Los recientes eventos han obligado a Washington a revaluar su relación con Ankara y la seguridad de la misión diplomática de EEUU en Turquía, comunicaron desde la Embajada de Estados Unidos en Ankara.

Según la cadena estadounidense CNN, el cese de la expedición de visados turísticos y de negocios por parte del Consulado de EEUU en Turquía fue el resultado de esta revaluación.
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Recientemente, las autoridades turcas detuvieron a un trabajador del Consulado de EEUU en Estambul, Metin Topuz, por mantener presuntamente vínculos con el teólogo Fethullah Gulen, quien actualmente vive en EEUU.

Asimismo, las autoridades turcas acusan a Topuz de violar la Constitución, realizar espionaje e intentar perturbar el orden constitucional y el Gobierno de Turquía. A finales de septiembre, un juzgado en Estambul decretó el arresto del hombre.

No es la primera vez en lo que va del año que Ankara arresta a un ciudadano estadounidense acusado de simpatizar con Gulen.

Fethullah Gulen es acusado de haber organizado la intentona golpista que se produjo en Turquía en julio de 2016 y que se saldó con unos 240 muertos y casi 2.200 heridos.

Durante mucho tiempo, Ankara ha exigido a Washington extraditar a Gulen.

En julio del 2017, el embajador de Turquía en EEUU, Serdar Kilic, declaró que las autoridades estadounidenses estaban preparadas para extraditar al fundador del Movimiento Gulen. Sin embargo, expresó su descontento por cómo avanzaba el proceso.

Aparte de Gulen, la otra discrepancia que existe entre Ankara y Washington está relacionada con el tema kurdo. A pesar de todas las demandas realizadas por Turquía, EEUU sigue suministrándoles armas y dinero.

Las autoridades turcas consideran que las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo), que se encuentran en Siria y que durante 30 años han estado luchando contra las tropas turcas, son una filial del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), proscrito en Turquía.