La última renovación de las sanciones antirrusas de EEUU se desmarca ya de la política que practica Europa con Rusia. Los recientes pasos estadounidenses dejan más claro que nunca que se guían por oscuros intereses, explica Oleg Obujov, periodista de Sputnik. ¿Qué quiere EEUU de Europa?

Entre EEUU y Europa, del amor al odio parece haber un paso. Un paso que se mide en sanciones. Efectivamente, la última renovación del paquete de medidas antirrusas que ha pasado por el Congreso de EEUU rompe con la tónica con la que Europa y los norteamericanos se han coordinado hasta hoy y según la cual ambos se ponían de acuerdo para imponer sanciones contra Rusia, indica el autor.
© AFP 2017/ Brendan Smialowski
Es más: Washington prepara una ley federal debido a la cual levantar las sanciones, si llega el momento, será tarea difícil. Y Europa no está mirando con buenos ojoslos últimos pasos al otro lado del Atlántico. En la Unión Europea tienen motivos para preocuparse, explica Obujov.


Comentario: Mucho se ha dicho acerca de estas sanciones y lo destructivas que han sido para Europa y su economía. El porqué se mantienen van mas allá de la razón. La única explicación se remonta a las palabras de Vladimir Putin acerca de que Europa, como miembro de la OTAN, es un vasalla de EEUU.


"Las sanciones que acaban de imponer torpedean la cooperación en materia de energía entre Bruselas y Moscú. El nuevo paquete de medidas prevé restringir más el acceso al combustible ruso. Algo que llega cuando el gasoducto Nord Stream 2está comenzando a entrar en funcionamiento", explica.

Para el periodista, no se trata de ninguna coincidencia. Y para la canciller alemana, Ángela Merkel, parece que tampoco. Bruselas no se ha callado y ha protestado, de hecho, contra la última decisión del Congreso estadounidense y ha recordado que el proyecto, en el que participan empresas europeas y rusas, cumple con las normas eurocomunitarias. Multitud de empresas europeas ya participan plenamente en Nord Stream 2: la francesa Engie, la austríaca OMV, la británica y holandesa Royal Dutch Shell y las alemanas Uniper y Wintershall, recuerda Obujov.

Así que el hecho de que de repente EEUU renueve sanciones que precisamente limitan el acceso de Europa al gas ruso representa un duro golpe para Bruselas.

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, y el canciller austríaco, Christian Kern, han criticado duramente las sanciones de EEUU contra la industria energética rusa y han afirmado que esconden algo: obligar a la Unión Europea a comprar el gas licuado de EEUU cueste lo que cueste. Y cueste lo que cueste para EEUU significa impedir a la Unión Europea el acceso al gas ruso, indica Obujov.
"Quién suministra energía a Europa es problema de Europa y no de Estados Unidos. Quién nos sumistra recursos energéticos y cómo es algo que decidimos nosotros en concordancia con los principios de transparencia y competencia de mercado", advirtieron el ministro alemán y el canciller austríaco.
Obujov recuerda que no es la primera vez que a Washington le molesta que Europa cuente con Rusia. El ex vicepresidente norteamericano Joe Biden ya calificó el gasoducto de "un mal acuerdo" para Europa. Y ya antes los estadounidenses aseguraron que el proyecto no es comercial sino político y que es una amenaza para la seguridad energética de Europa. A la vez que la Unión Europea insiste en que el proyecto cumple con sus normas.

Así que todo indica, esta vez sin lugar a dudas, que a Washington no le gusta que Moscú y Bruselas comiencen a recuperar su buena sintonía. Varios expertos temen que los pasos que está dando Estados Unidos por su cuenta acaben por estropear las relaciones entre los norteamericanos y Europa, concluye el autor.