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En la entrega anterior, estuvimos analizando algunos hechos históricos cruciales para la historia contemporánea, y vimos cómo existe una revolución mundial orquestada desde hace siglos que se encuentra por encima de los sistemas con los que funcionan las sociedades - capitalismo, socialismo, comunismo, etc.-.

También llegamos a la conclusión de que existe una especie de oscura tradición patocrática que ha tenido una larga continuidad en la historia, y en el mundo actual vemos el resultado de sus acciones.

¿Cómo afecta psicológicamente a la población? ¿De qué manera afecta a nuestra forma de percibir las realidad y a nosotros mismos? ¿Cuán somos de manipulables? En esta segunda entrega, vamos a hablar de ello.

Es importante conocer los mecanismos de manipulación que utilizan los patócratas para subyugarnos y anular el pensamiento propio de las personas. A medida que crece nuestro conocimiento sobre los métodos de manipulación y control, descienden las posibilidades de ser subyugado.

Propaganda

Edward Bernays fue uno de los padres de lo que se conoce como la nueva propaganda. En su libro "Propaganda", Bernays describe algunos de los mecanismos que una vez engranados servirían para influir en la mente de los ciudadanos.
La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país.

Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar. Ello es el resultado lógico de cómo se organiza nuestra sociedad democrática. Grandes cantidades de seres humanos deben cooperar de esta suerte si es que quieren convivir en una sociedad funcional sin sobresaltos.

A menudo, nuestros gobernantes invisibles no conocen la identidad de sus iguales en este gabinete en la sombra. Nos gobiernan merced a sus cualidades innatas para el liderazgo, su capacidad de suministrar las ideas precisas y su posición de privilegio en la estructura social. Poco importa qué opinión nos merezca este estado de cosas, constituye un hecho indiscutible que casi todos los actos de nuestras vidas cotidianas, ya sea en la esfera de la política o los negocios, en nuestra conducta social o en nuestro pensamiento ético, se ven dominados por un número relativamente exiguo de personas [...] que comprende los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos quienes mueven los hilos que controlan el pensamiento público, domeñan las viejas fuerzas sociales y descubren nuevas maneras de embridar y guiar el mundo. - Edward Bernays, Propaganda
Bernays estaba convencido de que la población debía ser sometida y manipulada para que las sociedades funcionasen. Una típica declaración esquizoide. Durante décadas fue una de las personalidades más influyentes en los círculos gubernamentales y corporativos en cuestiones propagandísticas.

Es evidente que cada día de nuestras vidas somos bombardeados con todo tipo de propaganda, ya sea sutil o directamente. La propaganda tiene como fin imponer una forma concreta de pensamiento respecto a lo que se quiere vender o instaurar, ya sean unas zapatillas deportivas o una ideología política o religiosa. Es una característica consustancial de cada aspecto de la realidad social, corporativa, política y demás sectores que componen la civilización, ya que es el mecanismo que promueve la instauración de una forma de control. Y claramente, la propaganda tan sólo sirve a los fines propuestos por sus creadores, sin ninguna intención de satisfacer al público; en todo caso, le crea necesidades para que desee o acepte aquello que está siendo patrocinado.

Sistema 1 y Sistema 2

Como ya es sabido, la forma de operar de la psique humana se divide en dos. Una parte es la conocida como inconsciente, la cual rige nuestra conducta, forma de pensar, emocionarnos, etc., sin que nosotros nos demos cuenta. La otra parte es aquella de la que somos conscientes, es decir, la que consideramos el "yo", pero que generalmente no tiene real poder sobre el individuo a la hora de tomar una determinación. De hecho esta parte consciente podría definirse como la punta del iceberg del contenido del "yo".

El psicólogo y economista Daniel Kahneman, en su libro "Pensar rápido, pensar despacio", describe los procesos inconscientes y automáticos como Sistema 1 y los conscientes como Sistema 2. Veamos a qué se refiere exactamente Kahneman con estos apelativos.
- El Sistema1 opera de manera rápida y automática, con poco o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario.

- El Sistema2 centra la atención en las actividades mentales esforzadas que lo demandan, incluidos los cálculos complejos. Las operaciones del Sistema2 están a menudo asociadas a la experiencia subjetiva de actuar, elegir y concentrarse.

[...]

Cuando pensamos en nosotros mismos, nos identificamos con el Sistema2, con el yo consciente, racional, que tiene creencias, hace elecciones y decide qué pensar y qué hacer. Aunque el Sistema2 crea estar donde está la acción, el protagonista del libro es el automático Sistema1. Describo el Sistema1 como el que sin esfuerzo genera impresiones y sentimientos que son las fuentes principales de las creencias explícitas y las elecciones deliberadas del Sistema2. Las operaciones automáticas del Sistema1 generan patrones de ideas sorprendentemente complejos, pero solo el lento Sistema2 puede construir pensamientos en una serie ordenada de pasos. Describo también las circunstancias en las que el Sistema2 toma las riendas, anulando los irresponsables impulsos y asociaciones del Sistema1. Invito al lector a pensar en los dos sistemas como dos agentes con sus particulares aptitudes, limitaciones y funciones.

He aquí algunos ejemplos de las actividades automáticas que atribuimos al Sistema1 ordenadas según su complejidad:

- Percibe que un objeto está más lejos que otro.
- Nos orienta hacia la fuente de un sonido repentino.
- Completa la expresión «pan y...».
- Nos hace poner «cara de desagrado» cuando vemos un cuadro horroroso.
- Detecta hostilidad en una voz.
- Responde a 2 + 2 = ?
- Lee las palabras de las vallas publicitarias.
- Conduce un coche por una carretera vacía.
- Encuentra una buena jugada de ajedrez (en quien es ajedrecista).
- Entiende frases sencillas.
- Reconoce que un «carácter disciplinado y metódico obsesionado con el detalle» responde a un estereotipo profesional.

Las capacidades del Sistema1 incluyen destrezas innatas que compartimos con otros animales. Nacemos preparados para percibir el mundo que nos rodea, reconocer objetos, orientar la atención, evitar pérdidas y temer a las arañas. Otras actividades mentales se vuelven rápidas y automáticas con la práctica prolongada. El Sistema1 ha aprendido a hacer asociaciones entre ideas (¿La capital de Francia?); también ha adquirido habilidades como la de interpretar y entender matices en situaciones sociales. Algunas habilidades, por ejemplo, descubrir buenas jugadas de ajedrez, solo las adquieren expertos especializados. Otras son ampliamente compartidas. Detectar la semejanza de un esquema de personalidad con un estereotipo profesional requiere un amplio conocimiento del lenguaje y de la cultura, que la mayoría de las personas poseen. El conocimiento es almacenado en la memoria y se accede a él sin intención ni esfuerzo.

Las muy variadas operaciones del Sistema2 tienen un rasgo común: Requieren atención y resultan perturbadas cuando la atención se aparta de ellas. He aquí algunos ejemplos:

- Estar atento al disparo de salida en una carrera.
- Concentrar la atención en los payasos del circo.
- Escuchar la voz de una persona concreta en un recinto atestado y ruidoso.
- Buscar a una mujer con el pelo blanco.
- Buscar en la memoria para identificar un ruido sorprendente.
- Caminar a un paso más rápido de lo que es natural.
- Observar un comportamiento adecuado en una situación social.
- Contar las veces que aparece la letra a en una página de texto.
- Dar a alguien el número de teléfono.
- Aparcar en un espacio estrecho (para todo el mundo menos para los empleados del garaje).
- Comparar dos lavadoras para saber cuál es mejor.
- Rellenar el impreso de la declaración de la renta.
- Comprobar la validez de un argumento lógico complejo.

En todas estas situaciones es necesario poner atención, y si no se está preparado o la atención no es la adecuada, las actividades correspondientes se realizarán peor o no se realizarán en absoluto. El Sistema2 tiene cierta capacidad para cambiar la manera de trabajar del Sistema1 programando las funciones normalmente automáticas de la atención y la memoria. Si, cuando esperamos a un pariente en una estación con mucho ajetreo, por ejemplo, buscamos voluntariamente a una mujer con el cabello blanco o un hombre con barba, la probabilidad de divisar de lejos a nuestro pariente aumenta. Podemos recurrir a la memoria para buscar en ella capitales que empiecen por N o novelas existencialistas francesas. Y si alquilamos un coche en el aeropuerto londinense de Heathrow, el empleado probablemente nos recuerde que hemos de «circular por el lado izquierdo de la carretera». En todos estos casos se nos pide hacer algo que no hacemos de forma natural, y descubrimos que la constancia en una tarea requiere que hagamos continuamente algún esfuerzo.

[...]

La división del trabajo entre el Sistema1 y el Sistema2 es muy eficiente: Minimiza el esfuerzo y optimiza la ejecución. Esta disposición funciona bien la mayor parte del tiempo, porque el Sistema1 es en general muy bueno en lo que hace: Sus modelos de situaciones familiares son adecuados, sus predicciones a corto plazo suelen ser también adecuadas, y sus respuestas iniciales a los retos son rápidas y generalmente apropiadas. Sin embargo, en el Sistema1 hay sesgos, errores sistemáticos que es propenso a cometer en circunstancias específicas. [...] en ocasiones responde a cuestiones más fáciles que las que se le están planteando, y entiende poco de lógica y estadística. Otra limitación del Sistema1 es que no puede ser desconectado. Si nos muestran en la pantalla una palabra en un idioma que conocemos, la leeremos, a menos que nuestra atención esté totalmente concentrada en otra cosa.
El Sistema1 rige en gran medida la forma de percibir la realidad e influye en la toma de decisiones. No tenemos control sobre ello. En el contexto del presente artículo, diremos que somos vulnerables ante una propaganda creada para afectar directamente a los procesos inconscientes, a partes específicas del cerebro primitivo. De hecho, desde hace más de un siglo, éste ha sido el objetivo de la propaganda: "atacar" a la emocionalidad del sujeto, a los instintos, para conseguir el objetivo propuesto.

Hoy en día los métodos propagandísticos han alcanzado una gran sofisticación. Las grandes corporaciones y los gobiernos se sirven de la ciencia para afectar de manera precisa ciertas zonas del cerebro, ya sea para fomentar una forma de consumo o inculcar una manera de pensar.

Neuromarketing

Desde el origen de la competencia corporativa, siempre ha sido el objetivo de las multinacionales lanzar una sugerente publicidad con el fin de incitar el consumo de un producto. Pero a medida que la ciencia ha avanzado, en este caso la neurociencia, los métodos propagandísticos ya no sugieren simplemente el consumo de un producto, sino que penetran directamente en la psique del receptor -concretamente en el Sistema 1- con el fin de crear expectación, lealtad y necesidad de consumo a la población.

Esta mezcla de neurociencia y propaganda es llamada Neuromarketing.

A través de experimentos con cobayas humanas - quizá el término puede sonar hiriente, pero considero que es así, ya que se utilizan personas, aunque sean voluntarias, para experimentar-, se gestan los métodos para crear una propaganda que penetre, como hemos dicho, en la profundidad de la psique del espectador. Para ello, se experimenta con dichos voluntarios haciéndoles ver propaganda mientras estudian sus reacciones cerebrales a través de Resonancias Magnéticas funcionales, EEG y demás instrumentos científicos que permiten detectar y medir el funcionamiento del cerebro ante una situación.

Con los resultados de estas pruebas, se estudian nuevas maneras de captar consumidores de una bebida gaseosa, un automóvil, videojuegos, películas, etcétera, etc. La publicidad es minuciosamente preparada para afectar a determinadas zonas del cerebro, aquellas que puedan asegurar que vamos a convertirnos en consumidores fieles del producto ofertado.

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Martin Lindstrom, experto en marketing y autor de la obra "Comprología", señala que, muchas campañas de marketing, como por ejemplo, la propaganda emitida por la compañía Apple -la cual, como todos sabemos, tiene a su alrededor una gran masa de consumidores que rozan el fanatismo-, estimulan la zona del cerebro relacionada con la sensación de pertenencia, la afiliación, y de igual manera el miedo o la huida: la zona que comúnmente se conoce como cerebro reptil, o paleocórtex. Lindstrom descubrió que dicha propaganda estimula la misma zona que activa en un individuo la "religiosidad". Es decir, el sentido de pertenencia y al mismo tiempo el miedo al castigo o a ser expulsado o apartado de la comunidad, es estimulado por la religión y el marketing a su vez. Quizá, a sabiendas de esto, cobra un sentido más objetivo alegar que el consumismo es la religión imperante en nuestro días.

Pero el neuromarketing no termina ahí. Sus implicaciones son vastas. La política no es menos. Se sirve de sus métodos para conseguir votos o convencer a la población de que el mismo gobierno hace lo correcto. Observen por ejemplo "La Cueva", el megacerebro informático que se encargó de crear la campaña electoral de Obama. Una maniobra de neuromarketing que resultó ser muy eficiente.

Manuel Freytas nos brinda una explicación sobre la extensión del uso del neuromarkenting a otras esferas de la civilización.
La extensión del uso

Los experimentos utilizados en la experimentación de las Imágenes por Resonancia Magnética Funcional, también son aplicados en el campo de la información orientada al control de la conducta social con fines políticos.

Pero hay que aclarar que estas técnicas de exploración y manipulación mental (orientadas a promover el consumo) no inventan contenidos sino que simplemente detectan y potencian tendencias consumistas que el individuo tiene incorporadas como esquema referencial de su existencia en sociedad.

Las técnicas exploratorias indagan en las reacciones emocionales, en los miedos y deseos, que los individuos tienen registrados en sus contenidos mentales y psicológicos, de un sistema social (el capitalismo [AG: hijo de la patocracia]) que hace del consumo de productos la principal vía de aceptación y realización social.

Pero así como estas técnicas permiten potenciar el consumismo de productos, también (aplicadas en otras áreas) sirven para potenciar a escala masiva candidatos electorales, proyectos políticos, reglas de conductas y normas sociales impuestas por el sistema sobre la base del deseo de aceptación o el temor al rechazo.

Después de los atentados en Londres las cadenas televisivas y los grandes diarios titulaban en molde "catástrofe": "Los ataques terroristas en Londres desatan el temor mundial", o el "El terrorismo amenaza al mundo", rezaban algunos de esos titulares.

Los titulares iban acompañados de imágenes catastróficas, con caos y terror reflejados en los rostros de los que lograron escapar de los atentados en el metro de Londres.

Esas imágenes y titulares fueron repetidos hasta el infinito durante las primeras veinticuatro horas, con las grandes cadenas trasmitiendo en vivo, mientras los conductores y analistas recreaban sin cesar las consignas de "miedo al terrorismo".

Distintos experimentos con técnicas de exploración cerebral en EEUU, demostraron que la recreación en imágenes, titulares y sonidos de los actos terroristas producía reacciones de miedo y rechazo paralizante en el cerebro de los participantes.

Sobre la base de estos experimentos, se elaboraron luego la estrategia y las consignas de la "guerra contraterrorista" impuesta a escala masiva como un recurso aceptado y masivo para terminar con la "amenaza terrorista".

O sea que, sobre la base de la detección del "miedo", se elaboró luego el producto "deseado", la "guerra contraterrorista" vendida masivamente como la "solución".
Siendo entonces la propaganda - manipulativa en su esencia- una condición sine qua non del funcionamiento de las sociedades patocráticas, y que influye de manera arrolladora en la forma de pensar y percibir la realidad, nos encontramos con una gran duda: ¿Cuándo pensamos por nosotros mismos y cuándo somos pensados por la propaganda? Y aún otra cuestión: ¿Somos capaces de detectar y reconocer cuándo somos manipulados?

Posiblemente el lector conteste a estas dos cuestiones que no es alguien manipulable, que no se deja llevar fácilmente por la corriente, o algo parecido. Pero si pensamos en que nos regimos por la emocionalidad y los procesos inconscientes - Sistema 1-, quizá ya no podamos estar tan seguros de ello.

El Efecto Tercera Persona

El sociólogo W. Phillips Davidson acuñó el término Efecto Tercera Persona para definir la tendencia a creer que los demás son más volubles ante la propaganda que uno mismo. Según explica el mismo Davidson, una de las razones principales para que se dé este efecto, es porque las personas suelen sentirse menos influenciables debido a que creen que son más capaces de discernir la manipulación de la realidad, mientras consideran que los demás no tienen la misma agudeza. Es decir, que por norma general, las personas suelen sentirse interiormente - y exteriormente también en muchas ocasiones- superior de alguna manera a los demás.
A finales de los años '80 y principios de los '90 algunos psicólogos se dieron a la tarea de investigar estas creencias. Su principal objetivo era analizar cuanto las personas se creían susceptibles a los mensajes persuasivos, y por ende, cuanto podrían llegar a cambiar su actitud. El tipo de experimento que se desarrolló por aquellos tiempos pedía a los participantes que mirasen un anuncio publicitario, que leyeran un artículo de un diario o cualquier otro medio donde se transmitiese un mensaje persuasivo. Luego los investigadores pedían a los participantes que evaluaran cuanto este material influía en ellos y cuánto podría influir sobre las otras personas. Como es de suponer, una buena parte de las personas pensaba que era poco influenciable mientras que, ese mismo contenido publicitario, podría tener grandes efectos persuasivos sobre los otros. El principal problema de estos experimentos es que nunca se llegó a contrastar la influenciabilidad percibida con los comportamientos y actitudes de las personas en la realidad. No obstante, una cosa quedó clara: las personas se creían infalibles ante los mensajes persuasivos mientras que consideraban que estos mismos mensajes afectarían las decisiones y comportamientos de los otros.
Es una realidad que el ser humano suele sobreestimarse, ya sea como mecanismo de autodefensa del yo o por pura y simple vanidad auto recreadora. Lo que uno mismo ha de comprender es que es igual de influenciable que el resto de las personas. El Efecto Tercera Persona es un velo psicológico que no nos permite ver las cosas tal cual son, ya que es un regocijo para el propio ego, lo cual nos complica la búsqueda de la Verdad.

Así pues, si tan influenciables somos ante los estímulos externos, somos realmente vulnerables a la manipulación e inculcación de una forma de pensar y percibir la vida. Un claro ejemplo de cómo nos relacionamos con los demás a través de pensamientos que por definirlo de alguna manera, no son originalmente nuestros, son los discos.

Los discos

Por analogía, las relaciones entre las personas son semejantes a las de un CD de música, con sus tracks grabados en él. Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, hace un hábil comentario sobre estos discos que se activan cuando iniciamos un diálogo con otras personas en los diferentes ámbitos de nuestras vidas.
"[...] Tal sistema es amplio, orde­nado y está unido de un dispositivo - el de las asociaciones - por el cual el disco que llega a su término hace saltar, automáticamente, otro disco cuyo contenido se asocia al primero [AG: aunque dicha asociación sea contradictoria en su contenido]. Del mismo modo, el disco que gira en el interlocutor puede provocar en nosotros, siempre por asociación, la puesta en marcha de un disco correspondiente. Así es como nace el diálogo y, en general, la conversación.

Este procedimiento es mecánico. Se lo observa fácilmente en el curso de una conversación entre personas que se conocen poco. Tal diálogo cae forzosamente al nivel elemental de los intereses más banales: el tiempo, las novedades políticas o locales. Se oyen los discos ponerse en marcha y girar sin interrupción, pasar de una persona a otra mientras los rostros permanecen fijos en una mueca que, en el consenso general, testimonia una actitud amable.

El grabado de los discos se lleva a cabo prácticamente hasta el infinito; la discoteca es amplia y el aparato registrador muy sensible. Cuando alguien habla, es posible distinguir con bastante facilidad si están girando los discos o si habla desde el fondo de sí mismo, en cuyo caso emplea un lenguaje de imágenes, rústico, a veces torpe. En el primer caso, el lenguaje se torna encantador. Es importante hacer estas observaciones sobre sí mismo a fin de constatar estas variaciones de lenguaje. En un momento es Yo quien habla; luego, insensiblemente, no es más Yo, un disco grabado empieza a girar en mí. Cosa curiosa: una vez puesto en marcha es casi imposible detenerlo mientras no ha agotado su contenido.

Hay discos que se conservan cuidadosamente; otros esperan nuevas graba­ciones. Una serie especial suele representar la técnica profesional. Cada uno, en la esfera de su actividad, crea una colección de discos - inconscientemente, es claro - que utiliza para cubrir las necesidades de su profesión.

Pero al lado de esos discos hay otros cuyo contenido carece de sentido y no corresponden ni a necesidades ni a hechos. A esta categoría pertenece, por ejemplo, el estilo anecdótico, esas pequeñas historias espirituales o que así lo parecen a quien las cuenta. La observación interior permitirá descubrir todo un repertorio compuesto de esa clase de disco. Este descubrimiento ofrece posibili­dad de trabajar con miras a dominar la irrupción de esta clase de discos y a tratar de eliminarlos completamente. Para ello es preciso, en primer lugar, aprender a distinguirlos de los discos útiles y provistos de sentido, mediante el análisis de su contenido y por el "sabor" interior que provoca su puesta en marcha, como también por la entonación característica que adquiere la voz. En segundo lugar debe tratarse de captar el instante mismo de su aparición, ya que en ese preciso instante es posible hacerse amo de esos discos y suprimir los que son inútiles."
Los discos fueron "grabados" desde la infancia. Ya sea por imitación, inculcación o propia experiencia, las personas hacen saltar sus discos de manera casi indefinida, adaptándose a las circunstancias que "pide" cada situación de la vida. Y ya que el aparato registrador de los discos es muy sensible, imaginemos cuánta de la propaganda recibida durante la vida ha configurado nuestra personalidad.

Invito al lector a que observe en sí mismo esta manera de proceder, y podrá descubrir actitudes en él mismo que posiblemente no imaginaba.

Un aspecto curioso sobre los discos es el de la contradicción existente entre unos y otros. Existe una marcada ambitendencia que, según el estímulo que nos afecte, hará que surja un disco que se contradirá con otro disco, e incluso ése otro disco puede ponerse en funcionamiento al momento siguiente de usar el primero.

Por ejemplo, imaginemos cómo dos personas conversan sobre política durante una campaña electoral y se pasan durante largo rato criticando a la élite política en su totalidad, comentando que lo políticos son unos ladrones, corruptos, mentirosos y demás improperios que solemos oír en la gente. Pero luego, en el momento de ir a votar, la propaganda electoral les habrá convencido de que voten al partido de izquierda o de derecha; votarán a aquel que han criticado previamente - que suelen ser todos, a no ser que sea un afiliado de un partido-. Durante la campaña electoral, saltarán de un disco al otro, diciendo lo malos que son los políticos, y al mismo tiempo, justificarán su voto, hablarán del programa político del partido al que han votado y demás. Y así, hasta el infinito, en la multitud de ámbitos de sus vidas.

La Guerra por tu mente
"Mientras Ud. descansa, mientras Ud. consume, mientras Ud. goza de los espectáculos que le ofrece el sistema, un ejército invisible se está apoderando de su mente, de su conducta y de sus emociones. Su voluntad está siendo tomada por fuerzas de ocupación invisibles sin que Ud. sospeche nada. Las batallas ya no se desarrollan en espacios lejanos, sino en su propia cabeza. Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios, sino de una guerra por conquista de cerebros, donde Ud. es el blanco principal. El objetivo ya no es matar, sino controlar. Las balas ya no apuntan a su cuerpo, sino a sus contradicciones y vulnerabilidades psicológicas. Su conducta está siendo chequeada, monitoreada, y controlada por expertos. Su mente y su psicología están siendo sometidas a operaciones extremas de guerra de cuarta generación. Una guerra sin frentes ni retaguardias, una guerra sin tanques ni fusiles, donde Ud., es a la vez, la víctima y el victimario." Manuel Freytas
Los métodos de hacer la guerra han cambiado a lo largo de los tiempos. Pero con el desarrollo del proceso técnico, la metodología militar cambió de forma radical, marcando cada paso evolutivo diferentes etapas. Cada generación ha utilizado métodos más complejos a medida que han evolucionado la tecnología y la Inteligencia de los departamentos de Defensa de los gobiernos patocráticos.

La Guerra de Primera Generación tiene su origen en la aparición de las armas de fuego. El campo de batalla era el tablero de juego, y primaban la estrategia y el orden para vencer al enemigo. Algunos ejemplos son la Guerra de la Independencia de Estados Unidos o las Guerras Napoléonicas.

La Guerra de Segunda Generación viene con la Revolución Industrial. Gracias al proceso técnico, esta segunda generación se caracteriza por la capacidad de movilizar grandes masas de un ejército y el uso de artillería pesada. La Primera Guerra Mundial es uno de los más claros ejemplos de Guerra de Segunda Generación.

La Guerra de Tercera Generación se inicia sobre todo en la Segunda Guerra Mundial. Sus rasgos distintivos hacen referencia, por un lado, a la mecanización de la guerra, con el uso de, por ejemplo, los carros de combate, los cazabombarderos, submarinos y demás artilugios. Por otro lado, otra de las características principales de esta generación es la guerra relámpago o Blitzkrieg, utilizada ya en el pasado para evitar la guerra de trincheras, destruir los puntos logísticos del adversario y sorprender al enemigo; ahora, gracias a la mecanización, supone un grado de eficiencia devastador para las líneas enemigas. Uno de los objetivos principales no es la destrucción absoluta del enemigo, sino atacar a sus puntos frágiles para debilitarlo - bombardeando fábricas de suministros o atacando a civiles, por ejemplo-. Otros ejemplos de guerra de tercera generación son la Guerra de Irak de 2003 y la Guerra de Líbano de 2006.

La Guerra de Cuarta Generación

La Cuarta Generación de las etapas evolutivas de la guerra toma un cariz distinto a las otras. En palabras de Manuel Freytas, la Guerra de Cuarta Generación es:
"En su definición técnica, "Guerra Psicológica", o "Guerra sin Fusiles", es el empleo planificado de la propaganda y de la acción psicológica orientadas a direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de la armas.

Los ejércitos militares, son sustituidos por grupos operativos descentralizados especialistas en insurgencia y contrainsurgencia, y por expertos en comunicación y psicología de masas."
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El objetivo de este tipo de operaciones ya no es un enemigo en concreto, sino la sociedad misma. El fin: el control absoluto de la población. Y cuando hablamos de control absoluto, nos estamos refiriendo al control de la voluntad humana, de instaurar dentro de cada mente un gobernador que dictamine como debemos pensar, sentir y actuar.

Los medios de comunicación nos indican qué es lo que debemos creer respecto a todo. Nos engañan continua y deliberadamente sobre lo que ocurre en el mundo, nos entretienen apartándonos de la realidad, y designan cómo tenemos que vivir en todas nuestras facetas. Nos dicen qué música debemos escuchar, cómo hemos de vestir y a quién necesitamos votar.

La sanidad que nos venden es un engaño; nos recomiendan cómo debemos alimentarnos basándose en los estudios que proporcionan las grandes corporaciones del sector alimentario, sugiriéndonos comer veneno para tener una vida sana.

Los círculos científicos oficiales son un nido de corrupción; la psiquiatría nos quiere hacer creer que somos unos trastornados mentales o que lo seremos, y la tecnología y el desarrollo están enfocados mayoritariamente en la industria de la guerra y en el capricho de los consumidores por obtener artilugios cada vez más avanzados.

Todo proyecto que mire por el bien común de la humanidad es sencillamente ocultado y/o destruido.

La educación que reciben los infantes está basada en todo lo descrito más arriba, es una preparación para convertir a los niños en carne de cañón de una sociedad moralmente muerta, destructivamente viva.

Vivimos en una prisión invisible, y esta es la prisión de nuestra mente. Somos conducidos como ovejas por lobos en piel de cordero los cuales nos guían con sus artimañas directamente al matadero. Pero no nos damos cuenta de ello. Y esto es porque vivimos en una hipnosis permanente. Nuestras creencias están tan arraigadas en la psique que no queremos desmontar nuestras ideas y prejuicios sobre cómo son las cosas porque ésa cárcel mental, aunque vivamos a disgusto en ella, nos proporciona una seguridad y confort que no nos invita a buscar una vida sana. Sabemos que nos engañan, sabemos que destruyen cada día nuestra integridad y la de nuestros hijos, pero aun así, presas del pánico y de nuestro sentido de pertenencia a una sociedad enferma, no nos atrevemos a eliminar el autoengaño que nos somete.

La cuestión aquí no es pensar únicamente en la metodología que utilizan los perpetradores de las operaciones de guerra psicológica, sino tener presente la idea de que el Sistema de Control nos dio su mente -¿recuerda el lector la mente del predador de Castaneda?-. Eso significa que las personas también SON el Sistema. Los individuos no son un hecho aislado del Sistema, sino que son parte de él. Boris Mouravieff define de forma clara lo que es el Sistema de Control, lo que él llama Ley General:
"Como una célula de la humanidad, el hombre forma parte de la vida orgánica de la Tierra. Esta vida, en su conjunto, representa un órgano muy sensible de nuestro planeta, jugando un importante rol en la economía del sistema solar. Como una célula de este órgano, el hombre se encuentra bajo la influencia de la Ley General, la cual lo mantiene en su lugar. De hecho, esta ley le concede cierto margen o tolerancia. Le permite cierta libertad de movimiento dentro de los límites establecidos. Dentro de estos límites, que objetivamente son muy limitados, aunque subjetivamente parecen vastos, el hombre puede dar rienda suelta a sus fantasías y ambiciones. Sin ir más lejos en la definición de estos límites y descripción detallada de los componentes de esta Ley General, podemos decir a modo de ejemplo que uno de esos factores es el hambre: la servidumbre de trabajar para asegurar nuestra subsistencia. La cadena: instinto sexual, procreación; y la preocupación de los padres por sus hijos, es otro factor. El máximo esotérico que se aplica a estos aspectos de la vida se concibe así: el amor carnal es necesario para el bien común".
Los individuos somos células de un gran sistema que se nutre de las acciones de las mismas, imponiendo su ley a todos sin excepción, tanto a nivel "físico" como a nivel hiperdimensional. Y aunque probemos a rebelarnos, si primero no se cristaliza el trabajo sobre sí, dicha rebelión no funcionará de ninguna manera. Y en el caso en que una rebelión funcionara, no duden en que simplemente es la Ley General la que lo permite, ya que el nuevo orden impuesto volverá a repetir los mismos gestos del sistema anterior. Aunque parezca paradójico, un nuevo orden establecido es objetivamente la continuación del orden milenario de la Patocracia. La rebelión, en todo caso, es interna primero. Sin eso, no se puede hacer nada.

¿Y qué hacer?

El panorama presentado es desalentador y pesimista, pero es real. Y si las revoluciones sociales no son el camino, ¿dónde está la salida?

Lo crucial en esto es la transformación interna. Es uno mismo el que ha de cambiar su percepción de la vida, trabajar en uno mismo con una dieta adecuada que intoxique nuestro cuerpo lo menos posible; comprender nuestra psique y cómo actúa, limpiando nuestros traumas ocasionados durante la vida; eliminar los perjudiciales patrones sociales y familiares que hemos seguido hasta ahora; obtener conocimiento y desarrollar el discernimiento - recuerden, el conocimiento protege y la ignorancia nos pone en peligro-. Practicar una respiración adecuada para el organismo y trabajar en la meditación para beneficiar nuestro cuerpo y nuestra mente. Y desarrollar la capacidad de amar verdaderamente, con el fin de dar a los demás para contribuir al bien común.

Lo aquí descrito de manera muy muy resumida - que al lector asiduo de Sott.net le será familiar-, tiene dos objetivos: uno es el trabajo sobre sí propiamente dicho, y dos, con una limpieza continuada a todos los niveles, ayudar a los demás a que trabajen sobre sí, contribuir e incentivar el pensar por uno mismo. Si uno cambia, los que están a su alrededor pueden cambiar de forma positiva.

Pero no nos equivoquemos. No hablo en términos de la Nueva Era refiriéndome a que "si yo cambio todo cambiará porque el mundo es un reflejo de mí mismo". No es tan sencillo. Me refiero a que si uno mismo, respetando siempre el Libre Albedrío de los demás, ayuda a aquel que esté dispuesto a ser ayudado - reitero, una vez uno mismo ha trabajado y continúa trabajando sobre sí-, podrá contribuir a que las personas puedan expandir su conciencia y conocimiento de la Realidad. El que no quiera hacerlo, es su elección, y es respetable. Es normal sentir indignación o tristeza al ver que la mayoría de personas no desean Conocer y Trabajar, pero es necesario trascender eso y respetar la decisión de cada uno. A eso se le llama en el lenguaje del Cuarto Camino Consideración Externa. Antes de definirla, definamos el estado común de la mayoría de gente, la Consideración Interna. Gurdjieff dijo:
"Hay varias clases de consideración.

"En la mayoría de los casos un hombre se identifica con lo que piensan los demás de él, con la forma en que lo tratan, con la actitud que tienen hacia él. Un hombre piensa siempre que los demás no lo aprecian lo suficiente, que no son suficientemente corteses o atentos. Todo esto lo atormenta, lo preocupa, lo vuelve receloso y hace que desperdicie una cantidad enorme de energía en conjeturas o en suposiciones; de esta manera desarrolla en él una actitud desconfiada y hostil respecto a los demás. Cómo lo han mirado, lo que se piensa de él, lo que se dice de él, todo esto toma una importancia enorme a sus ojos.

"Y no solo «considera» a las personas sino también a la sociedad y a las condiciones históricas. Todo lo que a tal hombre le desagrada le parece injusto, ilegítimo, falso e ilógico. Siempre el punto de partida de su juicio es que las cosas pueden y deben ser cambiadas. La «injusticia» es una de las palabras que sirven a menudo de máscara para la «consideración». Cuando un hombre se convence de que lo que lo subleva es una «injusticia», el dejar de considerar equivaldría para él a «reconciliarse con la injusticia» [AG: Tengamos en cuenta que Gurdjieff se refiere a la visión subjetiva y egoísta de una persona, no al enfoque objetivo de la Búsqueda de la Verdad y el Cambio].

"Hay personas capaces no sólo de «considerar» la injusticia o el poco caso que se les hace, sino de «considerar» aun el estado del tiempo. Esto parece ridículo, pero es un hecho: la gente es capaz de considerar el clima, el calor, el frío, la nieve, la lluvia; pueden enojarse e indignarse contra el mal tiempo. El hombre toma todo de una manera personal, como si todo en el mundo hubiese sido dispuesto especialmente para complacerlo o por el contrario para causarle desagrado y fastidio.

"Todo esto no es sino una forma de «identificación» y se podrían citar muchas otras formas. Este tipo de consideración se basa enteramente en las «exigencias». El hombre en su fuero interno «exige» que todo el mundo lo tome por alguien notable, a quien cada cual debería constantemente mostrar respeto, estima y admiración por su inteligencia, su belleza, su habilidad, su sentido del humor, su presencia de ánimo, su originalidad y todas sus otras cualidades. Esta «exigencias» se basan a su vez en la noción completamente fantástica que la gente tiene de sí misma, lo que sucede muy a menudo aun con personas de apariencia muy modesta. En cuanto a los escritores, actores, músicos, artistas y políticos, son casi sin excepción unos enfermos. ¿Y de qué sufren? Ante todo de una extraordinaria opinión de sí mismos, luego de exigencias y finalmente de «consideración», es decir de una predisposición para ofenderse por la menor falta de comprensión o de apreciación.

"Hay todavía otra forma de «consideración» que puede quitarle al hombre una gran parte de su energía. Tiene como punto de partida la actitud que consiste en creer que no considera lo suficiente a otra persona y que ésta se ofenda por esto. Comienza a decirse que quizá él no piensa lo suficiente en esta otra persona, que no le presta suficiente atención y que no le da un lugar suficientemente grande. Todo esto no es sino debilidad. Los hombres se tienen miedo unos a otros. Y esto puede llegar muy lejos. He visto estos casos muy a menudo. Un hombre puede llegar de esta manera a perder el equilibrio, si alguna vez lo tuvo, y conducirse de manera completamente insensata. Se molesta contra sí mismo, y siente cuan estúpido es, pero no se puede detener, porque en este caso, de lo que se trata es precisamente de «no considerar».

"Otro ejemplo, quizá peor aún, es el del hombre que considera que según él «debería» hacer algo, mientras en realidad no tiene absolutamente nada que hacer. «Deber» y «no deber» es un problema difícil: es difícil comprender cuándo un hombre realmente «debe» y cuándo «no debe». Esta cuestión no se puede abordar sino desde el punto de vista de la «meta». Cuando un hombre tiene una meta, debe hacer exclusivamente lo que le permita acercarse, y nada que pueda alejarlo de ella.

"Como ya lo he dicho, las personas se imaginan a menudo que si comienzan a combatir la «consideración» en sí mismas, perderían su sinceridad y tienen miedo porque piensan que en este caso perderán algo, una parte de sí mismas. Aquí se produce el mismo fenómeno que en las tentativas de lucha contra la expresión de las emociones desagradables. La única diferencia es que en este último caso el hombre lucha contra la expresión «exterior» de sus emociones y en el otro, contra la manifestación «interior» de emociones que quizás sean las mismas.

"Por supuesto este miedo de perder su sinceridad es un engaño, una de esas fórmulas engañosas en que descansa la debilidad humana. El hombre no puede impedir el identificarse ni el «considerar interiormente», no puede impedir el expresar sus emociones desagradables, por la sola razón de que es débil. La identificación, la consideración, la expresión de emociones desagradables son manifestaciones de su debilidad, de su impotencia, de su incapacidad de dominarse. Pero como no quiere confesarse esta debilidad, la llama «sinceridad» u «honradez», y se dice a sí mismo que no desea luchar contra su sinceridad, cuando de hecho es incapaz de luchar contra sus debilidades.

"La sinceridad, la honradez, son en realidad algo totalmente diferente. Lo que por lo general se llama «sinceridad» es simplemente un rehusar a refrenarse. En lo más profundo de sí mismo todo hombre lo sabe bien. De manera que cada vez que pretende no perder su sinceridad, se miente a sí mismo."
Sobran palabras. Estas situaciones las vive interiormente cualquier persona y las ve en los demás cada día de su vida. La Consideración Exterior es entonces:
"Lo contrario de la consideración interior - la consideración exterior - constituye en parte un medio de lucha contra ella. La consideración exterior se basa en una especie de relación con la gente que es totalmente diferente de la consideración interior. Es una adaptación a la gente, a su comprensión y a sus exigencias. Al considerar exteriormente, un hombre realiza todo lo necesario para hacerse la vida más fácil a sí mismo y a los demás. La consideración exterior necesita un conocimiento de los hombres, una comprensión de sus gustos, de sus hábitos y de sus prejuicios. Al mismo tiempo, la consideración exterior requiere un gran poder sobre sí mismo, un gran dominio de sí. Sucede muy a menudo que un hombre desea sinceramente expresar o mostrar a alguien de una u otra manera lo que realmente piensa de él o lo que siente respecto a él. Si es débil, cede naturalmente a su deseo, tras lo cual se justifica diciendo que no quería mentir, que no quería fingir, que quería ser sincero. Luego, se convence a sí mismo de que la culpa era del otro. Quería realmente considerarlo y aún estaba dispuesto a ceder, no quería disputas, etc... Pero el otro rehusó considerarlo, así que no había nada que hacer con él. Sucede a menudo que un hombre comienza con una bendición y termina con una injuria. Decide no considerar a los demás y después los censura por no considerarlo a él. Este ejemplo muestra cómo la consideración exterior degenera en consideración interior. Pero si un hombre se recuerda realmente a sí mismo, comprende que el otro es tan máquina como él. Entonces se pondrá en el lugar del otro. Al hacerlo, llegará a ser realmente capaz de comprender lo que el otro piensa y siente. Si se puede comportar así, su trabajo se vuelve mucho más fácil para él. Pero si se acerca a un hombre con sus propias exigencias, no obtendrá sino una nueva consideración interior.

"Es muy importante en el Trabajo una justa consideración exterior. A menudo sucede que hombres que comprenden muy bien la necesidad de la consideración exterior en la vida, no comprenden esta necesidad en el trabajo; deciden que justamente porque trabajan sobre sí mismos, tienen el derecho de no considerar. Mientras que en realidad, en el trabajo, es decir para que éste sea eficaz, es necesario diez veces más consideración exterior que en la vida corriente, porque solamente la consideración exterior del alumno puede mostrar su valoración y su comprensión del Trabajo; en efecto, los resultados del Trabajo son siempre proporcionales a la valoración y a la comprensión que se tiene de él. Recuerden que el trabajo no puede comenzar y proseguir en un nivel más bajo que el del «hombre de la calle», es decir, en un nivel inferior al de la vida ordinaria. Es un principio de los más importantes, que es olvidado muy fácilmente."
Si una persona practica la empatía, poniéndose en el lugar de las personas de su alrededor, las relaciones con los demás pueden mejorar mucho. El trabajo sobre sí y la comprensión de porqué la propia personalidad es como es, permite comprender a la persona que tenemos en frente. De esta manera crece dentro de uno mismo el respeto real hacia los demás, un respeto mayor que la mera y falsa cortesía social que solemos utilizar para relacionarnos. Ése respeto se transforma en Amor, que proviene del conocimiento sobre sí, aportando luz sobre uno mismo y también en los demás. Como dicen los C's, "el Amor es Luz que es Conocimiento". Quién conoce ama, crea y preserva su Libre Albedrío.

El Trabajo sobre sí no es un lecho de rosas. Darse cuenta de que todo o casi todo lo que uno creía sobre sí mismo y del mundo es más bien una mentira, un producto de las circunstancias personales, familiares, sociales y demás aspectos de la vida, es un proceso duro. Es duro porque se apagan las ilusiones; ésos aspectos disociativos o "programas" que hacen las veces de blindaje respecto a la propia realidad, comienzan a no ser útiles. Ésa autodefensa que utiliza la mente deja de servir, y uno mismo se queda desnudo ante la realidad. Y eso permite empezar a ver las cosas desde una nueva perspectiva. Se empieza a comprender uno a sí mismo, y también a los demás. Es en ése punto dónde comienza el Trabajo real, cuando dejamos de engañarnos a nosotros mismos.

Pero no es un camino en solitario. El trabajo en red, con un grupo de personas colineares que tengan un objetivo en común, es imprescindible. Gracias al trabajo en red y a la función de espejo, uno puede ver cosas de sí mismo - de cómo operan el Sistema1 y el Sistema2, por ejemplo- que no podría haber visto en solitario, y viceversa. También ayuda a aprender de los demás, de sus experiencias, sus reflexiones, de sus propios procesos internos, y a compartir los propios.

Es un trabajo arduo y continuado, un proceso largo, en el que uno se desmonta a sí mismo para volver a montarse de nuevo a base de aprendizaje y perseverancia.