Traducido por el equipo de Sott.net

Ya es suficiente. Es hora de dejar de usar mascarillas o, como mínimo, de eliminar las imposiciones de usar mascarilla en todos los entornos.
masks garbage
Esto es especialmente urgente para los niños en las escuelas y universidades que sufren los efectos de las mascarillas durante largas horas cada día a pesar de tener un riesgo extremadamente bajo de muerte o enfermedad grave por covid.

Tenemos la responsabilidad, de una vez por todas, de rechazar las ridículas y cambiantes narrativas en las que se basan las mascarillas como impedimentos eficaces para la propagación de las infecciones de covid.
En serio, gente: ¡Dejad de comprar mascarillas! NO son eficaces para evitar que el público en general se contagie de #Coronavirus.

— Excirujano general de Estados Unidos, Jerome Adams, en febrero de 2020.
La historia cambió de "las mascarillas no funcionan" a "las mascarillas pueden funcionar" y a "las mascarillas funcionan y debes usarlas". Ahora la narrativa cambia de nuevo: "las mascarillas de tela no funcionan, por lo que debes llevar una mascarilla quirúrgica o 'bien ajustada'", ¡o incluso llevar dos!

Observa que, incluso cuando la covid evoluciona hacia una variante ómicron menos peligrosa, se supone que debemos aumentar el nivel de histeria usando mascarillas destinadas a cirujanos manteniendo un entorno estéril sobre heridas abiertas. Nos lo dicen las mismas figuras políticas, médicas y de los medios de comunicación que se han "equivocado con frecuencia pero nunca han dudado" sobre todo lo relacionado con la covid en los últimos dos largos años. Y hablaron con tanta falsa certeza entonces como lo hacen ahora.

Perversamente, el gobierno de Biden ordenó recientemente 400 millones de mascarillas quirúrgicas N95 para distribuirlas en todo el país. Dado que las mascarillas N95 se consideran desechables, y están pensadas para ser usadas como máximo quizás 40 horas, no está claro qué pasará en una o dos semanas cuando 330 millones de estadounidenses se queden sin su equipo de protección personal "gratuito".

El Reino Unido ha puesto fin sensatamente a la mascarilla obligatoria, tanto en lugares públicos (oficinas y otros lugares de trabajo, bares, restaurantes, eventos deportivos, teatros) como, afortunadamente, en las escuelas. Una joven estudiante universitaria rompió a llorar ante la noticia, lamentando lo inhumano de su experiencia en los últimos dos años. Como declaró el secretario de Sanidad británico, Savid Javid, "debemos aprender a vivir con la covid de la misma manera que vivimos con la gripe".

Amén.

Los argumentos en contra de las mascarillas son sencillos.
  • Las mascarillas no funcionan. O al menos las de tela no lo hacen.
Incluso los CDC admiten ahora lo que el doctor Anthony Fauci dijo al mundo en febrero de 2020: las mascarillas de tela no funcionan y no hay razón para usarlas:
"La típica mascarilla que se compra en la farmacia no es realmente eficaz para mantener alejados los virus, que son lo suficientemente pequeños como para atravesar el material. Sin embargo, podría proporcionar algún ligero beneficio en mantener fuera las gotas gruesas si alguien tose o estornuda sobre ti.

No les recomiendo que lleven mascarilla, sobre todo cuando van a un lugar de muy bajo riesgo".
La Dra. Lena Wen, dudosa experta en medicina de la CNN, que antes era promascarilla, ahora nos dice que las mascarillas de tela son "poco más que adornos faciales". Y el heroico escéptico Dr. Jay Bhattacharya cita un estudio danés y otro bangladesí en los que se constata que las mascarillas de tela son poco eficaces para prevenir la covid.

¿En serio estamos dispuestos a llevar apretadas e incómodas mascarillas quirúrgicas todo el día para evadir la ómicron?
  • Las mascarillas son una porquería.
Los pulmones humanos y nuestro sistema respiratorio están diseñados para inhalar nitrógeno y oxígeno y exhalar dióxido de carbono. El dióxido de carbono es literalmente un producto de desecho, eliminado de la sangre a través de nuestros pulmones. Las mascarillas puede que no atrapen niveles perjudiciales de dióxido de carbono contra nuestra nariz y boca, pero ciertamente se ensucian muy rápidamente si no se cambian constantemente. Además, favorecen la respiración bucal, lo que puede provocar síntomas de "boca de mascarilla", como acné, mal aliento, encías sensibles e irritación de los labios.

¿Por qué íbamos a interferir en la respiración natural a menos que nos sintiéramos mal, presentáramos síntomas y nos preocupara infectar a los demás? Y en ese caso, ¿por qué no quedarnos en casa?
  • Las mascarillas son deshumanizadoras.
Los seres humanos se comunican verbal y no verbalmente, y las máscaras impiden ambas formas. Amortiguan y distorsionan nuestras palabras. Nuestras expresiones faciales son señales importantes para todos los que nos rodean; sin esas señales la comunicación y el entendimiento se resienten. Los bebés y los niños pequeños pueden ser los más afectados, ya que la falta de interacción facial con los padres y los seres queridos impide las conexiones humanas y los vínculos que se forman durante la infancia.


Sin embargo, lo más inquietante son los efectos simbólicos que se producen cuando millones de estadounidenses llevan obedientemente mascarillas basadas en pruebas endebles proporcionadas por personas muy poco impresionantes. La privación del rostro, la ausencia de identidad individual, de personalidad y de aspecto, es intrínsecamente deshumanizadora y distópica. Al igual que los uniformes carcelarios o militares, las mascarillas reducen nuestras características personales. Son bozales, símbolos de la aquiescencia rutinaria a una nueva y fea normalidad que nadie pidió ni votó.
  • El riesgo es inevitable.
El riesgo es omnipresente y muy subjetivo (por ejemplo, el riesgo por covid varía enormemente con la edad y las comorbilidades). Nadie tiene derecho a imponer a los demás intervenciones como las mascarillas, al igual que nadie tiene derecho a un hipotético paisaje libre de gérmenes. La exhalación no es una agresión, salvo que se intente enfermar a otros a propósito. Podría decirse que las personas que llevan mascarillas desprenden un poco menos de partículas del virus covid que las que no las llevan, pero esto no justifica la prohibición de estas últimas de la vida pública. Como siempre, la abrumadora carga de la justificación de cualquier intervención, incluida la mascarilla obligatoria, debe recaer en quienes la proponen, no en quienes se oponen a ella.

En resumen, los estadounidenses no son niños. Las concesiones forman parte de toda política, lo admitan o no los funcionarios. Sabemos coexistir con la gripe, al igual que vivimos con innumerables bacterias y virus en nuestro entorno. Del mismo modo, coexistiremos con la covid. El objetivo no es eliminar los gérmenes, y la covid cero es una absurdez. Un sistema inmunitario sano, construido a través de la dieta, el ejercicio y la luz solar, será siempre la mejor defensa de primera línea contra las enfermedades contagiosas. Pero la dieta, el ejercicio y la luz del sol no pueden ser subcontratados por los funcionarios de salud ni ordenados por los políticos.

Los pequeños beneficios que puedan aportar las mascarillas son una cuestión que deben decidir los individuos por sí mismos. Las personas que se sientan enfermas con síntomas deben quedarse en casa. Todos podemos lavarnos las manos con frecuencia y a fondo. Por lo demás, es hora de que los estadounidenses se impongan frente a las dudosas afirmaciones y la inexistente legalidad de las medidas covid del gobierno.

Es hora de volver a la vida normal, y eso comienza con rostros humanos visibles.