Traducido por el equipo de SOTT.net

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Otra admirable cualidad humana que ha seguido el camino del dodo. Sin duda desapareció de mi vida muy tempranamente, si es que alguna vez estuvo ahí. Si tuviera que elegir la principal cosa que se ha interpuesto en mis objetivos, diría que es la falta de disciplina. En mi caso, no ha sido una falta
total, pero está ahí arriba, en lo más alto de la lista.
Entonces, ¿qué es exactamente la disciplina? Una forma simplista de definirla sería esta: practicar la disciplina significa hacer de forma constante algo que no aporta un placer inmediato, pero que al final te permite alcanzar los objetivos que realmente deseas. Y aquí vuelve a aparecer la gratificación instantánea, esa pequeña y malvada embaucadora que parece ser el enemigo público número uno en estos días.
Seguro que todos conocéis el experimento del malvavisco. Realizado a finales de los años 60 y principios de los 70 por el psicólogo Walter Mischel en la Universidad de Stanford, ponía a prueba la gratificación diferida en niños en edad preescolar. Se dejaba a un niño solo en una habitación con un malvavisco (o, a veces, una galleta o un pretzel). Podían comérselo de inmediato o esperar entre 15 y 20 minutos a que el investigador regresara y obtener
dos malvaviscos a cambio. Algunos niños se lo comían inmediatamente. Otros se distraían, se tapaban los ojos o cantaban canciones para resistirse.
Estudios de seguimiento realizados a lo largo de décadas demostraron que los niños que esperaban más tiempo solían obtener mejores resultados en la vida: puntuaciones más altas en el SAT, un mayor nivel educativo, un IMC más bajo y menos problemas de impulsividad o adicción en el futuro. No era una investigación científica perfecta — estudios posteriores cuestionaron su capacidad para predecir el éxito — , pero
la idea central se mantiene: la capacidad de resistir la tentación inmediata a cambio de una recompensa mayor en el futuro es importante.Lo importante es señalar que esto se hizo con
niños. Como adultos, se supone que sabemos más: esperar, ser pacientes, mantener la disciplina y cosechar mayores recompensas. Ja, ja. Estoy seguro que, cuando era niño, me habría zampado el primer malvavisco, y ahora, si lo sustituyeran por galletas, haría exactamente lo mismo.
Comentario: 8/10. En general, son buenos consejos, pero no hay que cerrar la mente a las posibilidades que se encuentran en los límites de la realidad.