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Bullseye

Siria: El regreso de las ADM

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"Hay un viejo dicho en Tennessee - sé que es en Texas, probablemente Tennessee - que dice, ''Si me engañas una vez, la culpa... la culpa es tuya. Pero engáñame... ¡no puedes engañarme otra vez!'."

~ Interpretación de Dubya de 'Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos, la culpa es mía', Nashville, Tenn., 17 de sept. 2002
La propaganda anti-Assad está a toda máquina con declaraciones sin fundamento respecto a que el gobierno sirio ha "utilizado armas químicas contra su propio pueblo". Contra esta situación de defectuosa y evocativa retórica, recientemente Israel lanzó mortíferos ataques aéreos sobre territorio sirio. Como en el plagio de un libro o la repetición de una grabación, estamos observando nuevamente la mentira de las 'Armas de Destrucción Masiva' (ADM) que condujeron a la invasión ilegal de Irak hace diez años.

La investigadora de la ONU, Carla del Ponte, informó que de haberse utilizado gas sarín en Siria, fue por parte de fuerzas rebeldes opositoras apoyadas por EEUU, y no por las fuerzas del presidente Bashar al-Assad.

El incriminatorio hecho adicional es que los 'rebeldes' sirios a los que occidente está armando son, en realidad, facciones terroristas de 'Al-Qaeda', según se admitió en el periódico francés Le Monde y reforzado por una admisión del New York Times. Como los tantos rebeldes de Azawadi del norte de Mali que el año pasado desertaron del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad uniéndose a Al-Qaeda en la Maghreb islámica y a otros frentes de la CIA previo a la intervención militar a escala completa por parte de los poderes occidentales en enero del 2013, los 'rebeldes' del Ejército Sirio Libre están consolidando su lealtad a (y aportando sus recursos) Jabhat al-Nusra, "un socio de Al Qaida que opera en Siria" responsable por los ataques en las fronteras con Turquía y el Líbano.

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El psiquiatra que "descubrió" el TDAH confesó antes de morir que "es una enfermedad ficticia"

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Leon Eisenberg, el psiquiatra que "descubrió" el TDAH
A la psiquiatría hace tiempo que se le ve el plumero. Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada.

Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de Pediatría DSM (la biblia de los psiquiatras) y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de la salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que "descubrió" el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.

El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la población alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que "el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia".

Los inicios del TDAH

Los primeros intentos por tratar de explicar que había niños con TDAH sucedieron en 1935. Por aquellos tiempos, los médicos habían tratado por primera vez a niños de primaria con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse en lo que se les pedía, bajo el diagnóstico de síndrome post-encefálico. Fue un intento que no cuajó porque claro, la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.
Heart - Black

El Dr. Oz investiga los peligros de las amalgamas dentales


El mercurio utilizado en la odontología es una fuente importante de contaminación ambiental. Cuando se toman en cuenta los costos ambientales y los costos de limpieza, entonces las amalgamas son el material de restauración dental más caro en el mundo
La amalgama dental es un producto primitivo que contamina el medio ambiente. Es un remanente anticuado de la época de la Guerra Civil- que está compuesta en casi un 50 por ciento por mercurio, una neurotoxina bien conocida.

Además de los riesgos de salud relacionados con poner mercurio en sus dientes, también está el problema de la contaminación ambiental causado por la industria dental. Una vez liberado en el medio ambiente, el mercurio dental se convierte en metilmercurio y contamina a los peces, que son la principal fuente alimenticia de mercurio en los Estados Unidos.

A pesar de la evidencia, la Asociación Dental Americana (ADA) continúa defendiendo el uso de amalgamas dentales, negándose a reconocer los problemas inherentes y los riesgos relacionados con el mercurio dental.

La ADA también fue una de las fuerzas pro-mercurio que buscó que las amalgamas dentales fueran exentas del tratado ambiental sobre el mercurio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP).1

Afortunadamente, a principios de este año el plan fracasó. El 19 de enero del 2013, más de 140 naciones acordaron el tratado, dando origen al "Convención de Minamata contra el Mercurio"2 que incluye una disminución gradual en todo el mundo del uso de amalgamas dentales para reducir la contaminación por mercurio. Sin embargo, las vacunas que contienen mercurio fueron excluidas del tratado.

Por suerte cada vez más dentistas y profesionales de la salud han comenzado a darse cuenta de este problema y le están dando la espalda a esta práctica arcaica. Según una encuesta, el 52 por ciento de los dentistas estadounidenses informaron que ya no están colocando amalgamas en las bocas de sus pacientes.

Sin embargo, los especialistas siguen siendo mucho más propensos a utilizar empastes de mercurio- cuatro de cinco especialistas siguen utilizando amalgamas. El año pasado, la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York anunció que las amalgamas ya no formarán parte del material de restauración que es enseñado a los estudiantes.
Bizarro Earth

Sociedad ponerizada: El sangriento espectáculo de Woolwich

Nos enseña Michel Foucault en sus cursos de los años 70 que es necesario distinguir entre dos formas de dominio de las poblaciones: la disciplina y el control. La disciplina pretende normalizar a los individuos de tal modo que su conducta sea previsible y "normal". Lo consigue mediante aparatos como la cárcel, la escuela, el cuartel o la fábrica fordista, todos ellos basados en un mismo dispositivo o esquema de poder teorizado por Jeremy Bentham y cuya genealogía fue investigada por Michel Foucault en Vigilar y castigar: el panóptico. El panóptico es un dispositivo por el cual una persona situada en recinto que ocupa el centro de un espacio cerrado sin obstáculos a la visión, puede observar, idealmente sin ser vista, a todas las personas comprendidas en ese espacio, de modo que, sabiéndose siempre potencialmente controlados, los individuos encerrados en ese espacio adecuan "espontáneamente" sus conductas a la norma. Numerosas prisiones siguen este esquema.

El control prescinde de esta normalización individualizada y gestiona globalmente la conducta de las poblaciones determinando, no a nivel atómico sino a nivel molar, los límites aceptables de esa conducta sin recurrir a ninguna norma ni valor previos. Una sociedad de control permite así, por ejemplo, ciertos niveles de violencia y de delincuencia, integrándolos en un cálculo utilitarista que compara ventajas e inconvenientes de las diversas conductas y establece sus niveles aceptables de peligrosidad o de riesgo. La corrupción puede así convertirse en una práctica delictiva perfectamente aceptable en cuanto agiliza las transacciones mercantiles y ciertos niveles de violencia pueden también tolerarse en función de su utilidad para una muy rentable industria de la seguridad y del control (Rigouste).

La sociedad de control es también una sociedad del espectáculo en cuanto muestra de manera casi exhaustiva la cotidianidad pacífica o violenta a través de medios de observación perfeccionados. Estos medios no tienen, sin embargo, una finalidad disciplinaria como el panóptico de Bentham en el cual todo individuo internado en un espacio de encierro (fábrica, prisión, escuela etc.) se sabía potencialmente observado y ajustaba su conducta a este temor. Hoy, la observación es total: las cámaras de vigilancia están presentes en todos los rincones de nuestras calles y a veces, incluso en las casas, pero el espacio observado es un espacio abierto y, sobre todo, no existe, como ya se dijo, una norma establecida a priori que se intente imponer a las conductas. Se ha perdido, como afirma el discurso ordinario, todo horizonte, todo norte moral. Lo único que cuenta es el resultado global. No se trata ya como en el régimen disciplinario de que no ocurran acontecimientos "anormales", sino de que estos acontecimientos se conozcan públicamente a través de la visión, como espectáculo y puedan ser objeto de una constante evaluación comparativa sin unidad de medida ni valor previo. La propia violencia cambia así de sentido y se convierte en un acto que sus propios actores saben destinado a ser visto. Añádase a esto que las funciones de observación que eran en el régimen disciplinario un monopolio del Estado hoy se han privatizado mediante la profusión de cámaras privadas que van de las cámaras de seguridad de las viviendas o los comercios a las cámaras portátiles que llevan hoy incorporados casi todos los modelos de teléfono móvil.

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