La nueva estrategia antidrogas de Estados Unidos enfoca ese mal como un problema de salud, en momentos en que más de 70 por ciento de los norteamericanos consideran un fracaso la lucha contra dicho flagelo.
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Gil Kerlikowske, 'zar' antidrogas de la Casa Blanca, expresó el interés de seguir cooperando con el gobierno de EPN para reducir la demanda de drogas
El director de Política Antidrogas de la Casa Blanca, Gil Kerlikowske, presentó las directivas de 2013 sobre el tema este miércoles en la Escuela de Medicina John Hopkins en el estado de Maryland, que incluye un énfasis mayor en el uso de tratamientos médicos para combatir la adicción.

Sin embargo, los esfuerzos del Ejecutivo en ese sentido implican un cambio en el sistema sanitario, porque requerirá que las compañías aseguradoras cubran los cuidados de millones de nuevos pacientes de la misma forma que lo hacen con las enfermedades crónicas como la diabetes.

La estrategia anunciada por el llamado Zar de la Droga también pone un mayor énfasis en la necesidad de una reforma del sistema de justicia penal que incluye la instalación de tribunales especiales y programas de investigación dirigidos a reducir las encarcelaciones relacionadas con esos delitos.

Esta medida, de acuerdo con especialistas, estaría dirigida además a disminuir al menos en algo la población penal de Estados Unidos, la mayor del mundo, con más de dos millones de reos, aproximadamente uno por cada 100 habitantes.

Kerlikowske afirmó que el problema de la droga sigue encerrado en un debate con una fuerte carga ideológica en un tema en el que no existen respuestas simples.

Según el funcionario federal, la legalización del uso de la marihuana en estados como Washington y Colorado no cambiará la misión principal de la oficina que él dirige, que es la lucha contra el problema de la droga a nivel de todo el país, lo cual no se resolverá con la legitimación de su uso.

Un total de 18 estados y el Distrito de Columbia -donde radica la capital del país- legalizaron el consumo de la marihuana como tratamiento médico, 16 territorios la discriminalizaron, mientras en Colorado y Washington los votantes decidieron regularla de la misma forma que el alcohol.

El texto presentado por Kerlikowske desvía recursos que se utilizan para reprimir el consumo y tráfico de drogas para combatir otras infracciones consideradas más serias por las autoridades estadounidenses, señala este jueves el diario The Washington Post.

A pesar de la retórica de la estrategia, el presupuesto antidrogas continúa con el mismo desequilibrio de siempre, al dedicar casi 60 por ciento de los recursos a la represión del uso y tráfico de estupefacientes, y menos dinero al aspecto sanitario y preventivo.

Críticos de la nueva política señalan que ese supuesto énfasis incluye elementos de sanciones penales, como la creación del sistema de cortes antidrogas, donde los enfermos están sujetos a castigos legales si no se realizan las pruebas pertinentes o se ausentan a una consulta médica.

Según Bill Piper, director de asuntos nacionales de la organización no gubernamental Alianza para la Política Antidrogas, mientras las autoridades arresten a miles de personas por consumir estupefacientes, no pueden decir que enfrentan el problema desde el punto de vista de salud.

De acuerdo con Piper, no existe otro padecimiento médico para el cual los pacientes sean enviados a prisión para curarlos.

Por tanto, la simple expansión de los servicios hospitalarios para este mal no es suficiente, debido a que la estrategia de la Casa Blanca sigue centrada en medidas punitivas contra los drogadictos.

En ese sentido, según el Post, más de 750 mil estadounidenses son arrestados anualmente por la posesión de cantidades ínfimas de marihuana.

De acuerdo con cifras oficiales, casi 23 millones de norteamericanos mayores de 12 años consumen algún tipo de droga, lo que equivale al 8,9 por ciento de la población.

Además de ser el mayor consumidor de drogas ilícitas en el mundo, Estados Unidos se está convirtiendo en un importante productor, como es el caso de la marihuana, que ya es el mayor cultivo comercial del país con un valor superior al del maíz y el trigo combinados.