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Otto Pérez Molina
No es un secreto que la CIA ha tenido históricamente una fuerte presencia en Centroamérica, y Guatemala ciertamente no es la excepción. En 1954 la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos organizó un golpe de Estado que derivó en la instalación de un gobierno militar que duró más de 30 años (bajo distintos nombres). Hace unos días se celebró elección general en Guatemala, con el triunfo parcial del general Otto Pérez Molina, quien, aunque se celebrara una segunda vuelta ante la falta de mayoría absoluta, será casi seguramente el nuevo presidente de Guatemala.

Los gobiernos militares de Guatemala efectuaron sistemáticamente un genocidio de más de 100 mil personas, la mayoría indígenas mayas, que lucharon en la guerrilla contra los gobiernos apoyados por la CIA. Uno de los oscuros personajes que dirigieron en los años 80 estas masacres fue el general Pérez Molina.

La abogada estadounidense Jennifer Harbury ha presentado un caso contra Pérez Molina por el asesinato de su esposo, el comandante maya Efraín Bámaca Velásquez, alias "Everardo", quien fue desaparecido durante la guerrilla. Autoridades guatemaltecas han señalado que Bámaca se suicidó al enfrentar la captura, pero existe evidencia que sugiere que fue torturado y luego asesinado.

Harbury, en entrevista con Amy Goodman de Democracy Now, relata su experiencia averiguando lo que le sucedió a su esposo, la cual forma parte del libro Searching for Everardo: A Story of Love, War, and the CIA in Guatemala, y cobra mayor importancia ante la gran probabilidad de que el general Pérez Molina ocupe la presidencia de este país.

Pérez Molina ha declarado que no estuvo involucrado en la campaña genocida del Alto Quiché en 1982, sin embargo, existe un video en el que Allan Nairn lo entrevista a propósito de un campo de cadáveres, el cual circula en Guatemala. En ese entonces Pérez Molina era oficial de operaciones en Quiché. En un cable de WikiLeaks el embajador MacFarland menciona su nombre y se admite que estaba en comando en la zona donde ocurrió el genocidio, aunque bajo el nombre de Tito Arias.

Un artículo del New York Times de 1996 hace referencia a una investigación conducida por oficiales estadounidenses en la que se narra que la captura y tortura de Bámaca fue ordenada por la presidencia y en ella participaron altos oficiales militares. Habría sido Pérez Molina, entonces jefe de inteligencia militar, quien tomó la decisión final de matar al líder guerrillero, entendiendo que ya se había dicho públicamente que estaba muerto. El Times también menciona el caso del coronel Julio Alpirez, quien recibió un pago de 44 mil dólares de la CIA por su trabajo encubriendo el asesinato de Michael DeVine en Guatamala.

Jennifer Harbury dice que existe información que vincula a Pérez Molina con la CIA. El general que ahora se acerca a la presidencia fue entrenado en la oscuramente ilustre Escuela de las Américas - controlada por la CIA - donde también se formaron Manuel Noriega (el agente de la CIA y presidente de Panamá) y los militares que luego formaron el grupo de los zetas, que tiene en Guatemala una fuerte presencia. Asimismo el periodista Allan Nairn ha encontrado evidencia que liga a Pérez Molina con la CIA.

El años pasado murieron 6 mil personas asesinados en Guatemala, un país que tiene 14 millones de habitantes, así que proporcionalmente supera incluso a la violencia que se vive en México. Una de las claves del triunfo electoral de Pérez Molina es que es visto como la mano dura capaz de solucionar la violencia que asola Guatemala. Sin embargo, como advierte Harbury, buena parte de esa violencia es generada por los mismos militares resultantes de décadas de un gobierno militar y que ahora han tomado el negocio del narco, un negocio que se sospecha tiene nexos con la CIA y con los mismos oficiales militares en el poder.

Por si esto fuera poco, Pérez Molina contó con el favorecimiento de que su único adversario con posibilidades de quitarle el triunfo, Sanda Torres, no fuera admitido en la boleta electoral.

Así las cosas en Guatemala, donde, como en muchas partes de América Latina, la corrupción fomentada por la CIA ha despedazado el tejido social.