Ya era hora de que hiciera un resumen de un estudio de intervención con dieta, en este caso la dieta a la que como especie estamos adaptados, y que corresponde con la dieta que tuvimos durante nuestra evolución.

Se trata de un estudio de intervención aleatorizado y controlado de 3 meses de duración en 29 pacientes con enfermedad isquémica del corazón y diabetes tipo 2. El investigador principal es el Dr. Staffan Lindeberg, médico y doctor del Centro de Investigación en Salud en Atención Primaria de la Universidad de Lund, Suecia. El objetivo del estudio fue comparar el efecto de dos dietas sobre la tolerancia a la glucosa y la diabetes. Sin embargo, uno de los aspectos más destacados del estudio es que la dieta de investigación no iba dirigida a testar el efecto de los carbohidratos, la grasa, la fibra, la fruta o los vegetales y sus proporciones. En cambio, la intervención tenía como intención comparar una dieta basada en los alimentos que tuvimos durante nuestra evolución y una dieta basada en alimentos introducidos recientemente y que forman parte de la pirámide de nutrición recomendada, es decir, era más importante el tipo de alimentos que las proporciones entre macronutrientes. En concreto se comparó una dieta paleolítica con una dieta mediterránea.

En la dieta paleolítica se aconsejó el consumo de pescados, carnes magras, frutas, verduras, tubérculos, huevos y frutos secos. En la dieta mediterránea se aconsejó el consumo de cereales integrales, lácteos desnatados, verduras, frutas, pescados, margarina y aceite vegetal. En ambos casos la dieta fue ad libitum, lo que significa que los participantes podían comer todo lo que querían en cuanto a cantidad, sin limitaciones de calorías, pero basado en los grupos de alimentos recomendados en cada caso.

Los resultados fueron muy significativos al cabo de 3 meses:

En primer lugar, la cantidad de calorías que ingirieron los participantes de la dieta paleolítica fue de 1,344 ± 521 Kcal, comparado con 1,795 ± 306 en la dieta mediterránea, una diferencia significativa (p=0.01) de 451 Kcal al día. Este dato fue objeto de otra publicación posterior, que analizaremos en el futuro, porque afortunadamente los autores midieron la saciedad (la capacidad de quedarse lleno con la comida y el tiempo que transcurre hasta que la persona tiene hambre de nuevo) de la dieta. A pesar de que consumieron unas 451 Kcal menos en la dieta paleolítica, los sujetos de ambos grupos se encontraban igual de saciados, lo que significa que una dieta paleolítica tiene más capacidad de saciedad por caloría. Las razones las analizaremos en un próximo newsletter. Por consiguiente, esta dieta sería ideal para la pérdida de peso.

Figura 1.
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En segundo lugar, el test de tolerancia oral a la glucosa (que mide la capacidad del cuerpo de regular la glucosa en sangre) mejoró de forma significativa de las 0-6 semanas y de las 6-12 semanas, y con un efecto continuo. Sin embargo, en la dieta mediterránea, hubo mejoría de las 0-6 semanas pero no de las 6-12, lo que significa que no fue eficaz en la segunda parte, a pesar de que los pacientes perdieron peso porque la dieta era baja en calorías comparado con la que tenían antes de empezar el estudio. Posiblemente, el hecho de reducir los cereales en la dieta paleolítica produce beneficios a nivel metabólico independientemente de la pérdida de peso, obedeciendo a mejor funcionamiento hormonal.

Figura 2.

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En tercer lugar, hay que destacar que en el grupo paleolítico, donde habían 14 participantes, al cabo de 6 semanas sólo uno era diabético y al cabo de 12 semanas ninguno era diabético. Comparado con la dieta mediterránea, donde a las 6 semanas habían 3 diabéticos y a las 12 semanas 5, una diferencia significativa entre un grupo y otro.

Figura 3.

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Finalmente, al analizar los datos derivados de los registros de pesado de alimentos (los pacientes tenían que pesar todo lo que comían durante 4 días en varias ocasiones) queda muy claro que la mayor diferencia entre una dieta y otra fue el consumo de cereales que era de unos 18 gramos y 268 gramos en la dieta paleolítica y mediterránea, respectivamente. En segundo lugar, el consumo de lácteos que fue de 45 gramos y 287 gramos en la dieta paleolítica y mediterránea, respectivamente. En tercer lugar, el consumo de frutas que fue de 493 gramos y 252 gramos en la dieta paleolítica y mediterránea, respectivamente. Por lo tanto, en la dieta paleolítica se consumieron muchísimos menos cereales, menos lácteos y más fruta. También hubo diferencias, aunque no significativas, en el consumo de otros alimentos; en la dieta paleolítica se consumieron más carnes, pescados, verduras, huevos, y menos legumbres y aceites vegetales. Cabe destacar que aquí se derriba el mito de la fruta para los diabéticos, es decir, en este caso aumentar el consumo de frutas ayudó al control de glucosa, justo al contrario de lo que se cree.


Comentario: La fructosa en las frutas y refrescos, tiene un metabolismo diferente y su efecto puede llegar a ser más perjudicial a largo plazo. Para más información lea esta síntesis acerca de la fructosa.


Figura 4.

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Para finalizar, comentar que este estudio tiene dos limitaciones, una muestra pequeña n=29 y una duración corta, 12 semanas. Por lo tanto, a pesar de ser muy superior a la dieta mediterránea, necesitamos estudios de más muestra y mayor duración para tener datos más consistentes. En la actualidad se está desarrollando un estudio con estas características (y resultados muy similares a éste) y en breve comenzará otro estudio de intervención con las características del estudio analizado en este newsletter.

Maelán Fontes Villalba, MS
Centro de Investigación en Salud en Atención Primaria, Universidad de Lund, Suecia
Doctorando en Nutrición, Universidad Complutense de Madrid
Máster en Nutrición Humana y Calidad de los Alimentos, Universidad de las Islas Baleares