Las burguesías española y catalana siempre han pactado desde 1978 en adelante. Ahora lo harán de nuevo. Algunos nos equivocamos en nuestras predicciones. Nunca antes se había llegado tan lejos, pero no habrá independencia sino un acuerdo o "pacto de Estado" entre las élites políticas de Madrid y Barcelona. A cambio son de esperar algunas concesiones por parte del régimen monárquico español hacia Cataluña.
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Los partidarios de la independencia de Cataluña escuchan el discurso del presidente catalán, Carles Puigdemont, Barcelona, 10 de octubre de 2017.
Carles Puigdemont mandó ayer la recién nacida República Catalana al limbo político a los ocho segundos de haberla declarado. El 'president' hizo acuse de recibo de los resultados del referéndum del 1 de octubre y, como estipula la ley de referéndum, medio declaró la independencia catalana: "Asumo el mandato del pueblo de que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república". Acto seguido propuso "suspender los efectos" de esa secesión para facilitar que los esfuerzos internacionales que se están llevando a cabo para conseguir que haya una mediación con el Estado fructifiquen. [Xabi Barrena, El Periódico de Cataluña, 10/10/2017]
Este nuevo escenario que se abre deja a la izquierda independentista catalana a los pies de los caballos, fuera de juego, sin discurso. Siempre que la izquierda va de la mano de los neoliberales (PP-PSOE-CIU...) acaba quemándose. Si la independencia de Cataluña suponía para esta izquierda un asunto de orden mayor que eclipsaba cualquier otro debate ideológico o planteamiento estratégico de fondo, ¿qué harán ahora que, según parece, la independencia ya no es la prioridad suprema para el pueblo catalán?

Desde hoy el títere fascista Mariano Rajoy será presentado ante Europa por la prensa corporativa como un líder fuerte que ha mantenido la "unidad del reino de España" con mano dura; pero también como un presidente "democrático" que tiene "capacidad de diálogo" cuando se necesita. Por su parte Puigdemont es quien recula, quien retrocede ante el vértigo de la ruptura, quien pierde el pulso... quien se quita la careta y muestra su raquítica talla política.

La crisis se traslada de aquí en adelante al interior de Cataluña, donde todo lo dicho ayer no sirve para nada hoy. La izquierda independentista catalana tiene que decidir si sigue agarrando la mano de un presidente que ha demostrado ser un cobarde, o bien un mentiroso, o las dos cosas a la vez. Muchos de los ciudadanos que salieron a la calle el 1 de Octubre a jugarse el físico por defender la independencia probablemente se estén arrepintiendo en estos momentos de haberlo hecho. Por su parte otros sectores políticos y sociales de la burguesía catalana que clamaban por un acuerdo - incluido buena parte del propio partido de Puigdemont (PDeCAT) - se sentirán más aliviados hoy.

Nos espera un proceso de negociación y de debates que se hará eterno para los ciudadanos del Estado español. Este asunto territorial-cultural-político es muy complejo de resolver, pero la conclusión que establecerán muchos desde Madrid es muy previsible: "España le ha ganado la partida a los "separatistas"; "Cataluña es España"; "la democracia ha vencido al radicalismo". A pesar del ruido mediático y del entusiasmo "españolista" del momento, el régimen de Rajoy tendrá que negociar con Cataluña, empujado por una Unión Europea que ya tiene suficientes problemas. Pero no se negociará la "independencia de Cataluña" sino su nuevo estatus dentro del Estado español. Puede incluso que a Cataluña se le conceda la denominación de "nación catalana". Pero lo realmente importante no se mueve.

Hace unos días escribí [1] que la fractura entre los distintos grupos independentistas (de la izquierda y de la derecha) se produciría al día siguiente de proclamarse la República de Cataluña, puesto que el concepto de "república", o de "Estado-nación", o de "soberanía" que tienen la derecha burguesa y la izquierda catalanas es diametralmente opuesto (o eso nos dicen desde la izquierda). Sin embargo esa fractura llegará antes de lo previsto y sin necesidad de que se produzca una ruptura oficial con el régimen español.

Los explotadores y los explotados, unidos hasta ahora por la "cuestión identitaria", volverán mañana cada uno al lugar que les corresponde en la escala social.

La "lucha de clases" regresará a la agenda de la izquierda, al igual que la defensa de "la soberanía de los pueblos" frente a la Troika o en contra de la OTAN, por ejemplo. Sin embargo éstas corruptas y criminales instituciones supranacionales, que impiden realmente la "soberanía de los pueblos", no estaban siendo cuestionadas por parte de la izquierda independentista cuando pactaban con la derecha neoliberal la creación de una futura "república catalana".

Peor aún, tanto la derecha como la izquierda trataban de tranquilizar a los ciudadanos catalanes diciendo que una Cataluña independiente no sería "aislada" y seguiría formando parte de estas corruptas instituciones supranacionales. Es decir, pretendían romper con las cadenas de Madrid para encadenarse a la Troika y la OTAN [2]. Independencia sin Soberanía.

Señalar y criticar esta contradicción de la izquierda catalana y este profundo error estratégico, fue considerado por algunos sectores de la izquierda del conjunto de España como un alineamiento con las políticas represivas del gobierno de Rajoy o una defensa del Régimen del 78, cuando en realidad éstas críticas alertaban sobre la debilidad de un proceso que estaba encabezado por una élite que, paradójicamente, forma parte del mismo Régimen del 78 y siempre apoyó a la oligarquía española cuando ésta necesitó su apoyo político. Quizás estos sectores de la izquierda ahora lo vean claro tras el viraje de Puigdemont.

Como si se hubieran despertado de un sueño profundo, mañana volveremos a ver cómo la misma derecha catalana con la que la izquierda caminaba de la mano hacia el abismo, se convierte de repente en el enemigo natural y antagónico de la izquierda que dice representar a la clase trabajadora. Estas profundas contradicciones hacen que su credibilidad y su coherencia estén bajo mínimos o hayan desaparecido por completo.

Poco a poco todo volverá a la (a)normalidad. La prensa corporativa española en su conjunto ya podrá centrarse de nuevo en difamar a Venezuela.

REFERENCIAS - NOTAS

[1] 10 apuntes sobre la independencia de Cataluña tras el 1-O,- Adolfo Ferrera, Facebook, 4/10/2017

[2] Catalan Independence: Out of Madrid's Frying Pan, Into the NATO Fire?,- Tony Cartalucci (Land Destroyer, 9/10/2017)

http://landdestroyer.blogspot.com.es/2017/10/catalan-independence-out-of-madrids.html