Apoyo casi unánime por parte de los diputados chinos a prohibir "cualquier acto de traición, secesión, sedición, subversión" contra Pekín.
Aplausos en la Asamblea Nacional Popular de China, en Pekín, hoy.
© CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
Aplausos en la Asamblea Nacional Popular de China, en Pekín, hoy.
Pese a quien le pese y como era de esperar, China continúa con sus planes. Ni las protestas ni las recientes amenazas de Estados Unidos parecen haber hecho mella en su firme determinación del gigante asiático de recuperar paso a paso el control total sobre Hong Kong y sus ciudadanos. Ayer, la Asamblea Nacional Popular (ANP) aprobó en Pekín -con 2.878 votos a favor, seis abstenciones y uno en contra- la propuesta de ley de seguridad nacional para la ex colonia británica, una controvertida norma que desde su anuncio ha despertado de nuevo los disturbios en la ciudad china.

El texto busca prohibir «cualquier acto de traición, secesión, sedición o subversión contra el Gobierno Popular Central». Además del robo de secretos de Estado, también prohibirá la organización de actividades o el establecimiento de lazos en Hong Kong por parte de organizaciones políticas extranjeras, toda una serie de libertades de las que, hasta ahora, había gozado la ciudad.

Precisamente, a las puertas de la votación, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, adelantó que a causa de la ley Washington deja de considerar a Hong Kong un territorio autónomo bajo el Gobierno chino. Unas declaraciones que se traducían como una velada amenaza de la Administración Trump, dispuesta a romper las relaciones comerciales y económicas que mantiene con este centro financiero internacional.

Aviso de Mike Pompeo

De hecho, EE UU incluso llegó a pedir al Consejo de Seguridad de la ONU una reunión para abordar el proyecto de ley, pero China lo rechazó de pleno alegando que era una cuestión interna que no incumbe a este órgano internacional. Este tipo de argumento, que ya le valió el año pasado en repetidas ocasiones al país comunista para acusar a Estados Unidos de ser la fuerza instigadora de las protestas de Hong Kong, daba de nuevo alas a las autoridades chinas para proseguir con una ley que prohibirá que otras potencias se entrometan en los asuntos de la ex colonia británica.

La norma, que ha puesto en pie de guerra a numerosos hongkoneses desde que se anunció su tramitación en la ANP, es considerada por muchos como una herramienta para erosionar sus derechos y libertades y afianzar el control de Pekín sobre el territorio. Uno de los apartados más polémicos es el que contempla que los agentes secretos chinos puedan operar en territorio hongkonés, algo que hasta ahora no estaba permitido y puede servir para acallar las voces críticas con el Gobierno central. De hecho, una de las acusaciones más recurrentes por parte de Pekín es la de «subversión contra el poder estatal», argumento que en la China continental ha enviado a prisión a muchos disidentes.

Frente a estas preocupaciones, Pekín y sus aliados hongkoneses aseguran que se trata de una ley que tan solo afectará a un «pequeño número de personas», explicó el primer ministro Li Keqiang en su discurso frente a los 3.000 delegados que asistieron a la ANP. Además, añadió, servirá para «salvaguardar la soberanía nacional, la seguridad, los intereses de desarrollo, mantener y mejorar el sistema de ''Un país, dos sistemas'', preservar la estabilidad y la prosperidad de Hong Kong a largo plazo y salvaguardar los legítimos derechos e intereses de sus residentes».

Sin control del legislativo

Sin embargo, no se sabe realmente cómo afectará al día a día de los hongkoneses hasta que un comité legal de la ANP redacte su versión definitiva, la ratifique el Comité Permanente y se publique en el boletín oficial hongkonés. Probablemente, antes de otoño y sin ser sometida a control del legislativo local, algo que también ha levantado ampollas.

Además de los propios hongkoneses, tanto abogados como organizaciones civiles han afirmado que el procedimiento viola los cauces legales para la modificación de normativas de la Ley Básica, la miniconstitución de Hong Kong. Según la misma, la norma debería ser gestionada en el Parlamento local, pero en 2003 la tramitación de una ley similar se topó con el rechazo de una sociedad que consideró recortaría sus libertades y quedó aparcada. Por eso ahora, Pekín, cansado de las protestas en su contra en la ciudad, ha cogido el toro por los cuernos y ha empezado un proceso que muchos aventuran traerá cola.

A las movilizaciones previstas para los próximos días, se suma el rechazo de diferentes gobiernos extranjeros y organizaciones de derechos humanos, que han mostrado su oposición a una norma que perjudicará a todas las partes. Según los expertos, además de aquellos países que ya no verán a la metrópoli como un destino transparente para sus operaciones financieras, China también perderá una ciudad repleta de empresas internacionales que durante de años le sirvió como la vía de conexión con Occidente.

No obstante, el mayor temor entre los hongkoneses es que la urbe tal y como la conocemos desaparecerá para pasar a ser una ciudad china más. Para evitarlo, todos los implicados "deberían reducir y mantener el modelo de 'un país dos sistemas', que ha servido a todos tan bien durante tantos años", aseveró Craig Allen, presidente del Consejo Comercial EE UU-China.