(España) - Vox todavía no ha decidido con qué grupo se sentará en el próximo Parlamento Europeo. Aunque no lo parezca, los distintos grupos euroescépticos guardan grandes diferencias.
Santiago Abascal/ Vladimir Putin

Santiago Abascal/ Vladimir Putin
"Toda Europa está esperando a ver dónde se coloca Vox". La afirmación del cabeza de lista de Vox para los comicios europeos, Jorge Buxadé, en un debate el pasado domingo en La Sexta es, quizás, exagerada. No todos los ojos del continente están sobre el pujante partido de extrema derecha, pero sí muchos en España. La decisión de en qué grupo de la futura Eurocámara se situarán descifrará algunos de los enigmas ideológicos que todavía envuelven a la formación de Santiago Abascal.

El Parlamento Europeo cuenta con 751 escaños y cada asiento se pelea con uñas y dientes. A España estas elecciones le corresponden 59 eurodiputados, de los que cuatro o cinco podrían ser de Vox, según la última encuesta del CIS. Aunque la cifra es modesta -al igual que sucede en el legislativo español- algunos votos pueden cotizar al alza en la forja de alianzas de una Eurocámara dividida en varias familias políticas. En el momento actual, Vox tiene diversos encajes en este puzzle. Pero Abascal jugará con el escenario que dejen los comicios del 26.

Hoy por hoy, la Eurocámara cuenta con tres grupos euroescépticos: Los Conservadores (ECR), liderados por los polacos del Partido Ley y Justicia (PiS) desde que el Brexit puso a los 'tories' en la rampa de salida; el grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa (EFDD), donde se ubica, por ahora, el UKIP de Nigel Farage; y los más radicales de la Europa de la Libertad y las Naciones (ENF), donde unen fuerzas la Liga italiana de Matteo Salvini y el francés Reagrupación Nacional de Marine Le Pen. También existen fuerzas euroescépticas dentro de las coaliciones más tradicionales, como es el caso del húngaro Viktor Orbán, que por ahora sigue adscrito a los democristianos clásicos europeos.

Aunque desde fuera se pueda percibir a los eurocríticos como un bloque homogéneo, tienen marcadas diferencias que hacen casi imposible crear un único grupo común en el próximo Parlamento Europeo. Hay tres grandes líneas políticas e ideológicas que los dividen: la relación con Rusia, sus posicionamientos económicos y sus motivos históricos.

¿Y Vox?

Por el momento, Abascal se muestra prudente respecto al presidente ruso, Vladimir Putin. Aunque aseguró que rechazó reunirse con él "por prudencia", también insiste en que nunca ha criticado al controvertido el líder ruso. Cuando el escritor Fernando Sánchez Dragó le preguntó por qué Vox le tenía manía a Putin, el dirigente español respondió: "Yo pensaba que la KGB estaba mejor informada. Nunca he dicho que le tenga manía a Putin".

Algunos medios han hecho perfiles comparando a Abascal y a Putin, porque su gusto común en publicar fotografías montando a caballo o practicando artes marciales. Pero el de Amurrio no despeja la incógnita sobre cómo sería su relación con el Kremlin. "Vuelvo a preguntarme: ¿qué gana Vox acercándose a Putin?", sentenció Abascal en el libro-entrevista de Sánchez Dragó.

Ahora la formación de Abascal centra su discurso en la inmigración y una narrativa contra las "élites" de Bruselas, pero no tiene una argumentación abiertamente euroescéptica en otras materias, al menos no tanto como otros grupos más eurófobos del Parlamento Europeo. Además, en la Eurocámara consideran que Vox no es proteccionista y que estará a favor del libre comercio. Eso le sitúa en la órbita de ECR: eurocríticos, de derecha dura, pero sin la intención de reventar los acuerdos comerciales de la UE.

Desde la propia formación verde admiten que todo apunta hacia los Conservadores, si bien recuerdan que "la decisión no se ha tomado todavía". "Es verdad que durante el último año los contactos personales han sido casi en su totalidad con distintos partidos que a día de hoy están integrados o ya han declarado que se integrarán en ECR. Pero aún no está claro cómo quedarán los grupos después de las elecciones", explica a El Confidencial Víctor Santana, que acude a las elecciones europeas como número 13 en las listas de Vox.

A principios de mayo, Jan Zahradil, candidato a la presidencia de la Comisión Europea por ECR, y que se autocalifica como "eurorrealista", visitó las oficinas de Vox en Madrid y mantuvo una reunión con Abascal como parte de su 'tour' por Europa donde se está viendo con socios preferenciales de los Conservadores. Desde entonces se intensificaron los contactos con los conservadores europeos.

Fuentes de la formación europea explicaban los contactos: había "una clara disposición de atraer a nuevos partidos y alejarlos de las garras del populismo vacío" de Le Pen. Además, a los conservadores les interesa Vox porque los conservadores centran gran parte de su actividad parlamentaria en materia de libre comercio. En este terreno, los eurodiputados de Abascal pueden venirles bien a la hora de forjar lazos con América Latina, donde el grupo conservador tiene un claro vacío.

El problema para que Vox encaje con los Conservadores está en que en ese grupo se encuentra la N-VA flamenca, una formación nacionalista belga que es firme aliada de Carles Puigdemont. En caso de que el partido español se niegue a compartir grupo con ellos, ECR tendrá que decidir si quiere mantener a los flamencos o si prefiere unir a Vox.

¿Potencia eurófoba?

Si analizamos su tendencia histórica, Abascal tiene una relación estrecha con Le Pen y su círculo cercano. Pero, desde que Vox comenzó a sonar con más fuerza a finales del año pasado, la formación ultraderechista ha sido mucho más cercana a los polacos de Ley y Justicia y el grupo de los Conservadores que a ningún otro partido.

Como pasa en la izquierda, entre los euroescépticos existen innumerables rencillas y diferencias. El PiS polaco, así como todos los partidos que forman parte de los Conservadores (ECR), miran al resto de eurófobos con cierto desdén: populistas sin experiencia de gobierno que defienden discursos críticos con Bruselas pero muy cercanos a la izquierda en lo económico.

Pero, con el Brexit en el horizonte, las posturas parecen más flexibles ante la eventual salida del hemiciclo del Partido Conservador británico y del Brexit Party de Nigel Farage. Eso dejará al resto de fuerzas del grupo EFDD con dos grandes opciones para buscar cobijo: los Conservadores o el ENF con Salvini y Le Pen.

La solución para esta amalgama de grupos era la "internacional nacionalista" que proponía Salvini, un grupo único para convertir a las eurófobos en una potencia dentro del Parlamento Europeo. Sin embargo, con el tiempo se ha ido desmarcando como una fórmula imposible.

El PiS parece dispuesto a mover algunas de sus líneas rojas y sentarse con Salvini e incluso con Orbán, a pesar de que ambos tienen lazos estrechos con Moscú. Los polacos tienen un mensaje de confrontación total con la Rusia de Putin y esta mala relación ha sido siempre la piedra de tranca entre ellos y otros partidos derechistas. Pero además, la formación ultraconservadora del Este de Europa no está dispuesta ni siquiera a hablar con los de Le Pen, porque su política económica es contraria a los acuerdos de libre comercio que apoyan desde el grupo de ECR, ni tampoco con los alemanes de AfD por ser una formación con vínculos neonazis.

Todavía no se sabe qué nombres y qué formas tomarán los grupos en la próxima Eurocámara porque la situación es muy inestable. Incluso los grupos tradicionales que copan el centro político del Parlamento Europeo -populares y socialistas- se encuentran en plena crisis de identidad. Con Vox orbitando cerca de los Conservadores, el escenario más probable a día de hoy es que, por intereses comunes y discurso, acabe cayendo en ese saco del ECR.

Pero si la gran alianza de Salvini y Le Pen despega, Vox podría unirse a un frente común mucho más crítico con Bruselas. Y Abascal se ha asegurado dejar todas sus opciones abiertas.