
La mítica fundación de Estados Unidos por los Padres Peregrinos, en 1620, se presenta tradicionalmente con el éxodo de los "puritanos" disidentes de la Iglesia anglicana inglesa. Supuestamente estos huyeron del "Faraón" -en realidad, el rey Jacobo I de Inglaterra-, redactaron un "Pacto" mientras cruzaban el mar Rojo -en realidad el océano Atlántico- y fundaron la colonia de Plymouth. Es por eso que los estadounidenses se consideran un "Pueblo Elegido", como los judíos.
Todos los presidentes estadounidenses han defendido esa narración, todos sin excepción, desde George Washington hasta Donald Trump [1]. Ese mito se celebra cada año, durante el Día de Acción de Gracias (el Thanksgiving Day), el cuarto jueves de noviembre.
El apoyo de Estados Unidos al Estado de Israel es, por consiguiente, una evidencia nunca discutida públicamente.
El verdadero fundador del sionismo contemporáneo no fue un judío sino un cristiano dispensacionalista, el reverendo William Eugene Blackstone (1841-1935), un predicador estadounidense que consideraba que los verdaderos cristianos no tendrían que pasar por las vicisitudes del "Fin de los Tiempos". Según este predicador, los verdaderos cristianos serían elevados al cielo durante la batalla final (lo que se suele denominar como el "arrebatamiento" o el "rapto de la Iglesia", en inglés the Rapture), mientras que los judíos librarían aquella batalla, de la que saldrían victoriosos y convertidos a la fe de Cristo [2].













Comentario: Hace un par de días, Trump declaraba que un alto al fuego en la región incluía disparos, pero no muchos.