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Alicia Capilla Lanagrán, vicepresidenta, de la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma Humano (AAVP) me cuenta que
"una de nuestras asociadas, afectada por esta vacuna, se encuentra ingresada en un hospital por su malestar sin que tampoco haya despertado la conciencia de nadie, autoridades sanitarias incluidas, claro. La joven del País Vasco lleva ingresada desde el 24 de febrero. Los médicos cada vez dan un diagnóstico, los padres están desesperados".
Para Alicia, "la campaña mediática y de marketing que precedió a la inclusión de dicha vacuna en el calendario y que describo en el libro La salud que viene, fue sin duda determinante. Convencida la opinión pública de la necesidad imperiosa de preservar la salud de las menores de un cáncer, tan íntimamente ligado al hecho mismo de ser mujer, el estar a favor de la vacuna se convirtió, más allá de cualquier otro razonamiento científico o médico, en una apuesta progresista, considerándose por lo tanto, de una manera muy simplista, que todos los que se oponían a la misma lo hacían por una razón ideológica. Nada más lejos de la realidad".

Por ello y tras la falta de interés de las autoridades sanitarias por estas jóvenes víctimas de una vacuna sufragada por la Administración, denuncian, una vez más, el "completo abandono" en el que se encuentran las afectadas por los efectos adversos de este producto, "que nunca se hubiera comercializado si se hubiesen aplicado con rigor los procedimientos habituales para la comercialización de productos farmacéuticos", argumenta Capilla.

Llevan razón estas personas cuando afirman que una vez más las mujeres son utilizadas como conejillos de india ante la completa pasividad de quienes tienen que velar por nuestra salud, No es la primera vez que esto sucede pero por desgracia la experiencia no ha servido para alertar a nuestros "servidores públicos". Baste recordar lo que ocurrió con el Vioxx "casualmente" del mismo laboratorio que Gardasil.

El pasado mes de noviembre, cinco jóvenes víctimas más engrosaron la lista de afectadas, sin que este hecho provocara ni el más mínimo sonrojo en quienes nos gobiernan y sólo una mínima repercusión en los medios de comunicaciones, excepcionalmente asépticos al tratar este tema, como casi siempre que está en el punto de mira una vacuna. Muchas otras muchachas sufren desmayos y ausencias, que nunca antes habían padecido, sin que ni siquiera relacionen estos síntomas con el hecho de haberse vacunado. En la actualidad se tienen registradas 737 notificaciones de reacciones adversas en nuestro país.

En tiempos de crisis y recortes sociales y sanitarios urge revisar los criterios por los que el Gobierno del PSOE incluyó esta vacuna en el calendario vacunal, sobre todo ahora que hay un nuevo equipo en el Ministerio de Sanidad. Quien quiera arriesgarse a ponérsela que se la pague de su bolsillo.

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