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Siguiendo con la serie de entradas dedicadas a la ponerología política de Lobaczewski, pasamos a describir una de las personalidades identificadas por él como más activas generadoras de mal social (ponerogénicas): la personalidad
esquizoide.
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De modo muy esquemático, la esquizoidía es un trastorno de la personalidad, que afecta a menos de un 1% de la población general y que se caracteriza por: "La falta de interés en relacionarse socialmente y por una restricción de la expresión emocional."

El DSM IV (manual de diagnóstico de enfermedades y trastornos psiquiátricos) da las siguientes pautas para identificarlo:
  • Ni desea ni disfruta de las relaciones personales, incluido el formar parte de una familia
  • Escoge casi siempre actividades solitarias
  • Tiene escaso o ningún interés en tener experiencias sexuales con otra persona
  • Disfruta con pocas o ninguna actividad
  • No tiene amigos íntimos o personas de confianza, aparte de los familiares de primer grado
  • Se muestra indiferente a los halagos o las críticas de los demás
  • Muestra frialdad emocional, distanciamiento o aplanamiento de la afectividad
Las personas esquizoides tienen una vida social muy pobre, carente y monótona. Viven en un conflicto permanente causado por la necesidad de una rutina y una sensación de control de su entorno, al tiempo que rechazan el contacto íntimo.

Por supuesto, la mayoría de las personas esquizoides no son malas ni contribuyen a la propagación del mal. En este blog, una persona diagnosticada con este síndrome habla del mismo y describe su forma de ser.

Según Gunderson, los esquizoides:
"Se encuentran perdidos sin las personas que normalmente se encuentran a su alrededor porque necesitan de una sensación de seguridad y estabilidad. Sin embargo, cuando el espacio personal vital es invadido, se encuentran ahogados y sienten la necesidad de liberarse y ser independientes. Las personas con personalidad esquizoide son más felices cuando se encuentran en relaciones en las que el compañero demanda pocas exigencias emocionales o íntimas"
Lobaczewski atribuye a estas personas un papel que puede ser muy importante en la génesis del mal social. En sus propias palabras:
"La esquizoidía, o psicopatía esquizoide, fue distinguida por unos de los primeros creadores de la psiquiatría moderna. Desde el comienzo, se la trató como una forma más leve del mismo tinte hereditario que causa la susceptibilidad a la esquizofrenia. Sin embargo, no se logró negar ni confirmar esta conexión con la ayuda de un análisis estadístico. Tampoco se encontró ningún examen biológico capaz de resolver el dilema. Por razones prácticas, no haremos referencia a esta relación tradicionalmente aceptada al hablar de esquizoidía.

La literatura nos ofrece descripciones de las diversas variedades de esta anomalía, cuya existencia puede ser atribuida ya sea a cambios en el factor genético, o a diferencias en otras características individuales de naturaleza no patológica. Realicemos entonces un esquema de las características más comunes de estas subespecies:

Los portadores de esta anomalía son hipersensibles y desconfiados, mientras que al mismo tiempo, prestan muy poca atención a los sentimientos de los demás. Tienden a adoptar posturas extremas y están ansiosos por tomar represalias ante agravios menores.

A veces son excéntricos y de comportamiento extraño.

Su escaso sentido de la situación psicológica y de la realidad los lleva a atribuir interpretaciones erróneas y peyorativas a las intenciones de los demás. Se involucran con facilidad en actividades ostensiblemente morales, pero que en realidad infligen un daño sobre ellos mismos y sobre otras personas. Su empobrecida visión psicológica del mundo los vuelve, por lo general, pesimistas con respecto a la naturaleza humana.

Con frecuencia encontramos en sus declaraciones orales o escritas expresiones que reflejan sus actitudes características:
"La naturaleza humana es tan malvada que la única forma de preservar el orden social es a través de una autoridad fuerte creada por personas muy competentes, en nombre de una idea mayor."
Llamemos "declaración esquizoide" a esta clase de expresión típica.

En efecto, la naturaleza humana tiende hacia la maldad, en especial cuando los esquizoides les amargan la vida a los demás
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Sin embargo, cuando se ven envueltos en situaciones de estrés agudo, las deficiencias que padecen hacen que se desmoronen fácilmente. Su capacidad para reflexionar se ve característicamente frenada, y los esquizoides caen, con frecuencia, en estados psicóticos reactivos de apariencia tan similar a la esquizofrenia que llevan a elaborar diagnósticos equivocados.

El denominador común en las variedades de esta anomalía es una palidez emocional y una falta de percepción de las realidades psicológicas, un factor esencial en la inteligencia básica. Podemos atribuir dichas carencias a una calidad incompleta del sustrato instintivo, que parece actuar como si hubiera sido construido sobre arenas movedizas. El hecho de sentir poca presión emocional les permite desarrollar un razonamiento especulativo adecuado y de gran utilidad a la hora de realizar actividades no humanísticas. Pero debido a su alto grado de parcialidad, tienden a creer que son intelectualmente superiores a las personas "comunes".

La frecuencia cuantitativa de esta anomalía varía entre las razas y las naciones: es baja entre la gente de raza negra, pero su concentración más alta se halla entre los judíos. Las estimaciones de esta frecuencia varían desde un nivel insignificante hasta por encima del 3%. En Polonia, se podría estimar que conforma el 0,7% de la población. Mis observaciones sugieren que esta anomalía es autosómicamente hereditaria.

Debemos evaluar la actividad ponerogénica del esquizoide según dos aspectos diferentes: en círculos reducidos, los individuos que presentan esta anomalía causan problemas a sus familias, se convierten fácilmente en herramientas de conspiración en manos de personas inteligentes e inescrupulosas, y suelen criar de modo mediocre a sus hijos.

Su tendencia a percibir la realidad humana de una manera doctrinaria y simplista (es decir, basada en un pensamiento "blanco o negro"), que ellos consideran "adecuada", trae malos resultados, sin bien sus intenciones suelen ser buenas. Sin embargo, el papel ponerogénico que los esquizoides desempeñan puede tener diversas implicancias macrosociales si la actitud que adoptan hacia la realidad humana y su tendencia a inventar grandes doctrinas pasan a ser plasmadas en papel y reproducidas en grandes cantidades de ejemplares.

A pesar del déficit característico de estas personas, aun cuando pronuncian abiertamente y por escrito "declaraciones esquizoides", los lectores no se dan cuenta de aquello que compone el carácter de los autores. Al ignorar la verdadera condición del emisor, dichos lectores desinformados interpretan esas obras proyectando en ellas su propia naturaleza. La mente de las personas normales tiende a realizar una interpretación correctiva al hacer uso de su propia visión psicológica del mundo, más rica que la de los esquizoides.

Al mismo tiempo, muchos otros lectores rechazan aquellas obras de manera crítica y con indignación moral, pero sin ser conscientes de la razón específica de este rechazo.

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El esquizoide Karl Heinrich Marx fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra, incursionó en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía. [...] Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo dialéctico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
Un análisis del papel que cumplieron las obras de Karl Marx revela fácilmente todos los tipos de apercepción ya mencionados, así como las reacciones sociales que causaron animosidad entre grandes grupos de personas.

Al leer cualquiera de estas obras que generan una división inquietante en la población, debemos examinarlas cuidadosamente en busca de cualquiera de estas deficiencias características, o incluso de una declaración esquizoide explícitamente formulada. Ese proceso nos permitirá distanciarnos lo suficiente de los contenidos y nos ayudará a extraer con mayor facilidad los elementos potencialmente valiosos que se hallen dentro del material doctrinario. Si esta tarea es realizada por dos o más personas que representan interpretaciones ampliamente divergentes, sus métodos de percepción se acercarán, y de ese modo se disiparán las diferencias. Se podría intentar llevar a cabo un proyecto por el estilo a modo de experimento psicológico, y con el propósito de obtener una higiene mental adecuada. [...]

Los esquizoides se proponen imponer su propio mundo conceptual a otras personas o grupos sociales, utilizando para ello un egotismo patológico que no controlan completamente, y una tenacidad excepcional, producto de su naturaleza persistente. De este modo, logran finalmente dominar la personalidad de otros individuos, que adoptan un comportamiento extremadamente ilógico. Es posible que también ejerzan una influencia similar en los grupos a los que se han sumado. Son solitarios psicológicos que luego comienzan a sentirse mejor dentro de algunas organizaciones humanas, donde se convierten en fanáticos de alguna ideología, extremistas religiosos, materialistas o partidarios fervientes de ideales con características satánicas.

Si sus actividades consisten en el contacto directo con grupos reducidos, sus compañeros suelen simplemente considerarlos excéntricos, lo cual limita su papel ponerogénico. Sin embargo, si logran ocultar su personalidad detrás de palabras escritas, la influencia que ejercen puede envenenar las mentes de la sociedad a gran escala y durante un largo período.

Es acertado pensar que Karl Marx sea el ejemplo más claro de este tipo de individuos, ya que es la figura más conocida que presenta estas características. Frostig, un psiquiatra de la vieja escuela, incluyó a Engels y a otros en una categoría que denominó "fanáticos barbudos esquizoides". Las famosas escrituras que se referían a los "sabios de Sión" a comienzos de siglo XX comenzaban con una declaración típicamente esquizoide.

El siglo XIX, y en especial su segunda mitad, parece haber sido una época de gran actividad por parte de los esquizoides, a menudo pero no siempre de descendencia judía. Después de todo, debemos recordar que el 97% de los judíos no manifiesta esta anomalía, presente también entre los europeos, si bien en una escala mucho menor. Hemos heredado de esta época imágenes del mundo, tradiciones científicas y conceptos jurídicos con ingredientes de mala calidad basados en el modo en que los esquizoides perciben la realidad.

A pesar de que los escritos de autores con personalidad esquizoide manifiestan esta deficiencia (o incluso emiten abiertamente una declaración esquizoide que despierta sospechas suficientes en los especialistas), el lector promedio no los toma como una visión de la realidad que ha sido tergiversada debido a dicha anomalía, sino como una idea que han de considerar seriamente basándose en sus convicciones y sus razones. Este es el primer error que se comete.

La trama excesivamente simplificada de ideas, carente de profundidad psicológica y basada en información fácilmente disponible, tiende a ejercer una influencia sumamente atrayente sobre individuos que no son lo suficientemente críticos y que con frecuencia se sienten frustrados ante su adaptación social en descenso, o que han sido rechazados culturalmente, o se caracterizan por alguna deficiencia psicológica propia. Dichos textos atraen principalmente a una sociedad histérica. Algunas personas critican esos textos inmediatamente después de haberlos leído, y basándose en su sano sentido común, pero también ignoran la causa esencial del error, a saber, que proviene de una mente biológicamente trastornada.

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El esquizoide Friedrich Engels fue un filósofo y revolucionario alemán. Amigo y colaborador de Karl Marx, fue coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera Internacional y de la Segunda Internacional.
La interpretación que hace la sociedad de aquellos escritos y declaraciones doctrinarias se divide en varias ramas principales, y engendra divisiones y conflictos. La primera rama es el camino de la aversión, que se basa en rechazar los contenidos del texto en cuestión, ya sea porque los críticos poseen motivos personales, albergan convicciones diferentes, o sienten una repulsión moral al leerlos. Estas reacciones contienen el componente de una interpretación moralista de fenómenos patológicos.

La segunda y la tercera rama se relacionan con dos tipos de percepciones erróneas totalmente diferentes entre aquellas personas que aceptan los contenidos de esos textos: por un lado, una interpretación críticamente correctiva, y por otro, una aceptación patológica.

El enfoque "críticamente correctivo" es aquél que adoptan aquellas personas que perciben normalmente la realidad psicológica y tienden a incorporar los elementos más valiosos del texto. Luego trivializan los errores evidentes (producto de las típicas deficiencias esquizoides) y suplen los elementos faltantes con su visión del mundo más rica. Esto da lugar a una interpretación más razonable, medida y, por tanto, creativa, aunque no puede liberarse por completo de la influencia que ejerce el error al que se ha aludido anteriormente.

La aceptación patológica se ve manifestada en individuos que traen consigo sus propias deficiencias. Por ejemplo, aquellos que presentan trastornos diversiformes (heredados o adquiridos), o una malformación de la personalidad, o que han sido damnificados por la injusticia social.

Esto explica por qué el alcance es mucho mayor que el círculo trazado por la acción directa de los factores patológicos.

La aceptación patológica de los escritos esquizoides o de declaraciones emitidas por individuos con otros trastornos, suelen embrutecer los conceptos expresados por los autores y promover ideas violentas y revolucionarias.

Desafortunadamente, el paso del tiempo y las duras experiencias no han evitado que este malentendido característico, que nació de la creatividad esquizoide del siglo XIX y principalmente de los escritos de Karl Marx, ejerza un efecto en la población y la despoje de su sentido común.

Aunque más no sea para realizar el experimento psicológico ya mencionado, buscar declaraciones con tales déficits característicos en las obras de Karl Marx resulta una buena práctica para desarrollar conocimiento acerca de este factor patológico. Cuando un estudio de este tipo es realizado por personas con diferentes visiones del mundo, el experimento demuestra cómo es posible rearmar un claro panorama de la realidad y, a su vez, permite que sea más fácil encontrar un lenguaje común, comprensible para todos.

En resumen, la esquizoidía ha desempeñado un papel crucial en la génesis del mal que amenaza nuestro mundo contemporáneo, siendo uno de los factores que la componen. Por consiguiente, el tratamiento psicoterapéutico del mundo exigirá que eliminemos de la manera más habilidosa posible las consecuencias de este mal."
En efecto, con frecuencia se halla a este tipo de personas entre los grandes ideólogos y moralistas de doctrinas que empobrecen la sociedad, proveen un marco limitado y estrecho para la existencia y tienden a juzgar severamente cualquier desviación del mismo.

Con frecuencia, la personalidad esquizoide se revela a sí misma a través de un análisis cuidadoso de la producción escrita.

Lobaczewski identifica claramente este tipo de personalidad en algunos grandes ideólogos y activistas políticos, como Marx, Engels, Hobbes y varios líderes intelectuales neoconservadores actuales.

Los protocolos de los sabios de Sión (una serie de documentos de atribución polémica y que incendiaron la política y estimularon el antisemitismo a principios del siglo XX) son considerados por Lobaczewski como prototipos de pensamiento esquizoide.

Para muestra, sirve el prólogo de uno de ellos:
"Hay que hacer notar ante todo que los hombres dotados de malos instintos abundan más que los de buenos sentimientos. Por esta razón hay que esperar mejores resultados cuando se gobierna a los hombres por medio de la violencia y el terror, que cuando se trata de gobernarles por medio de las discusiones académicas. Todo hombre aspira al poder; cada uno quisiera convertirse en dictador; si esto fuera posible al mismo tiempo, muy poco faltaría para que no estuvieran todos prontos a sacrificar el bien de los demás, a trueque de conseguir cada uno su propio provecho.

¿Qué es, pues, lo que ha reprimido hasta ahora a esa bestia feroz que se llama hombre? ¿Qué es lo que ha podido dirigirle hasta el presente? Al iniciarse el orden social, el hombre se ha sometido a la fuerza bruta y ciega; más tarde, a la Ley, que no es más que esa misma fuerza, pero disfrazada. De donde yo saco la conclusión que, según la Ley Natural, el derecho radica en la fuerza. La Libertad Política es una idea y no un hecho. Se necesita saber aplicar esta idea cuando es necesario atraer las masas populares a un partido con el cebo de una idea, si ese partido ha resuelto aplastar al contrario que se halla en el poder."
Las personalidades esquizoides, a pesar de ser poco frecuentes, pueden alcanzar un grado de influencia en la política y en la moral social muy fuerte, especialmente en etapas de estrés y falta de cohesión social.

Es un proceso que Lobaczewski denomina "ponerogénesis" y que trataremos más adelante.