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Imagen de archivo en la que se ve el panel indicador del banco estadounidense Goldman Sachs en el edificio de la bolsa de Nueva York, EE.UU.
Después de 12 años de trabajo en el banco de inversión, hoy es el último día de trabajo de Greg Smith, director de derivados para Europa, Oriente Medio y África (EMEA). El directivo ha decidido despedirse con una sorprendente carta publicada por el diario The New York Times en la que no deja títere con cabeza y afirma que el ambiente en Goldman Sachs es "el más destructivo" que ha visto en su carrera.

Desde que el agente de bolsa independiente Alessio Rastani asegurase en una entrevista con la BBC el pasado mes de septiembre que "Goldman Sachs gobierna el mundo", el banco de inversión más controvertido y poderoso del planeta no ha parado de acumular titulares. El último, esta misma mañana: "Por qué abandono Goldman Sachs", una crítica carta abierta publicada por un ejecutivo del banco su último día en la firma.

Después de 12 años en Goldman Sachs, Greg Smith, director de derivados para Europa, Oriente Medio y África, decidió hace unas semanas que ya no aguantaba más en la única entidad financiera en la que había trabajado desde que se licenció en la prestigiosa Universidad de Stanford.

Smith entró como becario durante el verano de 1999. Después trabajó durante una década en la sede Goldman en Nueva York antes de trasladarse a Londres, desde donde dirigía las inversiones del banco al otro lado del Atlántico. Durante todo este tiempo, el directivo asegura haber vivido "la decadencia" de una entidad con 143 años de historia.

"Considero que he pasado el suficiente tiempo en la compañía como para entender su cultura, a su gente y su identidad. Y, honestamente, solo puedo decir que el actual es el ambiente de trabajo más tóxico y destructivo que he visto nunca", afirma Smith en una carta abierta publicada hoy por la versión on line del diario The New York Times.

El ya a estas horas ex directivo de Goldman Sachs afirma en su misiva que el centenario lema de la compañía - "Los intereses de nuestros clientes son siempre lo primero" - , es actualmente poco más que un conjunto de letras sin sentido que adornan la papelería corporativa. "Los intereses de los clientes han pasado a un segundo plano en una firma que sólo piensa en ganar dinero", asegura.

Para Smith, el banco de inversión más poderoso del mundo "no se parece en nada al lugar en el que ingresé nada más salir de la universidad", y asegura que ya no se identifica con la nueva cultura empresarial implantada por los actuales gestores.

"El éxito de Goldman Sachs se basaba en el trabajo en equipo, la integridad, un espíritu de humildad y de hacer siempre lo que más convenía a nuestro clientes", algo que según el antiguo director de derivados para EMEA ha traicionado el actual CEO, Lloyd C. Blankfein, y el presidente, Gary D. Cohn, a los que responsabiliza de "la decadencia moral de la compañía".

El dinero es lo primero

En la misiva enviada al 'Times', Greg Smith afirma que la entidad financiera esta "huérfana de liderazgo" como siempre se ha entendido en la centenaria historia del banco: "tener ideas, ser un ejemplo y hacer siempre lo correcto".

El ejecutivo considera que ahora "lo único que importa es hacer ganar mucho dinero a la compañía" y que conseguirlo es siempre sinónimo de ascenso. A lo largo de sus 12 años en Goldman Sachs, Smith ha comprobado de primera mano que "si no eres un asesino convicto, ésa es la manera de progresar".

Para ganar poder en el gigante financiero que ha colocado a su ex, Mario Draghi, como presidente del Banco Central Europeo (BCE) existen tres caminos, y todos ellos poco honestos. El primero es "ejecutar los ejes de la compañía", lo que en vocabulario Goldman quiere decir "convencer a los clientes de la firma para que inviertan en los productos financieros de los que nos queremos deshacer porque no ofrecen suficientes beneficios potenciales".

Otra opción para promocionar era "Cazar Elefantes". Greg Smith explica que esta práctica consiste "en que nuestros clientes operen con los activos que sean más rentables para Goldman, aunque no sean los más adecuados para ellos".

La última manera para lograr un ascenso en Goldman, siempre según su ex directivo, era "sentarse en un despacho a crear y operar con productos financieros opacos que se esconden tras acrónimos de tres letras".

Cuestión moral

La gota que colmó el vaso de la paciencia de Greg Smith fueron las decenas de emails que le llegaron a su buzón a lo largo del último año en los que sus compañeros y superiores calificaban a los clientes "como marionetas".

En ese momento Smith era la imagen del vídeo corporativo que Goldman Sachs mostraba a los alumnos más sobresalientes de las principales universidades del mundo. Incluso en ocasionas daba animadas charlas para seducirlos y que se incorporasen a la compañía. "Supe que era el momento de marcharme cuando ya no podía mirar a los ojos a aquellos universitarios y contarles lo fantástico que era trabajar para el banco", se justifica.

"Nunca fui testigo de ningún comportamiento al margen de la legalidad", recuerda Smith, aunque reconoce que "sí era consciente de que llevábamos nuestras prácticas al límite para conseguir los mayores beneficios, en lugar de realizar inversiones simples y más acordes con las metas de nuestros clientes".

Para el ex Goldman Sachs, la carta publicada por 'The New York Times' no es una venganza, sino "una llamada de atención" para que los responsables de la firma "vuelvan a situar al cliente como prioridad del negocio" ya que "sin su confianza, la firma no sobrevivirá durante mucho más tiempo".