En tres meses se ha pasado de un 20% de ingresados inoculados a un 66% debido a la pérdida de eficacia de los sueros, de ahí la importancia de la tercera dosis.
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© Nacho Gallego / EFE
Un sanitario inocula la tercera dosis de Pfizer a un hombre en Valladolid.
Mientras la variante ómicron se expande por algunos países, en España la espera de la tercera dosis frente al SARS-CoV-2 puede en algunos casos comprometer una buena defensa. Y con la subida de la incidencia se incrementa el riesgo. De ahí la importancia de su aplicación ante la pérdida de eficacia de los sueros.

«En las últimas semanas han aumentado los casos de covid que estamos viendo en urgencias, pero en general no son cuadros de dimensiones graves. Lo que desde septiembre ha cambiado es el perfil del paciente ingresado en UCI. Así, hace un par de meses el 80% de los pacientes críticos era no vacunado, un 10% inmunodeprimidos vacunados y otro 10% inoculados. Pero ahora, en cambio, estamos viendo que dos tercios de los pacientes críticos, la mayoría de más de 60 años, están vacunados», explica el Dr. Juan González del Castillo, coordinador del Grupo de Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes). Es decir, un 230% de incremento porcentual.

Ahora bien, eso no quiere decir que las vacunas no protejan ni mucho menos -de hecho son la mejor herramienta para evitar el avance de esta pandemia y el desarrollo de nuevas variantes-, sino que, como pasa por ejemplo con el suero de la gripe, cuando transcurren los meses se pierde su eficacia, «de ahí la importancia de la tercera dosis», incide González del Castillo.