Traducido por el equipo de sott.net

Os dije que esta parte no iba a ser bonita. El colapso de los movimientos ideológicos fascistas y de los cultos fanáticos de la muerte nunca lo es. La Nueva Normalidad está demostrando no ser una excepción.
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© Reuters
Después de tres semanas de desobediencia civil no violenta frente al parlamento canadiense en Ottawa por camioneros y otros ciudadanos canadienses que luchan por defender su derecho a no ser sometidos a la "vacunación" forzosa, Justin Trudeau desató los escuadrones de matones. Miles de policías antidisturbios militarizados (y otros agentes fuertemente armados no identificados) invadieron la zona, rodearon a los manifestantes, empezaron a irrumpir en los camiones y a detener a la gente, y a golpearles con las porras y las culatas de sus rifles.

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En un episodio especialmente desagradable, las tropas de asalto de la Nueva Normalidad se dirigieron con sus caballos directamente a una multitud de manifestantes no violentos, pisoteando a una anciana con un andador. Ella acababa de decir algo a los policías en la línea de "me rompéis el corazón... esto es sobre la paz, el amor y la felicidad". Entonces la derribaron y pasaron sus caballos sobre ella.

A pesar de la abundancia de pruebas de vídeo que muestran claramente lo que ocurrió, la policía de Ottawa trató de darle la vuelta...

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Aquí hay una foto aérea del incidente...

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La gran flecha roja (cortesía de The Marie Oakes) señala el andador de la señora, o la supuesta "bicicleta que asalta al caballo". Es de suponer que la cara de los señores que están encima de ella también hicieron "tropezar" al caballo, o estaban en proceso de hacerlo "tropezar", en el momento en que se tomó esta foto.

Y eso no fue todo. Oh, no, ni mucho menos. La "demostración de fuerza" no hizo más que empezar. Al fin y al cabo, no se trataba de un brote "mayoritariamente pacífico" de disturbios, saqueos e incendios. Se trataba de desobediencia civil no violenta, con castillos hinchables para niños, saunas improvisadas, bocinazos, bailes, barbacoas ilegales y otras formas de actividad "terrorista", que había que aplastar con mano de hierro.

El sábado, los escuadrones de matones sacaron las granadas de aturdimiento, el espray de pimienta y los grandes palos de madera. El domingo por la mañana, ya disparaban a la gente con "armas de impacto no letales de medio alcance". Los operarios de las grúas, con máscaras de esquí de película de terror, se encargaron de retirar los camiones.
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Antes de soltar a los escuadrones de matones el viernes, Trudeau invocó la Ley de Emergencias, suspendiendo la constitución canadiense, que ya había suspendido en 2020 debido a la "pandemia apocalíptica", que es la razón por la que los manifestantes estaban protestando en primer lugar. Estaba previsto que el Parlamento debatiera su autoridad para declarar otro "estado de emergencia", pero, por supuesto, el debate se suspendió abruptamente debido a la "operación policial" masiva que su invocación de la Ley había permitido.

Actuando al amparo de la Ley de Emergencias, anuló inmediatamente el derecho de reunión, ilegalizó las protestas y empezó a amenazar con matar a los perros de la gente y quitarles a sus hijos. A continuación, él y sus tenientes fascistas de la Nueva Normalidad empezaron a congelar las cuentas bancarias de todos y cada uno de los que estaban vagamente relacionados con la protesta de los camioneros. Según un informe de Bloomberg:
"Las órdenes de emergencia exigen que prácticamente todos los participantes en el sistema financiero canadiense (bancos, empresas de inversión, cooperativas de crédito, compañías de préstamos, agentes de valores, plataformas de recaudación de fondos y servicios de pago y compensación) determinen si poseen o controlan la propiedad de una persona que está asistiendo a una protesta ilegal o proporcionando suministros a los manifestantes".
Y, por si todo esto no fuera lo suficientemente fascista, el jefe de la policía de Ottawa ha dejado claro que, una vez que la "represión" haya terminado, perseguirán a todos los que participen en las protestas, los arrestarán y los acusarán de "delitos penales", los someterán a "sanciones financieras" y destruirán sus vidas y familias.

La represión en Ottawa no es una aberración. Como mis lectores recordarán, la Alemania de la Nueva Normalidad prohibió las protestas contra la Nueva Normalidad (es decir, la nueva ideología oficial) en septiembre de 2020, y la policía alemana ha sido absolutamente brutal. Cualquiera que sea considerado un "negador de la covid" está sujeto a la vigilancia de los servicios de inteligencia de Alemania. El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos nos designa como "extremistas violentos domésticos". Lo mismo ocurre en Australia, Francia, Bélgica, Países Bajos y otros países.

He estado describiendo la Nueva Normalidad como una nueva forma de totalitarismo (o fascismo, si lo preferís) durante los últimos dos años, y la he estado documentando desde el principio (ver, por ejemplo, estos hilos de Twitter de marzo de 2020 y abril de 2020, que los editores de OffGuardian han conservado para la posteridad). Ha estado ahí todo el tiempo, a la vista de todos, pero invisibilizado por la narrativa oficial de la covid.

La narrativa oficial se está disolviendo rápidamente, haciendo visible el fascismo de la Nueva Normalidad. Esto está ocurriendo ahora porque los que lo hemos visto desde el principio (y nos hemos resistido todo el tiempo) hemos aguantado lo suficiente como para que se acabe el tiempo. GloboCap no puede mantener la narrativa, así que lo único que les queda es la fuerza fascista bruta.

Tenemos que hacer que GloboCap despliegue esa fuerza, y hacer brillar un gran foco de luz sobre ella, como acaban de hacer los camioneros y los manifestantes en Ottawa. En caso de que alguien esté confundido sobre la táctica, se llama desobediencia civil no violenta clásica. La describí en una columna reciente:
"En otras palabras, tenemos que hacer que GloboCap (y sus secuaces) se vuelvan abiertamente totalitarios... porque no pueden. Si pudieran, ya lo habrían hecho. El capitalismo global no puede funcionar así. Si se vuelve abiertamente totalitario hará que implosione... no, no el capitalismo global en sí, sino esta versión totalitaria del mismo. De hecho, esto ya está empezando a suceder. Necesita la simulación de la 'realidad', la 'democracia' y la 'normalidad' para mantener a las masas dóciles. Así que tenemos que atacar esa simulación. Tenemos que martillearla hasta que se resquebraje y aparezca el monstruo que se esconde en ella. Esa es la debilidad del sistema... El totalitarismo de la Nueva Normalidad no funcionará si las masas lo perciben como totalitarismo, como un programa político/ideológico, en lugar de como una respuesta a una pandemia mortal".
La narrativa oficial está muerta, o moribunda. El Culto Covidiano se está desmoronando. Nadie, salvo los más fanáticos de las nuevas normas, cree que haya una justificación real para imponer la "vacunación" obligatoria, los "campos de cuarentena", la segregación de "los no vacunados" o cualquiera de las otras "restricciones covidianas". "El virus" ya no es una excusa para seguir descerebradamente órdenes ridículas y perseguir a los que nos negamos.

El teatro de la pandemia apocalíptica ha terminado. A partir de ahora es una lucha puramente política.

Ottawa no es el final. Es sólo el principio. Las protestas y otras formas de desobediencia civil están creciendo en todo el mundo... sí, incluso aquí en la Alemania de la Nueva Normalidad. Eso no significa que sea el momento de relajarse. Al contrario, es hora de aumentar la presión. Es hora de hacer que el monstruo se muestre, en toda su fealdad fascista desnuda, y de obligar a todos a elegir un bando.

Sólo hay dos bandos... el fascismo o la libertad.