En el Congreso de los Diputados se ha convertido ya en algo habitual que los populistas ataquen el sistema actual de distintas maneras y pongan en cuestión su legitimidad constitucional. Lo que no es nada frecuente es que todo un ministro de Justicia asegure en el Pleno que España vive una crisis «constituyente», un concepto que dejó desconcertado a más de uno en el hemiciclo por todo lo que supone e implica.
La Partidocracia enloquecida buscando el federalismo totalitario: El ministro de Justicia cree que España está en una «crisis constituyente»
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El ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, en el Congreso de los Diputados
El titular de Justicia, Juan Carlos Campo, respondió en la sesión de control en el Congreso a la diputada de ERC María Carvalho, quien le preguntó si «piensa el Gobierno español considerar como terrorista al movimiento antifascista», como ha anunciado Donald Trump en Estados Unidos. Campo aseguró que el Gobierno de Sánchez e Iglesias «ha demostrado una gran dosis de tolerancia, lealtad institucional y mucha paciencia», pero la respuesta es «un no rotundo» porque esa calificación no le corresponde al Ejecutivo, sino a los tribunales.

En ese momento de su respuesta, Campo explicó que España se encuentra en una crisis sanitaria sin precedentes en cien años y pidió a todos los partidos unidad para «abordar la salida de la misma» conjuntamente. «No es fácil porque junto a la crisis constituyente tenemos también un debate constituyente y tenemos que hacer entre todos que sea así, no podemos dejar nadie fuera», aseguró.

Alguien pudo pensar que el ministro se había enredado, pero no, porque volvió a repetir el mismo argumento y el mismo concepto «constituyente». Así, recordó que hace 12 años España vivió una crisis de «pirámide social» y justo cuando el país se estaba recomponiendo, llegó la pandemia del coronavirus, «donde nuestro modelo social se rompe». «Una crisis sanitaria con brotes económicos, pero que realmente lo que determina es una crisis constituyente», aseguró.

El ministro de Justicia defendió la libertad ideológica y la libertad de expresión como «pilares básicos» del Estado, y pidió a todos atarse a ellos «como mástiles en medio de una tormenta» para dejar una mejor sociedad.

Un «golpe de Estado»

En la sesión de control del Congreso, uno de los encontronazos más sonados fue una vez más el de la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, y la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. La diputada «popular» acusó a su oponente de insinuar que el PP apoya un golpe de Estado» y lo atribuyó a que el Gobierno está inmerso en «una vulgar operación de camuflaje fruto de una desesperación terminal» por su gestión en la crisis de coronavirus, que calificó de letal.

«Señora Calvo. O usted se atreve a afirmar que el Partido Popular está implicado en un golpe de Estado y, ojo, lo demuestra. O usted admite, con lógico rubor en la cara, la verdad», señaló Álvarez de Toledo, quien animó a Calvo a decir esto en la Cámara: «No, ese fantasmagórico golpe de Estado es un maligno bulo cuyo único propósito es camuflar la responsabilidad del Gobierno en la muerte de miles y miles de españoles».

Calvo optó por esquivar esa cuestión y preguntó a la portavoz del PP: «¿Por qué enreda constantemente con especie de autoproclamada superioridad moral y ética en la política? Este es el verdadero problema». La vicepresidenta primera animó a Álvarez de Toledo a sentarse a tomar un café juntas: «Tómese un café conmigo, con un par de horas por delante, acéptelo».