Líbano atraviesa una de las fases más delicadas desde el inicio de la actual escalada con Israel, marcada por una frágil extensión del alto el fuego, intensos bombardeos en el sur del país y negociaciones impulsadas por Estados Unidos que intentan evitar una guerra abierta en la frontera.
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© DesconocidoEquipos de emergencia y personal de la Cruz Roja Libanesa inspeccionan un vehículo destruido tras un ataque en una zona urbana del sur de Líbano
Aunque Washington logró extender por 45 días adicionales el cese de hostilidades entre Beirut e Israel, los ataques aéreos israelíes y las operaciones de la milicia Hezbolá continúan deteriorando la situación de seguridad sobre el terreno.

En las últimas horas, la aviación israelí bombardeó varias localidades del sur del Líbano y del valle occidental de Bekaa, entre ellas Jebchit, Zawtar al-Sharqiyah, Ansar y Tuffahta, mientras la artillería alcanzó zonas cercanas a Yahmar al-Shaqif, Frun y Majdal Selm.

La escalada estuvo acompañada de nuevas advertencias de evacuación emitidas por Israel, lo que provocó desplazamientos de civiles hacia Sidón y Beirut ante el temor de una confrontación de mayor escala.

Washington impulsa negociaciones mientras continúa el fuego

En paralelo a los ataques, Estados Unidos intenta consolidar la tregua mediante negociaciones de carácter militar y político entre ambas partes.

El Departamento de Estado estadounidense anunció que el próximo 29 de mayo se celebrará en el Pentágono una reunión de seguridad con delegaciones militares de Líbano e Israel para discutir mecanismos de prevención de escaladas y cuestiones fronterizas.

Asimismo, Washington acogerá los días 2 y 3 de junio una nueva ronda de conversaciones políticas orientadas a alcanzar un acuerdo más amplio y sostenible.

La administración estadounidense considera que una solución duradera pasa por el fortalecimiento de la autoridad del Estado libanés y el desarme de Hezbolá, al que responsabiliza de amenazar el proceso diplomático mediante ataques con cohetes y drones.

Sin embargo, sobre el terreno la violencia persiste. Hezbolá anunció nuevas operaciones contra posiciones israelíes en la frontera, incluidos ataques con drones explosivos y proyectiles contra vehículos militares en Bint Jbeil.

El ejército israelí confirmó además la muerte de uno de sus oficiales durante los enfrentamientos en el frente norte, donde las bajas militares israelíes ascienden ya a 21 desde el inicio de la guerra.

Medios israelíes reflejaron también una creciente preocupación dentro de las fuerzas de seguridad. El diario Yediot Aharonot informó de críticas de oficiales del norte del país a la estrategia militar actual, mientras la radiotelevisión pública israelí citó fuentes que consideran insuficiente una presencia militar prolongada en el sur del Líbano para frenar los ataques de Hezbolá.

El debate interno libanés y el temor a una guerra prolongada

Mientras las negociaciones avanzan lentamente, crecen en Líbano las discusiones internas sobre el futuro del conflicto y el papel de Hezbolá.

El primer ministro libanés, Nawaf Salam, insistió en la necesidad de que el Estado conserve el monopolio de las armas y defendió que el país solo puede sostenerse "con una sola decisión nacional y un solo ejército".

Salam pidió además fortalecer las instituciones estatales y aumentar el respaldo árabe e internacional para reforzar la posición negociadora de Beirut.

Por su parte, el diario israelí Haaretz advirtió de que la actual extensión de la tregua constituye apenas una solución temporal que no aborda las causas estructurales del conflicto, especialmente la presencia militar israelí en el sur del Líbano y la falta de un acuerdo político definitivo.

El periódico señaló que existe preocupación en Beirut por la posibilidad de que Israel intente consolidar una "zona de seguridad" permanente similar al modelo aplicado en Gaza, basado en operaciones militares continuas y no en una solución definitiva.

Con una tregua frágil, negociaciones inciertas y una escalada militar que no se detiene, Líbano permanece atrapado entre la presión diplomática internacional y el riesgo permanente de una nueva guerra en su frontera sur.