Traducido por el equipo de SOTT.netEs probable que la guerra contra Irán termine con la retirada estadounidense.

© Andrew LeydenEl presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con la prensa
La guerra contra Irán que Estados Unidos e Israel iniciaron el 28 de febrero de 2026 probablemente terminará con una retirada estadounidense. Estados Unidos no puede continuar la guerra sin provocar consecuencias desastrosas. Una nueva escalada probablemente conduciría a la destrucción de la infraestructura de petróleo, gas y desalinización de la región,
provocando una catástrofe global prolongada. Irán puede imponer de forma creíble unos costes que Estados Unidos no puede soportar y que el mundo no debería sufrir.El plan de guerra de Estados Unidos e Israel consistía en un ataque de decapitación, vendido al presidente Donald Trump por el primer ministro Benjamin Netanyahu y David Barnea, director del Mossad. La premisa era que una agresiva campaña conjunta de bombardeos de Estados Unidos e Israel degradaría de tal manera la estructura de mando del régimen iraní, su programa nuclear y la alta dirección del IRGC que el régimen se fracturaría. A continuación, Estados Unidos e Israel impondrían un gobierno dócil en Teherán.
Trump parece haber estado convencido de que
Irán seguiría el mismo camino que se había dado en Venezuela. La operación estadounidense en Venezuela en enero de 2026 derrocó al presidente venezolano Nicolás Maduro en lo que parece haber sido una operación coordinada entre la CIA y elementos dentro del Estado venezolano.
Estados Unidos consiguió un régimen más dócil, mientras que la mayor parte de la estructura de poder venezolana se mantuvo en su sitio. Trump parece haber creído ingenuamente que se produciría el mismo resultado en Irán.
La operación en Irán, sin embargo, no logró instaurar un régimen dócil en Teherán.
Irán no es Venezuela, ni histórica, ni tecnológica, ni cultural, ni geográficamente, ni militar, ni demográficamente, ni geopolíticamente. Lo que ocurrió en Caracas tuvo poca relación con lo que sucedería en Teherán.
El Gobierno iraní no se fracturó. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), lejos de ser decapitado, emergió con un mando interno reforzado y un papel ampliado en la arquitectura de seguridad nacional. La oficina del líder supremo se mantuvo; el establecimiento religioso cerró filas tras ella; y la población se unió contra el ataque externo.Dos meses después, Trump y Netanyahu no tienen bajo su control ningún gobierno sucesor iraní, ninguna rendición iraní que ponga fin a la guerra, ni vía militar alguna hacia la victoria.
La única vía, y la que Estados Unidos parece estar tomando, es la retirada, con Irán al mando del estrecho de Ormuz y sin que se haya resuelto ninguna de las demás cuestiones entre Estados Unidos e Irán.
Varias razones explican los desastrosos errores de cálculo de Estados Unidos y los éxitos de IránEn primer lugar, los líderes estadounidenses juzgaron erróneamente a Irán de forma fundamental. Irán es una gran civilización con 5.000 años de historia, una cultura profunda, resiliencia nacional y orgullo. El Gobierno iraní no iba a sucumbir a la intimidación y los bombardeos de EE. UU., sobre todo teniendo en cuenta que
los iraníes recuerdan cómo EE. UU. destruyó la democracia iraní en 1953 al derrocar a un Gobierno elegido democráticamente e instaurar un Estado policial que duró 27 años.
En segundo lugar, los líderes estadounidenses subestimaron dramáticamente el nivel tecnológico de Irán. Irán cuenta con ingeniería y matemáticas de primer nivel. Ha construido una base industrial de defensa propia, con misiles balísticos avanzados, una industria de drones de fabricación nacional y capacidad de lanzamiento orbital propia. El historial de desarrollo tecnológico de Irán, construido a pesar de 40 años de sanciones cada vez más severas, es un
logro nacional impresionante.
En tercer lugar, la tecnología militar ha evolucionado de tal forma que favorece a Irán. Los misiles balísticos iraníes cuestan una pequeña fracción de lo que cuestan los interceptores estadounidenses desplegados contra ellos. Los drones iraníes cuestan 20.000 dólares; los misiles interceptores de defensa aérea estadounidenses, 4 millones de dólares. Los misiles antibuque iraníes, con un coste de unas pocas centenas de miles de dólares, amenazan a los destructores estadounidenses, que cuestan entre 2.000 y 3.000 millones de dólares. La red de denegación de acceso y de área de Irán alrededor del Golfo, la defensa aérea en capas, la capacidad de saturación con drones y misiles, y la capacidad de denegación marítima en el estrecho han hecho que
el coste operativo de imponer la voluntad estadounidense a Irán
sea mucho mayor de lo que Estados Unidos puede soportar, especialmente teniendo en cuenta la destrucción en represalia que Irán puede infligir a los países vecinos.
En cuarto lugar, el proceso político de EE. UU. se ha vuelto irracional. La guerra con Irán fue decidida por
un pequeño círculo de leales al presidente en Mar-a-Lago, sin un proceso interinstitucional formal y con un Consejo de Seguridad Nacional que había quedado vaciado de contenido a lo largo del año anterior.
El director del Centro Nacional Antiterrorista de Trump, Joe Kent, dimitió el 17 de marzo con una carta pública en la que describía «una cámara de eco» utilizada para engañar al presidente. La guerra fue el resultado de un sistema de toma de decisiones en el que se había desactivado el aparato deliberativo.
Esta no fue ni una guerra por necesidad, ni una guerra por elección.
Fue una guerra por capricho. La premisa subyacente era la hegemonía. Estados Unidos intentaba preservar un dominio global que
ya no posee, e Israel intentaba establecer un dominio regional que nunca tendrá.
Dado todo esto, el desenlace probable es que la guerra termine con un retorno a algo parecido al statu quo anterior,
salvo por tres nuevos hechos sobre el terreno:
En primer lugar, Irán tendrá el control operativo del estrecho de Ormuz.
En segundo lugar, la capacidad disuasoria de Irán se verá considerablemente reforzada.
En tercer lugar, la presencia militar a largo plazo de EE. UU. en el Golfo se reducirá considerablemente.
Las otras cuestiones que supuestamente llevaron a EE. UU. a atacar a Irán — el programa nuclear iraní, los aliados regionales, el arsenal de misiles — probablemente quedarán tal y como estaban al inicio de la guerra.
A pesar de la retirada de EE. UU., Irán no aprovechará su ventaja frente a sus vecinos. Hay tres razones que lo explican:En primer lugar, Irán tiene un interés estratégico a largo plazo en cooperar con sus vecinos del Golfo, no en mantener una guerra.
En segundo lugar, Irán no tendrá ningún interés en reanudar una guerra que acaba de concluir con éxito.
En tercer lugar, Irán se verá frenado, si es que hace falta, por sus grandes potencias protectoras, Rusia y China, que desean una región estable y próspera.
Los dirigentes iraníes lo entienden perfectamente y pondrán fin a los combates.
Sin duda, Trump intentará presentar la próxima retirada como una gran victoria militar y estratégica.
Ninguna de esas afirmaciones será cierta. La verdad es que Irán es mucho más sofisticado de lo que Estados Unidos creía; la decisión de ir a la guerra fue irracional; y
la tecnología subyacente de la guerra ha cambiado en contra de EE. UU.
El imperio estadounidense no puede ganar la guerra contra Irán a un coste financiero, militar y político aceptable. Lo que Estados Unidos sí puede recuperar, sin embargo, es cierta dosis de racionalidad. Es hora de que Estados Unidos ponga fin a sus operaciones de cambio de régimen y vuelva al derecho internacional y a la diplomacia.
Comentario: Un análisis muy acertado.