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© Georgia Tech -Danielle Dixson
El pez Gobidon histrio está entre el coral Acropora nausuta in un territorio de los arrecifes de la isla Fiji Islands. The coral iestá en contacto con la verde alga Chlorodesmis fastigiata, la cual está atacando al coral.
Los corales de la isla Fiji demostraron que no se necesita tener un cerebro para tener conciencia del peligro de las algas tóxicas, y cuando se sienten amenazados piden auxilio a los peces, según un estudio publicado por el Instituto Tecnológico de Georgia Tech, el 8 de noviembre.

Las señales que emiten estos corales son químicas "como una llamada de emergencia al 911", y los peces gobio, que viven en estos territorios, responden a de inmediato, demostrando una relación simbiótica entre ambos para eliminar a los intrusos, destaca el equipo de científicos.

"Esta especie de coral están reclutando guardaespaldas", dijo Mark Hay, profesor de la Escuela de Biología de Georgia Tech.

"Hay una danza cuidadosa matizada con los olores, que permite que todo esto suceda", explica el profesor Hay.

"Los peces han evolucionado para recibir las señales de olor que libera el coral en el agua, y muy rápidamente se hacen cargo del problema", agrega el científico.

"Esto tiene lugar muy rápidamente, lo que significa que debe ser muy importante, tanto para el coral y los peces. El coral libera una sustancia química y los peces responden de inmediato", reporta en su informe.

Las algas compiten con los corales por el espacio submarino, las dañan e incluso las cubren y matan a través del sobrecrecimiento.

Los corales proporcionan a su vez un hábitat para los gobios, y los protegen de otros depredadores. Estos peces se alimentan del mucus de coral, las algas, así como del plancton en el agua.

El equipo de investigación comprobó que al colocar filamentos del alga tóxica fastigiata Chlorodesmis, en el coral Acropora nasuta, diferentes especies de gobios se movieron hacia el lugar de contacto en cuestión de minutos y comenzaron a recortar las algas.

El grupo científico demostró que la señal que atrae a los peces la emiten los corales y no el alga invasora.

Para determinar esto realizaron pruebas en que los peces sólo se acercaron cuando se desarrollaron reacciones químicas por parte del coral.

Estas reacciones químicas olorosas del coral fueron en respuesta a la sustancia tóxica expulsada por el alga. Los investigadores aislaron las sustancias tóxicas para crear muestras simuladas con y sin este elemento y detectaron que no es el alga la que llama a los peces.

El pez logró reducir el daño aque producen las algas a sus anfitriones en una relación simbiótica mutualista. En los lugares ocupados con estos peces, los investigadores observaron que las algas disminuyeron un 30% en período de días y las cantidad de daño se redujo en un 70 a 80%, en comparación con los lugares donde los corales no contaron con este auxilio, donde fueron dañados severamente.

Un estudio mas profundo demostró que la especie de Gobidon histrio es la que realmente se come a las algas nocivas, mientras que los demás peces solo las muerden sin comerlas.

Otra particularidad que destaca el estudio es que los peces Gobidon histrio al comer estas algas tóxicas se vuelven menos atractivos a los depredadores.

El profesor Hay y el investigador Danielle Dixson de Girogia Tech anunciaron que esperan continuar con sus investigaciones en otros arrecifes y observar si estas respuestas simbióticas se dan con otras especies.
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© Georgia Tech-Cody Clements
Danielle Dixson de Georgia Tech mide la fotosíntesis de los corales en isla Fiji
"Este tipo de interacciones positivas necesita ser mejor entendido porque nos dicen algo acerca de las presiones que han pasado a través del tiempo en estos corales", dice Hay.

"Si ellos han evolucionado para enviar señales a estos gobios cuando un competidor se presenta, entonces la competencia ha sido importante a lo largo del tiempo evolutivo".

La investigación se realizó como parte de un estudio a largo plazo de las señales químicas en los arrecifes de la isla Fiji dirigida para la comprensión de estos ecosistemas que se encuentran amenazados y para el descubrimiento de sustancias químicas que puedan ser útiles como productos farmacéuticos.

El estudio contó con el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias, los Institutos Nacionales de Salud y la Fundación Teasley en Georgia Tech.