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Todos los policías de la ciudad mexicana de Marcos Castellanos, en el estado de Michoacán, han renunciado a su cargo. Los agentes se sentían desprotegidos y temen por sus vidas.

El secretario de gobierno señaló que los últimos seis policías "se sintieron numéricamente en desventaja" ante la delincuencia organizada y prefirieron renunciar.

La decisión se fraguó tras una emboscada a finales del año pasado en la que murieron cuatro agentes del orden, y otros cinco resultaron heridos de gravedad. En aquel episodio fue secuestrado otro oficial que, a día de hoy, permanece en paradero desconocido.

Así las cosas, la policía federal y la policía estatal, además de personal de la Secretaría de la Defensa Nacional, se han hecho cargo temporalmente de la seguridad de Marcos Castellanos, localidad de 20.000 habitantes.

No se trata del primer caso de renuncia en masa de la policía local en pueblos pequeños. A mediados de 2012, el 90% de la policía de la ciudad de San Francisco de Conchos, en el estado norteño de Chihuahua, escribió una carta de renuncia, lo que dio origen a una ola de violencia en la ciudad.