La acidificación de los océanos se debe a la cada vez mayor cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Este gas es lo que resulta, entre otros, de la quema de combustibles fósiles y cuando entra en contacto con el agua de mar se disuelve dando lugar a formas iónicas tales como el carbonato (HCO3-) o el bicarbonato (CO32-), que acidifican el medio acuático.
Las conchas pueden llegar a disolverse por completo en mares muy ácidos.
© Ben Harvey
Las conchas pueden llegar a disolverse por completo en mares muy ácidos.
Esto causa estragos entre algunas especies marinas como los corales y aquellas que forman parte de los arrecifes y de los ecosistemas adyacentes. Así lo constata un artículo científico publicado este mes de octubre en la revista científica Frontiers in Marine Science, que prueba que la acidificación dificulta la construcción de las conchas de los caracoles marinos que ellos mismos producen.

Este esqueleto que les protege está formado de aragonito, que es un tipo de carbonato cálcico, y la mayor presencia de dióxido de carbono disuelto en el agua de mar hace que las conchas se disuelvan. Esto ocurre porque los caracoles son incapaces de secretar tanto aragonito como quisieran y la densidad de los esqueletos disminuye, en algunos casos, hasta dejar al descubierto el cuerpo de estos gasterópodos.

El trabajo, elaborado por un grupo de expertos de la Universidad de Plymouth (Estados Unidos) y de la Universidad de Tsukuba (Japón), analiza el impacto de los mayores niveles de dióxido de carbono sobre la especie Charonia lampas, un gran caracol que se encuentra distribuido a lo largo y ancho del Mediterráneo, el océano Atlántico, desde las Azores hasta las costas africanas, el Mar del Norte y el océano Índico.

Para la elaboración del estudio, los investigadores se sirvieron de un escáner de tomografía computarizada 3-D a fin de analizar de cerca el crecimiento de los esqueletos de aragonito y observaron que mayores niveles de dióxido de carbono en la atmósfera se correspondían con esqueletos hasta un tercio más pequeños. Adicionalmente, se dieron cuenta de que su densidad era mucho menor.

Los expertos exponen que, al bajar el pH, estos moluscos tienen dificultades para controlar el proceso de calcificación de sus conchas, ya que es algo que no pueden manejar mediante procesos biológicos. Además, advierten de que lo mismo puede ocurrir con muchas otras especies calcificantes, lo que tendría un gran impacto sobre las pesquerías de invertebrados a nivel global, pues muchas de estas especies tienen un gran valor comercial.

"La acidificación del océano es una clara amenaza para la vida marina, actuando como un factor estresante para muchos animales marinos", asegura Ben Harvey, profesor de la Universidad de Tsukuba, que añade, asimismo, que "el proceso de construcción de las conchas se ve obstaculizado porque el agua de mar es más corrosiva y hace las conchas más suaves, más delgadas y menos densas."

A día de hoy, las emisiones de dióxido de carbono siguen aumentando pese a los acuerdos mundiales alcanzados en los últimos años. Algunos de los estudios más recientes apuntan que el dióxido de carbono oceánico ha aumentado en un 43 % con respecto a los niveles preindustriales.

Por el momento, cifras como esta pasan bastante desapercibidas a ojos de la humanidad, pero sus efectos empiezan ya a notarse entre criaturas marinas como estos gasterópodos, los corales e incluso peces como las lubinas, que se sabe que están perdiendo su capacidad olfativa por culpa de la acidificación de los océanos.

Artículo científico de referencia:
Ben P. Harvey et al, Dissolution: The Achilles' Heel of the Triton Shell in an Acidifying Ocean, Frontiers in Marine Science (2018). https://doi.org/10.3389/fmars.2018.00371