Bañista echado por socorrer
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Cartel en la playa de Hallandale Beach.

El hombre se estaba ahogando en la playa en la que Tomás López era socorrista. Vista así, la cosa está bastante clara. Lo estaba al menos para el grupo de personas que fue corriendo al lugar donde Tomás estaba sentado, vigilando esa playa de Hallandale (Florida, Estados Unidos) para advertirle de que la vida de aquel bañista peligraba; también estaba claro para el socorrista de 21 años, que instintivamente saltó de su asiento y acudió a rescatarle. Lo que ninguno de los implicados sabía entonces era que Tomás iba a terminar despedido por hacer su trabajo.

Pero lo perdió. Resulta que el hombre estaba fuera de la jurisdicción de Tomás; fuera de esa área delimitada de la playa que él tenía que vigilar. Tomás vio que tenía que cruzar la boya que marcaba el fin de su jurisdicción y que al hacerlo, estaba abandonando su puesto. Si se iba, sería despedido. Si se quedaba, estaría dejando morir al hombre. Pero lo hizo de todas formas: nadó 500 metros fuera de su área designada y en cuanto volvió, se enfrentó al problema. "Sabía que estaba rompiendo las reglas", cuenta ahora el socorrista. "En cuando volví a la playa le pregunté a mi jefe: ¿Estoy despedido, verdad?".

Lo estaba. Según ha explicado un portavoz de Jeff Ellis, la empresa privada de seguridad le paga solo para vigilar una zona concreta de la playa: "Tenemos ciertas responsabilidades y no podemos dejar nuestro área desprotegida". Añade Tom Gill, portavoz de la Asociación de Socorristas de Estados Unidos: "Cuando una municipalidad contrata a una empresa para vigilar un espacio, las organizaciones no solo están asumiendo la responsabilidad de esa zona, sino que tienen que dar la cara, legalmente hablando, en cuanto ocurra alguna incidencia. Parece lamentable que se despida a un socorrista por hacer exactamente lo que tiene que hacer, pero así es".

Será así, pero no todo el mundo lo acepta. La empresa Jeff Ellis ha tenido que despedir también a otros seis trabajadores por decir públicamente que ellos hubieran hecho lo mismo que Tomás, abandonar su puesto de trabajo para salvar a alguien en peligro. "Entiendo la norma y puedo prometer a mis jefes que no ayudaría a alguien que lo necesite, pero sé que si un día pasa algo, iré de cabeza", afirma uno de los despedidos, Brian Ritchie, de 19 años.

Un compañero suyo, Zoard Janko, de 16 años, lo resumía de forma más literaria: "Lo que se nos pide que es que nos quedemos mirando cómo se muere alguien". Todos ellos, al final, piden lo mismo que pide Tomás López, que después de salvarle la vida a este hombre está a medio camino entre ser un héroe y un mártir: "Lo que necesitamos es una jurisdicción que nos permita ayudar a alguien sin temer por nuestros empleos".

Readmitido tras la polémica

Como era de esperar, este episodio ha traído cola y ha despertado la indignación de miles de ciudadanos y de sus propios compañeros, quienes no entienden que prime el área a proteger a la vida de una persona. Tras la polémica suscitada, el jefe de la empresa que lo despidió ha decidido ofrecerle de nuevo el mismo puesto. "Creo que los supervisores actuaron con demasiada prisa", ha manifestado.