A los 12 meses ya realizan deducciones racionales que les permiten predecir cómo funciona el mundo que les rodea.

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© Alina Demidenko / Getty
Los bebés antes de saber hablar son capaces de generar hipótesis y confirmarlas.
Hacia los tres o cuatro meses comienzan a balbucear, sus primeros 'agús'. Luego llegan 'mamama, tatata, papapa' y para cuando tienen alrededor del año ya son capaces de decir unas cuantas palabras entendibles, como mamá, papá, agua, pan, hola, con las que tratan de comunicarse. Conforme adquieren nuevas palabras y empiezan a usar verbos, pueden expresar mensajes más complejos. Pero mucho antes de eso, antes de saber hablar y seguramente de entender todo lo que les decimos, los bebés de 12 meses son ya capaces de comprender algunas reglas simples acerca de cómo funciona el mundo y hacer deducciones racionales.

Investigadores de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) han demostrado que a pesar de no tener lenguaje, los bebés ya generan hipótesis y las confirman, una estrategia que nos permite a los humanos comprender y predecir los fenómenos que nos rodean y que es exclusiva nuestra. No obstante hasta el momento esa capacidad se suponía que se desarrollaba mucho más tarde y que lo hacía vinculada a la adquisición de la lengua y a la educación.
"Antes de saber hablar y seguramente de entender todo lo que les decimos, los bebés de 12 meses son ya capaces de comprender algunas reglas simples acerca de cómo funciona el mundo y hacer deducciones racionales"
El estudio del grupo de Razonamiento Cognitivo en Niños de la UPF (RICO), que recoge esta semana Science, demuestra que razonar es posible igual sin tener lenguaje y sin un aprendizaje concreto.

"Es una habilidad generalizada en todo lo que hacemos. Todo el tiempo estamos, de hecho, razonando sin proponérnoslo, de forma inconsciente. Por ejemplo, si siempre suelo dejar las llaves encima de la mesa o en el taquillón de la entrada, y al ir a salir una mañana no están en la mesa, sin pensarlo las buscaré en el segundo lugar. Hay ahí un razonamiento implícito", explica en una entrevista telefónica Ana Martín, una de las autoras principales del trabajo e investigadora de la UPF.

"La relación entre el lenguaje y el pensamiento es bastante complicada, no sabemos exactamente cómo funciona. Está claro que el lenguaje potencia el razonamiento lógico. Pero también que hay razonamiento lógico sin lenguaje", añade.

Para comprobar precisamente esto último, los investigadores reclutaron a 144 bebés de entre 12 y 19 meses, así como a adultos. Les enseñaron unas escenas de animación en las que aparecían una pareja de objetos, de diferente forma, textura, color y categoría, como una flor y un dinosaurio, que luego se escondían detrás de una barrera. En la mitad de las escenas, los participantes veían cómo se ocultaba el objeto. Y en la otra mitad no, solo veían el objeto que no se había escondido, de manera que se tiene que intuir que debajo de la taza está el otro.

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Una niña de 12 meses mira una de las animaciones del experimento, con un resultado esperado. El vídeo se grabó con luz infrarroja.
Mientras que los participantes miraban la animación, usaron un eye-tracker, un aparato que medía la posición de los ojos cada 16 milisegundos. Comprobaron que los niños miraban más rato las escenas en las que aparecía el objeto inesperado, lo que indica que estaban confundidos por el resultado y querían saber más. Además, gracias a este aparato registraron que las pupilas de los niños se dilataban mucho más cuando las escenas que veían requerían deducciones racionales.

"Se sabe por estudios previos que la dilatación de la pupila es un indicador del esfuerzo cognitivo. Cuanto más complicadas las tareas que debemos realizar, mayor es el tamaño de la pupila", apunta Martín.

Esa respuesta de mayor dilatación de la pupila sucedía en todos los bebés y también en los adultos, lo que para los autores sugiere que "todos emplean estrategias comunes para razonar sobre los contenido.
"La dilatación de la pupila es un indicador del esfuerzo cognitivo. Cuanto más complicadas las tareas que debemos realizar, mayor es el tamaño de la pupila".
Que los niños más pequeños de este estudio tuvieran 12 meses al menos tiene que ver con las capacidades que requería el experimento. A esa edad ya pueden mantener la atención 20 segundos, que es el tiempo que duran las acciones cortas que se muestran; también pueden acordarse de los objetos que aparecen, tareas que requieren un esfuerzo cognitivo considerable. "Pero eso no significa que el razonamiento no esté presente antes de los 12 meses", apunta Martín.

El siguiente paso será ver qué ocurre dentro del cerebro cuando se realizan tareas de razonamiento. Para ello, los investigadores de RICO, de la UPF, empezarán un estudio con adultos a los que someterán a resonancia magnética. "Queremos ver, por ejemplo, si se activa el área del lenguaje o no cuando tienen que razonar", apunta Martín. Una vez comprendidos los mecanismos, el siguiente paso será en niños.

Para Nicoló Cesana-Arlotti, de la Universidad Central Europea, uno de los autores principales del trabajo, éste "es un primer resultado y se requieren más para completar la imagen de las capacidades lógicas de los bebés preverbales y su desarrollo. Un mensaje para los padre primerizos es que no hay nada nuevo ni especial que puedan hacer para garantizar el florecimiento de las capacidades de razonamiento del bebé. En todo caso, pasar tiempo con ellos y divertirse, proporciona oportunidades espontáneas para expresar la riqueza natural de la mente de los bebes".
"No hay nada nuevo ni especial que puedan hacer para garantizar el florecimiento de las capacidades de razonamiento del bebé. En todo caso, pasar tiempo con ellos y divertirse, proporciona oportunidades espontáneas para expresar la riqueza natural de la mente de los bebes"
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