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El 2 de febrero de 1956 las bajas temperaturas, de hasta -34 grados en el Pirineo, helaban las fuentes y estanques de Barcelona.
Implacable rigor de invierno. Este epígrafe encabezaba la información de la tercera página del 3 de febrero de 1956 sobre la ola de frío que estaba recorriendo Europa esos días. Suecia llegó a los -45 grados, en Alemania se helaron los canales y el termómetro de la ciudad de Barcelona tampoco subió de cero...

El Pirineo catalán registró aquellos días una temperatura récord, -34 grados, una de las más bajas tomadas en España. Y el frío extremo dejaba en la capital catalana imágenes propias de países más gélidos: el agua de las fuentes y estanques se convirtió en un bloque de hielo. Paradojas de la vida, mientras Europa se congelaba, una ola de calor recorría el Polo Norte...

El día después del paso del frío siberiano, la portada del diario la formaban un 'collage' de estampas invernales firmadas por Pérez de Rozas: las fuentes de Montjuïc petrificadas, operarios retirando la nieve de plaça Catalunya o una florista de la Rambla calentándose con un improvisado brasero eran algunas de las instantáneas que ponían cara al histórico frío que vivió la ciudad. Barcelona había bajado a los -5 grados, la temperatura más baja en el último medio siglo, nevó incluso en Mallorca y se heló el río Támesis.

Y como sucede en casos de frío extremo, aquella ola siberiano también se cobró vidas. Murieron un centenar de personas.

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