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Existe mucha controversia acerca del uso de dietas cetogénicas y su posible efecto sobre el riesgo cardiovascular, un gran número de publicaciones encuentran en humanos beneficios a corto y largo plazo. Parece ser que las dietas low-carb, además de reducir el peso corporal, mejoran el perfil lipídico aumentando el colesterol HDL y reduciendo los niveles de triglicéridos. Cuando la dieta cetogénica se basa principalmente en proteínas reduce los niveles de colesterol LDL y triglicéridos y aumentan el colesterol HDL.

Cuando la dieta cetogénica se basa principalmente en grasas se produce también una reducción los niveles de triglicéridos y aumento del HDL, pero a diferencia, en algunas publicaciones encuentran un aumento de los niveles de LDL. Éste aumento del colesterol LDL, se debe analizar bien, ya que parece ser que provocan un descenso de las partículas de pequeño tamaño y un aumento de los de gran tamaño, lo que significa que siguen mejorando el perfil lipídico. Además, según muchas publicaciones parece ser que los beneficios se mantienen o hasta mejoran con el tiempo.

Respecto al metabolismo de la glucosa y los niveles elevados de insulina, varias investigaciones realizadas con humanos obesos, parece ser que reducen los niveles de glucosa en ayunas y los niveles de insulina circulante de forma significativa. En un artículo publicado en New England Journal of Medicine compararon dietas bajas en grasa con dietas bajas en carbohidratos y observaron como después de 6 meses las dieta low-carb eran más efectivas para la recuperación de la sensibilidad a la insulina. Ésta reducción de los niveles de insulina se han relacionado también con una mejora de la tensión arterial, ya que los niveles elevados de ésta hormona son la causa principal de hipertensión asociada a la obesidad. Igualmente una mayor ingesta de proteínas se relaciona con mejores niveles de tensión arterial.

Otro de los beneficios a nivel cardiovascular es la mejora de la capacidad antioxidante endógena de las células. Parece ser que los cuerpos cetónicos aumentan la actividad de la enzima glutatión peroxidada, una de las enzimas con mayor capacidad antioxidante de las mitocondrias. Esto es realmente interesante, no sólo para la prevención del riesgo cardiovascular, sino también para la prevención de enfermedades neurodegenerativas.

Posibles efectos secundarios

Algunas personas asocian a las dietas cetogénicas a algunos efectos secundarios, como un aumento del riesgo de cáncer, problemas renales y hepáticos o alteraciones del sistema nervioso central.

Aunque es un tema muy controvertido, en investigaciones en humanos, el seguimiento de dietas cetogénicas parece ser que producen una reducción del tamaño y el peso del tumor, posiblemente por una reducción de la disponibilidad de glucosa en las células cancerosas. Estados de ayuno intermitente parece ser que producen efectos muy parecidos.

También han demostrado tener un efecto seguro sobre la función renal y hepática en sujetos sanos. Las hipótesis que se manejan es que éste tipo de dietas han sido habituales durante nuestra evolución y hemos generado una buena adaptación a dicha situación.

En una situación de ayuno o estado de cetosis fisiológica el cerebro puede llegar utilizar hasta un 61% de su energía a partir de cuerpos cetónicos, por lo que se propone que las personas que se inician en éste tipo de dietas pueden notar falta de energía cerebral los primeros días hasta que su metabolismo se vuelve claramente lipolítico. Una vez se está adaptado la sensación es de ausencia de hambre y energía. En Pediatrics Research observaron como el cuerpo cetónicos 3-HB podía reducir el daño cerebral provocado por una situación de hipoxia en niños recién nacidos (ésta alimentación es la situación fisiológica en todos los niños recién nacidos alimentados con leche materna). Igualmente, existen centenares de publicaciones que demuestran los beneficios de una dieta cetogénica para el tratamiento de la epilepsia en niños, adolescentes y hasta en adultos.