La científica lamenta que cierto feminismo esté en manos de unas "pseudomonjas" que se han puesto a hablar en el nombre de todas sin el permiso de muchas.
Andrea Martos
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Andrea Martos es bioquímica e ingeniera farmacéutica.
Hoy se celebra a nivel mundial el día Internacional de la mujer y la niña en la Ciencia. Dicha celebración trata de poner el acento en la necesidad de que no existan desigualdades reales entre hombres y mujeres en el campo científico. ¿Están realmente las mujeres discriminadas en la ciencia? Algunos datos sugieren que sí pero, como todas las estadísticas, habrá que verlas en su conjunto y sabiendo interpretarlas. No parece que lo estén en países occidentales y/o del primer mundo a tenor del número de mujeres que estudian ciencias en la universidad. En cuanto a los puestos de dirección y cátedras, si bien es cierto que los hombres son mayoría, también lo es que la mayoría de los catedráticos son mayores de setenta años y hace cincuenta, cuando estudiaron sus carreras, apenas había mujeres en las universidades, no solo en las de ciencias, sino en todas las facultades.

Andrea Martos es una científica española, Bioquímica por la Universidad Autónoma de Madrid (Alumni UAM) e Ingeniera Farmacéutica por la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU), y recientemente seleccionada como joven talento de la 4ª generación de Celera. Ha llevado a cabo su labor investigadora en la Universidad de Cambridge, el Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols, así como en los departamentos de Nanotecnología y Bioingeniería de la DTU. Trabaja en el Laboratorio de Farmacología Tropical (DTU) desarrollando antivenenos contra la mordedura de serpientes basados en anticuerpos monoclonales humanos. Ha sido ponente invitada en diversos congresos científicos en Madrid, Cambridge, Oxford y Copenhague. Andrea, autora del ensayo divulgativo Volver a hacer fiestas, sobre la revolución genética que supone el sistema CRISPR CAS, y 1 er Premio de Ensayo Científico 2015 del Campus de Excelencia UAM CSIC, dirige el proyecto UpMagazine.co y colabora con diversos medios de comunicación en divulgación científica.

-¿En qué momento decidió ser de "ciencias" en lugar de ser de "letras"?

-Creo que jamás lo decidí, ¡qué tragedia tener que elegir entre la obra de Santiago Ramón y Cajal y los versos de Quevedo y la Pasión según San Mateo de Bach! Soy científica vocacional, no tengo ninguna duda, pero afortunadamente vivimos en un tiempo y un lugar que nos permite dedicarnos en cuerpo pero también en alma a esas otras maravillas del mundo. Cuando he dado alguna charla en colegios a chicos de 16-17 años, la pregunta más frecuente era algo como 'Me encanta tocar el piano, pero me gustaría ser ingeniero y también disfruto con el deporte, ¿se puede todo? Naturalmente, solo hace falta tener el entusiasmo.

-¿En qué basó esa decisión? ¿Hubo por el camino algún maestro que influyera en su amor por la ciencia o le venía dado de serie?

-La decisión de dedicarme a la ciencia profesionalmente vino un día muy concreto, aún lo recuerdo. Hice bachillerato de ciencias porque me fascinaban las moléculas y toda la vida que esconden pero estaba desencantada con otras materias, al punto de casi cambiarme a la rama clásicamente considerada de letras. Estudié en el colegio Samer Calasanz, en Valdemoro. Los profesores siempre me habían apoyado mucho, especialmente Javier que nos daba clase de Biología -a quién consideraba, y considero, todo un maestro para mí-. Le pedí consejo y acertó a todas luces: hoy trabajo en lo que me apasiona a rabiar, Bioquímica, las moléculas de la vida.

-Usted ha dejado la universidad hace poquísimo ya que tiene 24 años. ¿Cómo era su facultad? ¿Eran ustedes minoría?

-Estudié en la Autónoma de Madrid, fue un período duro, de mucho esfuerzo silencioso, día a día, pero que recuerdo con cariño cuando miro atrás. Aprendí mucha teoría y especialmente mucha práctica. La universidad española no es tan mala como generalmente se pinta. Las chicas éramos abrumadora mayoría en clase, en torno a 2/3 partes de la clase, había gente brillante en aquella clase, y muchos, tanto ellos como ellas, trabajan hoy fuera de España en centros de la élite europea.

- Honestamente, ¿se ha sentido alguna vez discriminada por ser mujer en su ámbito profesional?

-Jamás me he sentido discriminada en mi ámbito profesional, ni cuando trabajé en España, ni en Dinamarca, ni en Reino Unido. Atender a la particularidad genital de un candidato es cosa no solo injusta sino ridícula, obsoleta y muy de vivir en la época en que hacíamos fuego con piedras y cultivábamos nuestros propios vegetales. Un detalle: jamás me han discriminado... pero tampoco me han regalado nada nunca. Sea lo que fuere que consiga, no quiero favoritismos, creo en la igualdad por la via de los hechos, no de los privilegios.

-¿Ha tenido que renunciar a muchas cosas para llegar a dónde está?

-No ha sido una renuncia sino una escala de preferencias. Depende de tu escala temporal, la mía es el largo plazo, el esfuerzo, el ahorro, y el aprendizaje y la experiencia. Si lo miras desde el punto de vista del corto plazo podría parecer que he renunciado a esas experiencias clásicamente asociadas a la juventud, pero nada más lejos de la realidad: viajo continuamente, me reencuentro con mis amigos en los lugares más insospechados, disfruto cada día. Detesto el discurso de falsa víctima de que para alcanzar objetivos ambiciosos hay que hacer renuncias. El viejo lema fascista decía 'tutto e subito', 'todo y ahora'. Es terrible. No, mira, ni todo ni ahora. Si deseas alcanzar un objetivo, aprieta los dientes y adelante, no hagas un drama de lo que ha sido puramente tu elección.

-Por su edad no ha tenido hijos, aunque podría tenerlos. ¿Está en su planteamiento vital ser madre? ¿Cree que ese hecho "gdificultará"h su trayectoria profesional?

-No he tenido hijos todavía, efectivamente porque soy joven pero en un futuro me gustaría tenerlos. La mujeres vivimos tres veces, de jóvenes, de madres y de abuelas, y eso es maravilloso. No me parece que sea adecuado decir de un hijo que dificulta. Naturalmente cuantos más objetivos se marca una persona, y cuanto más ambiciosos son estos, más esfuerzos le requiere. Se llama vivir. Además, la realidad es tozuda: me he cruzado con grandes empresarias, inversoras, todas con hijos. Existe el techo de cristal y hay que romperlo hoy mejor que mañana, pero Roma no se conquistó en un día.

-¿Cómo ve el movimiento #metoo y en general esa vuelta de tuerca que está dando una parte del feminismo de nueva ola?

-Son dos cosas distintas, en mi opinión. El movimiento #metoo es un tema muy delicado porque afecta a las percepciones más íntimas de mujeres individuales a lo largo del globo. No solo es condenable moralmente sino que las violaciones y el acoso sexual deben perseguirse duramente por la vía legal. Ahora bien, mientras que el feminismo de Clara Campoamor iba contra el machismo y el abuso de poder hacia las mujeres, el neofeminismo de género va encaminado a la segregación. Tras siglos de conquistas de derechos reales y de una batalla justa y necesaria, hoy unas pseudomonjas fanáticas se han puesto a hablar en mi nombre sin mi permiso. Primero nos quitamos el velo, luego la espada y ahora quieren ponernos otros grilletes. Basta: no quiero cambiar de amo, simplemente quiero no tenerlo. Muchas de nosotras seremos madres de niños de sexo masculino, no quiero que consideren a mi hijo un delincuente a prori. El neofeminismo banaliza el sufrimiento real: imagina que tuviese la mala suerte de dar con un hombre violento, un maltratado genuino, no quisiera que mi sufrimiento se equiparase a escuchar un piropo por la calle, comparar ambos es cruel y ridículo. Voy más lejos, estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Esto tendrá consecuencias reactivas entre cierto tipo de hombres a los que está costado generaciones civilizar. Sería trágico ver en unos años una nueva ola de machismo reactivo a este movimiento de segregación.

- ¿Cómo cree que se conseguiría la igualdad real en la sociedad?

-Que 'Igual solo se dice de lo distinto' lo sabemos desde Platón. Se trata de ser iguales ante la ley, que mi opinión y mi responsabilidad tengan el mismo valor que las de un hombre en unas mismas condiciones. Creo que la mejor política de igualdad es aquella vieja frase entonces aplicada a la promoción cultural de los gobiernos 'no me ayudes pero tampoco me jodas'.

- Vive en un país nórdico. ¿Es tan idílico como nos lo pintan?

-Dinamarca es un magnifico país en el que se respeta escrupulosamente el Estado de Derecho y la libertad de mercado. Dicen que viajar cura los nacionalismos, sí, pero también ayuda a relativizar los famosos 'modelos'. Escucho muchas veces decir 'Tenemos que tener el estado del bienestar de Dinamarca'. Y creen que eso pasa por subir los impuestos de la noche a la mañana. Es como ver a un rico con un Ferrari y pensar que para ser rico hay que comprarse un Ferrari. La prosperidad de Dinamarca viene, entre otros aspectos, de la libertad de sus ciudadanos para emprender y desarrollar sus proyectos, no de los altos impuestos.

-¿Cree que las mujeres en general prefieren asuntos mas sociales que científicos por una cuestión biológica?

-No lo creo. Primero, la actividad científica puede ser todo lo social que uno se proponga, y de hecho, cuanto más lo sea, mejor, más podremos contribuir a la sociedad con los avances científicos, descubriendo tratamientos, divulgando la ciencia y despertando vocaciones en las niñas y niños. Y segundo, si se coge la ventana de tiempo de los últimos 30 años, en efecto parece que las niñas son de humanidades y los niños de ingenierías. Vayamos a los últimos 10 años: la realidad es diferente, cada vez son mas las niñas que deciden dedicarse a la ciencia y la ingeniería. Dice la canción de Sabina que las niñas ya no quieren ser princesas. En efecto, quieren llevar bata blanca, usar la ingeniería para resolver problemas reales... ¡qué hay más social que eso!