Según el analista internacional Guillermo Galea, las recientes declaraciones de Donald Trump acerca de la cuestión de Crimea responden a las presiones del 'establishment'. "Si ha doblado el brazo en esto es porque quiere ganar algo que le parece más importante por otro lado", opinó el experto.

Para el especialista, "hay empresas, un poder y una industria militar detrás" que no van a permitir que cambien ciertas políticas en el plano internacional, aunque sí puede matizarse "el enfoque o la diplomacia".
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En ese sentido "no es Donald Trump el que está hablando sobre disminuir o afectar las relaciones con Rusia en pos de arreglar la situación en Crimea", sino EEUU como país. Galea indicó que es preciso marcar la diferencia entre Trump como presidente y "como persona privada, con sus ideas, pues ha demostrado que hace toda la fuerza para llevarlas a cabo".

Es en este contexto que el mandatario, asesorado "probablemente desde el Departamento de Defensa", se haya expresado sobre la cuestión de Crimea, aún cuando durante la campaña "había declarado que no le interesaba Ucrania" y que la población de la península "había votado a favor" de la reincorporación a la Federación Rusa, explicó Galea.

Estas intenciones electorales contrastan con el mensaje transmitido el 14 de febrero por el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer: "El presidente Trump ha dejado claro que espera que el Gobierno de Rusia rebaje las tensiones con Ucrania y devuelva Crimea. Al mismo tiempo, espera y quiere llevarse bien con Rusia".

Para Galea, la frase final de las declaraciones de Spicer deja entrever "el mensaje que quiere pasar Trump" para indicar que la postura sobre Crimea "no es su decisión" y que su objetivo "es otro": "Él quiere acabar con el ISIS —[el grupo terrorista Daesh, proscrito en Rusia y otros países]— y sabe que tiene que llevarse bien con Rusia".