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La crítica encrucijada mexicana: "Quien olvida su historia está condenado a repetirla"

© Sott.net
Las elecciones presidenciales en México están a la vuelta de la esquina. Bueno, "elecciones", es decir, la imposición de una nueva marioneta; el psicópata elegido para continuar con la oligarquía patológica en este país. Marioneta que, por supuesto, la élite gobernante (nacional y extranjera), espera que cumpla con todas sus expectativas y promueva sus agendas. Un demagogo cargado con una plétora de promesas y propuestas vacías que supuestamente "beneficiarán al país".

Ya llevamos muchísimos años cayendo en las mismas mentiras, una, otra y otra vez. Pareciera que las promesas de campaña son los placebos de los votantes. Oímos a los candidatos hablar con su tono carismático y robotizado característico, e inmediatamente nos olvidamos de nuestra historia; y tal parece que desde hace un tiempo de eso vivimos, promesas, ilusiones y castillos en el aire. Cuando no se cumplen, cuando la ilusión se desvanece (muy rápidamente por cierto), nos quejamos y los insultamos a sus espaldas... y eso es todo.

Después de muchos años, seguimos cargando a cuestas a esta banda de patológicos que lo único que les interesa son sus bolsillos y el poder, sin importar los medios o las consecuencias en las vidas de los demás, vampirizando al pueblo hasta la última gota. Parece un ciclo bastante viciado y ya bien gastado. En lo personal, ya estoy harto, ¿ustedes no? Si no es así, mis respetos por la increíble resistencia, nada más cuiden de no rayar en el masoquismo.

Bien, empecemos con el buen George Carlin para abrir esta queja escrita:

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Handcuffs

Legislar Contra El Amor: La Ley De Violencia De Género Y La Construcción Del Estado Policial Y Totalitario

© Desconocido
La ley de Violencia de Género de 2004 (en adelante LOVG) fue aprobada por unanimidad en un parlamento mayoritariamente masculino (solo el 36% de los parlamentarios eran mujeres). La anuencia general que ha tenido esta legislación expresa su importancia capital para el Estado y la sitúa en la misma categoría que las directrices fundamentales del sistema como lo es la Constitución de 1978.

Los datos de su aplicación son estremecedores: El 13% de la población reclusa son varones castigados por delitos tipificados en la ley, una parte importante de esos delitos, de ser cometidos por mujeres, tendrían la categoría de faltas y no conllevarían penas de cárcel. Durante los primeros cinco años de vida de la ley más de cien mil hombres han sufrido algún tipo de condena o medida penal. El gobierno considera que las cien mil denuncias anuales que se producen no representan sino la cuarta parte de las que se deberían poner (1) por lo que hay que calcular que si los varones encarcelados por violencia de género son nueve mil en este momento podrían llegar pronto a las treinta y seis mil, es decir, incrementaría la población reclusa en un 50% creándose auténticos campos de concentración. Por otro lado, la aplicación de esta norma no solo no ha resuelto el problema de la muerte de mujeres por sus parejas sino que las víctimas (2) han seguido aumentando, un crecimiento que es producto precisamente del enconamiento, el resentimiento y la hostilidad que la ley, la machacante propaganda de los medios y el sistema educativo, entre otras causas, genera en las relaciones de los sexos.

Tal normativa tiene efectos muy beneficiosos para la máquina estatal capitalista que azuza la discordia entre mujeres y hombres como pretexto para seguir ampliando el estado militar y policial y la judicialización de la vida social a la vez que ensaya procedimientos excepcionales para el control y dominación de la población civil como las pulseras de seguimiento y vigilancia y para la manipulación mental masiva a través de las medidas (judiciales o no) de reeducación como las que actualmente se llevan a cabo con los hombres para la creación de lo que llaman la "nueva masculinidad".
USA

La idiotez como arma de destrucción masiva

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.

Borges escribió: "Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez". Como mente preclara, Borges pensaba, con razón, que la mente es el mayor bien de las personas, porque sin mente las personas no son nada. Cuanto más opresivo sea un sistema político, por lo tanto, mayor será su ataque contra las mentes de sus súbditos, porque a ningún dictador, rey o sistema totalitario le basta con oprimir y explotar, sino que debe, y repito debe, convertir a sus pueblos en idiotas. Cada bala injusta viene precedida, acompañada y luego seguida de una serie de mentiras idiotas, pero ya estamos tan acostumbrados a una dieta tan estúpida, que nuestra intelectualidad trepanada ni siquiera se aparta de sus ocupaciones habituales.

Las personas cuerdas no consienten el asesinato, el robo y la violación, mucho menos que las asesinen, roben o violen; y menos todavía para que sus amos se enriquezcan. Por eso se agreden sus mentes lo más rápido y lo más duramente posible. De ahí el lavado de cerebro interminable por parte de los medios, desde la cuna y, literalmente, hasta la tumba. Obsesionadas por los monitores que parpadean, ahora incluso se condicionan las mentes de los infantes para que estos se conviertan en idiotas aturdidos antes de que vayan al jardín de infancia, para iniciar el proceso vital de convertirse en demócratas y republicanos dóciles que griten consignas.

Sí, los salvajes mataban, pero, como simios y monos, nuestros antepasados, trataban mayoritariamente de intimidar y provocar para evitar los conflictos. Francamente, no había muchos asesinatos después de la haka. No eliminaban ciudades enteras defecando metal que explota desde el cielo, ni se sentaban en una oficina cómoda bien iluminada acariciando un joystick para eyacular misiles al otro lado del planeta. Fuego del infierno de los drones para todos vosotros, con páginas de esclavitud de deudas y austeridad patrocinadas por los bancos, más una recarga ilimitada de mierda pop estadounidense. ¿Quieren un suicidio público con eso? No, señor, estos salvajes tienen que tomar cursos de difusión virtual de nosotros, los sofisticados, cuando se habla de genocidio, ecocidio o cualquier otro tipo de "cidio" que podáis imaginar. Cuando hablamos de salvajismo puro, sin adulterar, esos brutos extraños no nos ganan en nada a nosotros - ciudadanos de la red en conexión permanente - tan relajados con las patas en alto en el brillante apartamento de la colina de la-pena-capital-para-todo-el-mundo.
Compass

Sobre la psicología de los niños de la calle

© ape
Si bien el término "niños de la calle" es muy impreciso, hay consenso tanto en círculos académicos como políticos en considerarlos como una realidad derivada de la pobreza estructural y de la aglomeración en grandes centros urbanos. El fenómeno cobra especial relevancia en los países del Sur, históricamente pobres en el reparto del mundo que se viene dando desde la modernidad. Cantidades enormes de niños en distintas ciudades del mundo, fundamentalmente en las regiones más pobres, viven hoy en las calles sin la atención ni supervisión de adultos. Su número exacto no está precisado, peros se considera que, como mínimo, puede haber no menos de cien millones.

En el trabajo con niños de la calle se pone un especial énfasis en la dimensión educativa. Quienes se dedican a ello habitualmente son llamados "educadores". La idea que alienta las intervenciones tiene que ver con lo pedagógico: los niños deben ser reeducados, o educados, dado que, por sus circunstancias de vida, lo han sido poco o nada. Pero quizá aquí pueda abrirse una pregunta: aquello de que carecen ¿es sólo educativo? ¿Su cambio existencial pasa por enseñarles un nuevo estilo de vida?

La experiencia nos demuestra que los menores que viven en las calles saben acerca de su condición, sobre los problemas que les trae aparejado su modo de vida y los beneficios que les traería otra alternativa. Pero curiosamente es más probable que no abandonen la calle. Pareciera que el saber no garantiza nuevas actitudes.

Es ante este acto siempre incomprensible para el sentido común que surge el interrogante sobre sus motivaciones. Si saben acerca de los daños que ocasiona la droga, ¿por qué siguen usándola? Si en los albergues de las instituciones que cuidan de ellos se les brinda todo lo que no tienen: comida, abrigo, amor, respeto, ¿por qué se marchan tan frecuentemente de ellos? Si están más que informados que la vida en la calle lleva casi invariablemente, previo paso por cárceles y hospitales, a la muerte, ¿por qué no cambian sus hábitos?

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