la acción de ayudar a los necesitados fuera exactamente lo que Jesús exhortaba a los humanos a hacer. En resumen, los evangélicos son ese segmento de Estados Unidos que está más a favor de las acciones militares, las armas, y las corporaciones, mientras que al mismo tiempo afirman ser los más ardientes amantes del Príncipe de la Paz.

¿Cuál es el problema?

Antes de intentar dar una respuesta, permítanme aclarar algo rápidamente. Los evangélicos no odian a Jesús exactamente -- como hemos afirmado provocativamente en el título de este artículo. Ellos lo quieren muchísimo. Pero no por lo que intentó enseñarle a la humanidad. Mas bien, los evangélicos aman a Jesús por lo que él hace por ellos. A través de su gracia mágica, y por el derramamiento de su preciosa sangre, Jesús salva a los evangélicos de la tortura eterna en el infierno, y les garantiza un premio, una villa de lujo en el cielo. Por esto, y solamente esto, lo aman. No pueden parar de agradecerle. Y sin embargo los evangélicos parecen no tener nada salvo desprecio tanto para el propio Jesús como para sus valores fundamentales de paz, sus enseñanzas fundamentales de justicia social, y sus mandamientos básicos de la buena voluntad.

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Y esto no es nada nuevo. Al final de la 1º Guerra Mundial, los más rabiosos, y a menudo, los menos educados evangélicos denunciaron la influencia del Evangelio Social entre las iglesias liberales. Según estos auto-proclamados portadores de antorchas religiosas en el Este Medio, los seguidores de iglesias progresistas habían sido infectados por ideas extranjeras como el Racionalismo Alemán, el estilo de comunismo soviético, y por supuesto el Darwinismo ateista. En los años 50, el mensaje Evangélico anti-Social, llevaba a cuestas la retórica del anti-comunismo, que cortaba y quemaba su camino a través del Viejo Sur y más adelante a través de la Franja del Sol, convirtiendo a las iglesias liberales en lotes vacantes a lo largo del camino. Fue aquí que el espíritu y el cuerpo colisionaron, dejándonos un nacionalismo cristiano prototípico, empeñado en la prosperidad. La caridad fue rebautizada como colectivismo y la auto-negación dio paso al evangelio de la acumulación. Iglesia a iglesia, sermón a sermón, los predicadores evangélicos se fueron sintiendo cada vez menos cómodos con los peces y los panes del Jesús que vivió en la Tierra, y más comprometidos con el Jesús furioso del futuro. En los 1990's, este divino Terminator ganó "un estatus más favorecido de Jesús" entre las mega iglesias estadounidenses, y con eso, ni si quiera la "justicia social" del antiguo Mesías recondujo a la conciencia social de su rebaño mezquino más grande.

Además de tales desarrollos históricos, podría muy bien haber simplemente un instrumento subyacente, un proceso psico-sociológico demasiado humano en la raíz, uno que probablemente se juega entre todas las personas religiosas: ellos ven en su religión lo que quieren ver, y niegan o rechazan el resto. Es decir, la religión es una gran test de Rorschach. La gente mira el contenido de su tradición religiosa -- sus enseñanzas, sus creencias, las proclamaciones de sus profetas -- y básicamente seleccionan y eligen lo que conviene a su propio punto de vista secular. Ven en su fe lo que quieren ver, tal y como viven sus vidas diarias, y a la vez ignoran el resto. Y como este es el caso de la mayoría de los cristianos evangélicos blancos, lo que están ignorando es realmente el corazón y el alma del mensaje de Jesús -- un mensaje que enfatiza compartir, no la avaricia. La construcción de la Paz, no belicista, el amor, no la violencia.

Por supuesto los estadounidenses conservadores tienen todo el derecho de apoyar la avaricia corporativa, el militarismo, la posesión de armas, y la pena de muerte, y oponerse al bienestar social, los cupones de alimentos, la atención medica para los necesitados, etc -- es simplemente extraño y contradictorio cuando ellos afirman que esas posturas son de algún modo "Cristianas". Pero no lo son.

Phil Zuckerman es un Profesor de Sociología, en la Universidad Pitzer en Claremont, California. Dan Candy es coautor de este artículo y asistente de un profesor de historia de la Universidad Estatal de California, Fresno, que publica sobre las historia del oeste estadounidense, música y religión.