El PSOE ha propuesto al filósofo Manuel Cruz (Barcelona, 1951) para presidir el Senado después de que los independentistas hicieran fracasar su propuesta de Miquel Iceta para dirigir la Cámara alta. Cruz, que concurrió a las generales del 28 de abril como número dos en la lista del PSC al Congreso, es un federalista convencido, un modelo que propone para la estructura estatal de España y también de la Europa unida.
El diputado socialista Manuel Cruz en Madrid en 2017.
© Uly Martín
El diputado socialista Manuel Cruz en Madrid en 2017.
Catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona y con más de 30 libros en su haber sin contar las obra colectivas, Cruz presidió la asociación Federalistas d'Esquerres desde su constitución en 2013 hasta 2016. La organización surgió tras la deriva independentista conjunta del nacionalismo catalán y como respuesta a las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas. Combatía la idea de que la ruptura de Cataluña con España fuera alternativa para superar la crisis económica e institucional. Sus fundadores consideran que la figura del estado-nación está obsoleta para afrontar los retos del siglo XXI. Y no solo los estrictamente territoriales, sino también la desigualdad económica y social, el cambio climático y la inestabilidad financiera internacional.

También fuera de ese foro ha defendido Cruz el modelo federal. En un manifiesto firmado en 2014 junto a otros intelectuales, Cruz valoraba el progreso aportado por el Estado de las Autonomías al progreso de España, pero consideraba necesario avanzar hacia una estructura federal que permita el máximo de autogobierno a las entidades autónomas y, al tiempo, un gobierno compartido del Estado. "La imposición de un Estado unitario y centralista se ha demostrado ineficaz e inviable para gobernar una España plural", afirmaba el texto colectivo.

El pasado marzo, en la presentación de una asociación federalista en Madrid, Cruz lanzo una referencia velada al nacionalismo: "No hay nada menos fraternal y menos republicano que el supremacismo", al tiempo que zahería también a los partidarios de la aplicación de 155 en Cataluña. Quienes esgrimen "un 155 por si acaso y para siempre no pueden decir que tengan una alternativa ilusionante para Cataluña". En un reciente artículo en EL PAÍS, en el que colabora como articulista, denunció una propensión que atribuía a la derecha de expulsar del marco constitucional, además de al independentismo, a toda la izquierda.

Interesado por las teorías de la subjetividad y del lugar de la memoria y el olvido en el mundo actual, su ensayo de 2005 Las malas pasadas del pasado (Anagrama) le valió el premio de ensayo de esa editorial. En aquel texto mostraba sus reservas contra el que consideraba "exceso de memoria que nos asola" en los ámbitos público y privado, y abogó por la autonomía y la crítica en el abordaje del pasado: "No se puede imponer por decreto ni el recuerdo ni el olvido, ni se puede imponer una versión del pasado", afirmó.

Más reciente, de 2017, es su ensayo La flecha (sin blanco) de la historia (Anagrama, Devenir, Bilbao), con el que obtuvo el Premio de Ensayo Miguel de Unamuno. En una entrevista tras la publicación de esa obra, Cruz rechazó las visiones excluyentes y preeminentes de unas culturas sobre otras. "Cualquier tipo de supremacismo es tóxico para la democracia, que supone y exige precisamente que todos los actores asuman su radical, constituyente, falibilidad. A los hechos me remito: nadie es más indulgente con los golpes de Estado de los suyos que el supremacista".