Confirma los indultos a los promotores del 1-O y asume que seguirán impulsando la independencia.
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© Fernando Villar / EFE
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto de homenaje a la comunidad educativa el pasado sábado.
No acudió Pedro Sánchez a Barcelona a justificar la concesión de los indultos ante los miles de constitucionalistas que en 2017 vieron sus derechos conculcados por el separatismo, sino a defender la medida de gracia como el «primer paso» para redefinir territorialmente España de la mano de los independentistas.

Irrumpió el presidente del Gobierno en el Liceo para presentar como irrebatible la premisa de que la «reconciliación» pasa por la excarcelación de Oriol Junqueras y el resto de promotores del 1-O. Cimentada su propuesta sobre ese muy rebatido argumento, asumió Sánchez públicamente que los independentistas van a seguir impulsando su proyecto rupturista en cuanto sean excarcelados. Lejos de exigirle arrepentimiento, propuso el jefe del Ejecutivo al secesionismo catalán ser partícipe del rediseño de España; construir unidos «un nuevo proyecto de país». «La democracia está abierta a multitud de proyectos», insistió a sabiendas de que Junqueras le exigirá en persona la celebración de un referéndum de independencia en cuanto se siente en la mesa de negociación sobre el «conflicto».


Comentario: En España y toda la UE no hay democracia (que son reglas de juego sin partidos estatales: separación de poderes y representación de los electores), sino estados de partidos antidemocráticos. Y los oligarcas estatales y la supraestructura (también estatal) de la UE están destruyendo a las naciones europeas para imponer un federalismo de regiones (o incluso grandes ciudades) impotentes, dependientes de Bruselas.


Tras demostrar su comprensión ante los que «libremente» tuvieron a bien increparlo desde fuera y dentro del propio teatro barcelonés, Sánchez exigió a los ciudadanos de Cataluña y el resto de España que se oponen a los indultos y a las fuerzas políticas que comparten su queja que «al menos reconozcan su plena legalidad y su absoluta constitucionalidad». A ellos se limitó a prometer que abordará el «diálogo» con el secesionismo catalán «desde el respeto, no desde el olvido».


Comentario: "Diálogo, tolerancia, concordia, consenso": todos los eufemismos de pactos corruptos entre oligarcas mientras engañan, dividen y empobrecen al pueblo.


«No pensamos, no nos engañemos, que quienes aspiran a la independencia vayan a cambiar de ideales», admitió Sánchez, en lo que supuso la mera constatación de lo ya anunciado por los presos, quienes mayoritariamente han avisado de que su intención no es otra que «volverlo a hacer» en cuanto abandonen la cárcel. En cuanto lo hagan definitivamente, pues vuelven a estar disfrutando de un permiso penitenciario que les permitirá ser indultados mientras celebran en sus domicilios la verbena de San Juan.

«Lo que sí que esperamos es que se comprenda que no hay caminos fuera de la ley», deseó el jefe del Ejecutivo para señalar a los líderes secesionistas la vía por la que espera que transiten una vez la medida de gracia haya quedado consumada y se retome la mesa de negociación previo encuentro con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en La Moncloa.


Comentario: Ya no hay derecho para el estado de partidos antidemocrático. La ley es lo que en cada momento las facciones estatales (y sus pactos) imponen al pueblo.


A pesar de haber comprobado ya por boca de Junqueras que el independentismo sólo persigue dinamitar España -«el indulto muestra las debilidades del Estado»-, Sánchez se declaró convencido de que «sacando a nueve personas de la cárcel sumamos a los cientos de miles de personas que las siguen» a ese indefinido proyecto común que propone.

El jefe del Ejecutivo subrayó que los dirigentes secesionistas que van a ver perdonadas sus penas ya «asumieron las consecuencias legales de sus actos» y que ahora corresponde al Gobierno enmendar la decisión del Tribunal Supremo para «afrontar el problema».


Comentario:





Un país que se torna en proyecto para oligarcas antidemocráticos deja de ser país (o sea, un producto de la historia) para pasar a ser algo a fragmentar territorialmente (¡y fragmentar al pueblo mismo!) por intereses, como meras cosas de un botín para repartirse entre minorías de poderosos. En España la repartición entre las facciones estatales se está mostrando a todo el mundo, el gobierno central negociando abiertamente la destrucción y repartija de la Nación Española con partidos estatales separatistas, todo para mantener sus posiciones. Algo amoral, contra la historia, el derecho, y hasta ilegal en la propia constitución de la partidocracia. Lo que se ve en este caso es cómo se destruye el sujeto constituyente nacional español, la unidad del pueblo, desde el estado, por partidos estatales.

Dice mucho que el estado de partidos enquistado en España y su gobierno muestren que las élites no les permitan derogar la reforma laboral pero sí se puede (y les dejan) indultar, contra la voluntad de la mayoría del pueblo español, a unos totalitarios que culminaron sus hazañas con un DUI. El indulto (o sea, un premio) a golpistas y su rebelión de facciones estatales separatistas contra la nación, genera un antecedente muy peligroso.

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