Tras jornadas de tensión, hace tres meses, los últimos activistas que permanecían en la sede diplomática venezolana fueron sacados por las autoridades estadounidense. Quienes estuvieron allí, cuentan qué ocurrió esos días.
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© Shannon Stapleton / Reuters
Activistas en la Embajada de Venezuela en EE.UU. en una ventana, en Washington, Estados Unidos, el 25 de abril de 2019.
Las palabras de Sergio Lazo Torres, uno de los protectores de la Embajada de Venezuela en Washington, fueron proféticas. Un día antes de volver a EE.UU., luego de estar varios días en Caracas, dijo que existía la posibilidad de que, a su regreso, hubiera investigaciones por parte de los cuerpos de seguridad estadounidenses. Así pasó.

¿Qué había estado haciendo Sergio en la capital de Venezuela durante una semana? Participar en el Foro de Sao Paulo, realizado en la capital venezolana a finales de julio, y visitar comunidades populares junto a periodistas y activistas estadounidenses.


Además, atendió una invitación a un encuentro oficial con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, donde el mandatario le entregó una réplica de la 'Espada de Bolívar' al colectivo que impidió por dos meses que los enviados del diputado opositor Juan Guaidó ocuparan por la fuerza a la sede diplomática en EE.UU.


¿Qué ocurrió?

Tal como lo había delineado a trazos gruesos, el nicaragüense residente en EE.UU. fue retenido por los funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CTB, por sus siglas en inglés) en el Aeropuerto Internacional Dulles, en Virginia, según The Grayzone.


"Sabemos que una vez que nos montemos en el avión, podemos ser acosados, perseguidos e investigados. Si es el precio, lo vamos a pagar", había dicho solo un día antes en entrevista con RT.

En la terminal aérea, su teléfono celular fue retenido y revisado por los uniformados, se le preguntó por sus nexos con Maduro, sobre las fotos que se tomó con miembros del Gobierno venezolano en los actos oficiales y sobre el financiamiento de su viaje. Sobre él, el único latinoamericano que estaba en el grupo, cayeron todas las dudas.

Venezolanos con miedo

Desde los jardines de la Casa de la Historia Insurgente, en el casco histórico de la capital suramericana, Sergio recordó los días de tensión cuando los grupos más radicales que apoyan a la oposición venezolana, junto a los cuerpos de seguridad, los presionaban para que abandonaran el edificio diplomático.

"Estábamos viviendo, en una escala menor, las agresiones que vive el pueblo en Venezuela. Fuimos asediados por la oligarquía venezolana en EE.UU.", que se mantuvo allí las 24 horas durante los siete días de la semana. "Tenían alimentos, mientras nos bloqueaban e impedían que les diéramos comida a quienes estaban dentro".

En su opinión, algunas personas del país suramericano en territorio estadounidense "tienen miedo a las represalias" que podrían causarles no apoyar a la oposición. "No se manifiestan pero te hacen saber que no respaldan a Carlos Vecchio", nombrado como "embajador de Venezuela ante EE.UU." por el autoproclamado "presidente encargado".

¿Dónde está la dictadura?

Al preguntarle sobre la paradoja del miedo de algunos venezolanos de expresar sus afinidades políticas en Washington, sede de la administración que precisamente señala a Maduro como "dictador", responde: "Pero es que la verdadera dictadura es allá, si sales a protestar en contra del Gobierno, vas a ser perseguido, atacado".

Explica que durante su estadía, que culminó el primero de agosto, caminó por las calles de Caracas. "No vi a un pueblo reprimido, vi a un pueblo libre, viviendo en paz".

Días de violencia

De fondo quedan los videos y las imágenes de acciones de represión policial contra algunos activistas y los gritos con insultos que proferían quienes apoyaban a los enviados del parlamentario opositor.

En el conteo de Sergio están cinco integrantes del colectivo que sufrieron consecuencias. Uno de ellos fue golpeado, arrestado y ahora enfrenta un proceso que podría llevarlo a la cárcel; el resto son los cuatro activistas que permanecieron hasta el final en el edificio, que enfrentan cargos federales y que podrían ser encarcelados por un año.

El asedio se fue intensificando a medida que transcurrían los días. Venezuela rompió relaciones con EE.UU., tras el reconocimiento de ese Gobierno de Guaidó como "presidente encargado", el 24 de enero. Meses después, en mayo, los últimos miembros del colectivo fueron sacados de la sede diplomática.

Lectora de la vida de Chávez

Aminta Zea cumplió sus 20 años en Caracas. Mientras está sentada en un banco, muy cerca de la Casa Natal de Libertador Simón Bolívar, dice que nunca olvidará los gritos que escuchó el 30 de abril. Ese día, Guaidó, junto a un grupo de militares y policías insurrectos, dio un golpe de Estado fallido y sacó de su arresto domiciliario al político opositor Leopoldo López.

"Eres tan fea, veo lo indígena en tu nariz, en tu cara, en tus ojos. Eres una desgracia para América Latina", le dijeron los opositores venezolanos en Washington, donde vive desde hace tres años. A pesar de la violencia verbal, decidió quedarse "porque vi la importancia de mantenerme allí y porque creo en la solidaridad".

Amita Zea venezuela
© Nathali Gómez/RT
Aminta Zea, integrante del Colectivo de Protección de la Embajada de Venezuela en Washington.
Esta joven de raíces nicaragüenses y palestinas ve a los detractores de Maduro como "tigres de papel", que poco a poco fueron mermando a medida que más personas se sumaban al colectivo. "No tenían el mismo coraje ni la misma organización nuestra", afirma.

Confiesa que tuvo miedo en algunos momentos, que fueron desplazados por otros de fortaleza junto a sus compañeros. "Es mejor hablar aunque te tiemble la voz, tomar acciones aunque tengas temor".

De sus días dentro del edificio diplomático, recuerda haber leído mucho sobre la vida del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. "Ahora que estoy aquí, siento su espíritu, lo veo en los niños, en la calle, en la resistencia de la gente", dice con una sonrisa. "Veo la unidad de la que habló y que poco a poco la crearemos entre los pueblos de EE.UU. y América Latina".


Aplausos de pie

A Jazmín Rumbaut, una chica nacida en Washington de origen salvadoreño y cubano, se le quiebra la voz al preguntarle sobre el recibimiento con aplausos de pie que tuvo el colectivo al participar en una actividad organizada en Caracas.

"Es impactante después de estar tan lejos, poder estar aquí, en este contexto", dice y se refiere al esfuerzo de venezolanos a pesar de "estar bajo ataque de EE.UU y sus aliados".

Ante las demostraciones de afecto que han recibido los luchadores sociales en el país suramericano, afirma que entiende la razón por la que aprecian su esfuerzo, "que fue un acto de solidaridad y amor" producto del "aprecio por el pueblo revolucionario".

Durante los meses de presencia en la Embajada, las distintas organizaciones pusieron afiches en la fachada, organizaron actividades culturales y divulgativas y colgaron en sus redes videos sobre la situación diaria. "Aunque no lo replicaron en los medios dominantes de EE.UU., lo que no nos sorprende, igual algo salió".

A Jazmín le impresionó que se le acercaran personas para que les explicara qué ocurría en Venezuela. "'Estoy viendo la televisión y no entiendo qué pasa, algo me huele mal, me doy cuenta que me están mintiendo'", le decían.

En su segunda visita encontró que si bien hay dificultades, "hay ganas de seguir, hay conciencia sobre las razones de lo que pasa. No diré que todo es perfecto, pero lo pintan como si fuera algo exclusivo en Venezuela, sin tomar el contexto de todo el continente", afirma al analizar las informaciones de los medios de comunicación sobre la situación económica en el país suramericano.
"Vivo en Washington. Hay un gran problema de vivienda, de gente que está viviendo en la calle, gente que come en los basureros. Eso se ve en EE.UU. y lo sacan como si fuera un acontecimiento en Venezuela".