Al relanzar la guerra de Gaza la semana pasada tras la ruptura de las negociaciones de alto el fuego, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, parece dispuesto a cumplir su amenaza a Hamás: "Se cerrarán las puertas de Gaza y se abrirán las puertas del infierno".

La garantía estadounidense de un mundo predecible y estable ha terminado. La administración Trump cuestiona ahora normas básicas que rigen las relaciones internacionales.
El Cuarto Convenio de Ginebra de 1949, por ejemplo, protege a los civiles en tiempo de guerra, incluidos los que se encuentran en territorios ocupados, y prohíbe el desplazamiento forzoso de civiles.
El Artículo Dos de la Carta de las Naciones Unidas no sólo prohíbe a los Estados anexionarse territorios mediante amenaza o conquista, sino que constituye un principio básico del derecho internacional y de la historia moderna.
Estas normas nacieron de las cenizas de dos guerras mundiales y representan valores colectivos, no resultados garantizados. Evidentemente, la historia demuestra que muchos países no han cumplido con sus obligaciones, pero estas aspiraciones siguen constituyendo un patrón internacional. En la actualidad, este orden ha involucionado hasta el punto de que los Estados consideran los principios básicos del derecho internacional como limitaciones inconvenientes para sus designios imperiales.












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