Piensa cuántas veces te ha dicho tu jefe, entrenador, madre o cónyuge que debes empezar o dejar de hacer algo. Los comerciales y las redes sociales te venden docenas de ideas de cambio - desde Jack Welch, el gurú de liderazgo, hasta Anthony Robins, el flamante orador motivacional, y Ross Gardner, el
instagramer de Florida conocido como fat2fitdoctor que ha bajado 200 libras de peso naturalmente. Los seres humanos estamos constantemente bombardeados con mensajes motivacionales de cambio: come sano, limita el alcohol, haz ejercicio, piensa positivamente, evita el estrés y vive plenamente.

© Getty Images¿Cómo cambiar un hábito efectivamente? ¿Cuánto tiempo y esfuerzo puede tomar? ¿Por qué resulta tan difícil variar nuestras rutinas?
Durante las dos últimas décadas, el psicólogo clínico experto en comportamiento y cambio, John Norcross, ha demostrado en varios estudios que aunque casi la mitad de los norteamericanos documenta las resoluciones de Año Nuevo - especialmente, las resoluciones relacionadas con el dinero y la salud -,
después de tan solo una semana el porcentaje de resolucionistas (como les llama Norcross) baja a 75%; después de 6 meses disminuye a 40% o 45% y después de 2 años de 10% a 18%. A la gente le cuesta enormemente mantener la dieta, seguir con el ejercicio que inicia en enero, vivir sin cigarrillos o ahorrar el dinero que se propone.
Adicionalmente, empresas investigadoras y consultoras como IBM, McKinsey, KPMG y Forbes han argumentado que
entre 40% y 70% de todas las iniciativas de cambio en las organizaciones fracasan. La mayoría de estos estudios adoptan un acercamiento sociológico al tema de cambio, sosteniendo que los cambios fracasan por razones como malos planes estratégicos, planificación inexistente, cronogramas no realistas, pobre comunicación y falta de recursos o soporte de la organización. Con la excepción de muy pocas, estas investigaciones no mencionan la resistencia a nuevas formas de pensar, razonar, comunicarse y colaborar con otras personas. La mayoría de los proyectos no fracasan porque están basados en malas ideas sino porque la gente simplemente se resiste al cambio. ¡Nos cuesta tanto cambiar!
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