Los Dueños del CircoS


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Lo Mejor de la Red: Ningún presidente de EE.UU. puede enfrentar a Israel

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

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"Ningún presidente de EE.UU. puede enfrentar a Israel." Así dijo el batallador almirante Thomas Moorer, Jefe de Operaciones Navales de EE.UU. (1967-1970) y Presidente del Estado Mayor Conjunto (1970-1974). Moorer fue, posiblemente, el último dirigente militar estadounidense con una mente independiente.

El almirante Moorer sabía de lo que estaba hablando. El 8 de junio de 1967, Israel atacó el barco de espionaje estadounidense, USS Liberty, matando a 34 marineros estadounidense e hiriendo a 173. Los israelíes incluso ametrallaron las lanchas salvavidas, acribillando a los marineros estadounidenses que abandonaban el barco atacado.

Al parecer el USS Liberty había captado comunicaciones israelíes que revelaban la responsabilidad de Israel por la Guerra de Seis Días. Hasta hoy en día, los libros de historia y la mayoría de los estadounidenses culpan a los árabes por el conflicto.

La Armada de EE.UU. conocía la verdad, pero el presidente de EE.UU. tomó partido por Israel contra los militares estadounidenses y ordenó que la Armada de EE.UU. se callara. El presidente Lyndon Johnson dijo que todo había sido sólo un error. Más tarde, el almirante Moorer formó una comisión y presentó la verdad desnuda a los estadounidenses.

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Como buen psicópata: Bush justifica la tortura en libro autobiográfico

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© Archivo Terra.esSegún el New York Times, que obtuvo una copia del libro, Bush defiende sus decisiones y anticipa que la historia lo juzgará menos severamente.
El ex presidente norteamericano George W. Bush justifica en un libro autobiográfico a publicarse la semana próxima el recurso a la tortura y admite roces con su controvertido vicepresidente Dick Cheney.

Las memorias "Momentos decisivos" rompen el relativo silencio en que ha permanecido Bush desde que cedió su lugar en la Casa Blanca al presidente Barack Obama hace dos años.

Según el New York Times, que obtuvo una copia del libro, Bush defiende sus decisiones y anticipa que la historia lo juzgará menos severamente que los electores.

Defiende además su decisión de autorizar lo que se denominó "interrogatorios fuertes" como el submarino y técnicas de tortura afines, contra los sospechosos de terrorismo.