
© Santiago Salvador
1.- La tendencia natural de la aperturaEn diversos apartados de sus obras, V. Frankl, al analizar
la estructura del ser humano, afirmará, siguiendo la línea de los pensadores clásicos, que
está "diseñada" y concebida, tanto desde su dimensión físico-biológica, como desde su dimensión psico-racional, para abrirse al mundo de su entorno y relacionarse con los demás. Una actitud de apertura hacia los otros "tús" humanos que no requiere para su ejercicio ninguna especie de añadidura artificial y forzada, puesto que esta actitud responde a las exigencias más propias e íntimas de la persona, Frankl es consciente además, que son diversos los pensadores y psicólogos en el S. XX, que refrendan esta aspecto esencial de nuestra naturaleza, proyectada por su trascendencia, más allá de sí mismo:
Es propio de la naturaleza humana que sea abierta al mundo y a las cosas. En esto coinciden Max Scheler, Gehlen Portman y Allport. Su esencia yace en su autotrascendencia(1)
En estas épocas estresantes e hiperactivas en la que está inmersa gran parte de la sociedad occidental, son numerosas las personas que sepultadas en el ruidoso fragor de sus múltiples actividades, buscan su propia felicidad y autorrealización en la confirmación exitosa de sus logros profesionales, en el disfrute de sus placeres sensibles o en la aceptación social de su cuidada y edulcorada imagen externa. Se incrementan sin cesar las instituciones y clínicas médicas, arropadas por insistentes mensajes publicitarios, que nos ofrecen, si seguimos dócilmente sus instrucciones, hermosos y estilizados cuerpos para adquirir un "look" personal, que se ajuste a los criterios dictatoriales de la "moda" imperante. Frankl, invirtiendo este orden de valores, sostendrá que
la soñada autorrealización y la plenitud existencial del ser humano, como preámbulos de la felicidad, no se obtiene poniendo un espejo de contención frente al mundo exterior para sestear en nuestra propia y narcisista imagen refractaria, sino que se obtiene en la medida que nos entregamos a los demás y nos olvidamos de nosotros mismos. Así lo describe en diversos párrafos de su obra El Hombre Doliente:
El ser humano se realiza a sí mismo en la medida que se trasciende. Sólo es plenamente cuando se deshace por algo o se entrega a otro y se olvida de sí mismo (2)
Comentario: Quizás podríamos decir que es importante un balance de la autobservación, y que la misma se base en el desarrollo de una consciencia de uno mismo que está por encima de nuestras múltiples identificaciones, narrativas, expectativas y falsas ideas de nosotros mismos. Una tarea que sin duda resulta bastante difícil, claro, pero que no por eso deja de ser en sí misma una forma de trascenderse a uno mismo para poder, quizás, llegar a servir mejor a los demás. En otras palabras, la autobservación debe estar enmarcada en el objetivo de servicio a los demás y autotrascendencia para que realmente rinda los frutos que llevan a la realización y el desarrollo humano.
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