La Ciencia del Espíritu
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Las neuronas hablan de nuestro pasado

Los patrones de actividad neuronal del cerebro en reposo reflejan experiencias vividas al menos 24 horas antes, constata un estudio.
© Instituto Weizzman.
Imagen posterior: Patrones neuronales espontáneos (en estado cerebral de reposo) antes de una sesión de entrenamiento. Imagen anterior: patrones de actividad neuronal un día después de la sesión de entrenamiento, lo que demuestra la existencia de una traza a largo plazo derivada de dicho entrenamiento.
Las experiencias vividas dejan huella en la actividad neuronal del cerebro en estado de reposo, ha revelado un estudio. Además, esos patrones de actividad pueden interpretarse porque, aunque son complejos, están altamente organizados, son periódicos y simétricos.

El hallazgo abre una nueva vía de exploración del cerebro, pues dichos patrones cerebrales podrían ser utilizados, por ejemplo, como "herramienta de mapeo" para desenterrar eventos cognitivos del pasado reciente de un individuo.

Gracias a las tecnologías más avanzadas, los neurocientíficos han podido analizar la actividad neuronal vinculada a diversos aspectos del ser humano. ¿Podría conocerse, además, la huella que dejan las experiencias pasadas en nuestro cerebro?

De ser así, podría determinarse lo que hace que cada uno de nosotros un individuo único, así como diagnosticar de manera objetiva una amplia gama de enfermedades neuropsicológicas.

Esta posibilidad parece que no está tan lejos: una nueva investigación llevada a cabo en el Instituto Weizmann de Israel ha demostrado que las ondas que, espontáneamente, emergen de la actividad neuronal del cerebro llevan la huella de eventos que hemos experimentado en el pasado, al menos 24 horas antes.
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La imaginación puede alterar nuestros sentidos y nuestra relación con la realidad

© Desconocido
Muchas veces, demasiadas veces para ser exactos, confiamos fielmente en nuestra memoria sobre los hechos que hemos vivido hace tan solo unas horas o incluso unos días, aunque desconfiamos de ella cuando han pasado unas semanas. La realidad es, como ya hemos hablado en anteriores artículos, quenuestra memoria es bastante nefasta y rellena los "huecos" con la imaginación. En un principio creemos que controlamos dicha imaginación, pero nada más lejos de la realidad, como bien comenta un reciente estudio.

Según la investigación, llevada a cabo por el Instituto Karolinska de Suecia y publicado en la revista Current Biology, nuestra imaginación sería capaz de afectar incluso a la manera en la que nos relacionamos con nuestro entorno mediante la vista y el oído. Es decir, nuestra imaginación podría modificar nuestros sentidos sin que seamos conscientes de ello, alterando nuestra percepción real por otra imaginaria (nunca mejor dicho).
Attention

Estrés post-traumático en personas con trastornos psicóticos

Estrés post-traumático
© Desconocido
Cuando pensamos en acontecimientos traumáticos, es habitual que se nos vengan a la cabeza accidentes de tráfico, personas expuestas a la violencia, actos terroristas o, incluso, la imagen de un veterano de guerra que no puede dejar de revivir sangrientas acciones de combate, "arquetipos" del estrés post-traumático frecuentemente empleados en series de TV y películas.

Sin embargo, pocas veces caemos en la cuenta de que algunas enfermedades mentales conllevan elementos que pueden resultar igualmente traumáticos, ya sea por lo impactante de la propia sintomatología para la persona o por el miedo que pueden llegar a infundirle algunos aspectos relacionados con la enfermedad, como los ingresos hospitalarios. Los problemas que se asocian a una vivencia traumática de la enfermedad, como es conocido entre los profesionales de la salud mental, vienen a añadir un grado de complejidad adicional al tratamiento. Además, el estrés post-traumático en el contexto de los trastornos psicóticos supone un mayor desafío a la calidad de vida de quienes suman a pensamientos delirantes y alucinaciones otros síntomas como el temor, la desesperanza u horror intensos, las re-experimentaciones del evento traumático (p.ej. "flashbacks"), el aumento del nivel de activación y los esfuerzos por evitar todo aquello que tiene que ver con el hecho temido.
Einstein

El niño de dos años con un cociente intelectual superior al de Obama

Adam Kirby
© dailymail.co.uk
Un niño de dos años de edad se ha convertido en el miembro más joven de la asociación internacional de superdotados Mensa, tras obtener una puntuación de coeficiente intelectual superior a la del presidente de EE.UU., Barack Obama.

Aunque la mayoría de los niños a esta edad están ocupados aprendiendo a caminar y hacer garabatos, al pequeño Adam Kirby, le gusta leer Shakespeare, aprender vocabulario japonés, español y francés, indica el diario británico 'Daily Mail'.

El pequeño Adam, del sur de Londres, obtuvo una puntuación de 141 en el test de coeficiencia intelectual Stanford-Binet, superior a la de dos de los líderes más poderosos del mundo, Obama y el primer ministro británico David Cameron, a pesar de que ni siquiera es capaz pronunciar oraciones completas.
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El orden y la sensación de control en la ciencia: un refugio para los tiempos duros

© Desconocido
Vivimos tiempos convulsos en muchos sentidos, y más notoriamente en lo político y social. Últimamente, no pasa un día sin que en los medios alguien haga notar la profunda "pérdida de confianza" en las instituciones que tradicionalmente han sido reducto de seguridad. Este tipo de crisis de confianza se traduce a menudo, como vemos estos días en muchas encuestas, en una polarización de las actitudes: constatamos una oposición muy marcada a determinadas ideologías o colectivos, mientras vemos (re)surgir algunas alternativas que serían tal vez impensables o al menos muy minoritarias en momentos de mayor relajación social. Para los científicos sociales, las situaciones de cambio y desconfianza en las instituciones generan cierto tipo de dinámicas que acaban arrastrando consigo todo el sistema de creencias de las personas, afectando a la manera en que la gente percibe el mundo en general.

Aunque la lectura sociopolítica de estas dinámicas es interesante, que nadie se asuste, que en este post no voy a hablar de política. En vez de eso, voy a centrarme en el papel que tiene la percepción de control en estos procesos sociales, y su posible efecto en el avance de las ciencias.

Comentario: La ciencia oficial suele ser un sistema corrupto que sirve a los intereses del Sistema de Control, usado como dogma irrevocable. Recomendamos la lectura de:

Thomas Nagel: Mente y Cosmos - porqué el materialismo neo-darwinista es, casi con certeza, falso

Sobre los sesgos cognitivos:

Sesgos cognitivos y errores en el diagnóstico médico

El sesgo de confirmación: ¿Por qué es difícil cambiar tu mente?

Nebula

La vida es religión


Comentario: Como complemento a este artículo los invitamos a la lectura de:
Orden a partir del caos


Fellowship of the Cosmic Mind
© paleochristianity.org
El miércoles por la noche tuve una conversación interesante con mi esposa acerca de la espiritualidad. Entre otras cosas, ella señaló que si el fin era aceptar la verdad y ser puramente realistas y objetivos, entonces teníamos que aceptar que todos nuestros esfuerzos espirituales bien podrían ser en vano. Que muy bien podría ocurrir que ninguna de nuestras acciones, internas o externas, tuvieran resultado alguno en lo que llamamos el plano espiritual. Por ejemplo, el muy preciado tesoro de la vida del alma después de la muerte bien podría ser inalcanzable.

Yo admití que ese era un muy buen punto, y que no teníamos derecho a asumir y dar por hecho que obtendríamos algún tipo de recompensa. Después de todo, lo que ella me estaba señalando era que no debíamos regresar al error que cometen las grandes religiones monoteístas de motivar a los fieles por medio de un sistema infantil e inmaduro de premio y castigo, como lo haría un padre con su hijo pequeño. Pero también añadí que no por eso debíamos dejar de intentarlo, aunque no tengamos el resultado asegurado. Quiero decir: intentar evolucionar espiritualmente por amor a la verdad y al aspecto creativo del universo; no quiero decir intentar obtener una recompensa de papá Dios-Alah-Jehová.
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Detectan la falta de empatía de los narcisistas mediante un escáner cerebral

© Desconocido
Curiosamente hace unos días os hable sobre lo difícil que es diagnosticar los trastornos psiquiátricos mediante pruebas físicas como son los escáners, radiografías y demás. Pero, aún así, ha sido posible diagnosticar el trastorno bipolar mediante un escáner cerebral. Y por si fuera poco, ahora incluso se ha logrado detectar la falta de empatía más allá del criterio clínico de una personalidad egoista, egocentrica y prácticamente falta de sensibilidad, pues han logrado reconocer la falta de empatía mediante un escáner cerebral.

Como ya os explicamos en MedCiencia hace tiempo cuando hablamos sobre el trastorno narcisista, este es una enfermedad mental que consiste en una alteración de la personalidad caracterizada por una arrogancia extrema y egoísmo sin limites, además de una baja autoestima y sentimientos de inferioridad. Pero ahora han descubierto un nuevo añadido, y es que existen anomalias estructurales en una determinada región cerebral ligada a la empatía.

Comentario: El narcisismo es una de las características del psicópata. En una sociedad psicopática, incluso individuos no psicópatas adquieren este tipo de caracteres, afectando, por ejemplo, al conjunto familiar. Para más información, recomendamos:

¿Qué es un psicópata?

Sobre la familia narcisista:

La Familia Narcisista

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El mal humor puede expandirse como un virus

© Frank Wuestefeld
Michelle Garcia Winner, logopeda y experta en pensamiento social de Estados Unidos, aseguraba hoy en la contra de La Vanguardia que "el mal humor se contagia. Se ha comprobado neurológicamente que si una persona que está de mal humor entra en una sala, sin necesidad de que exprese este mal humor ni con gestos ni con palabras, rápidamente su estado negativo se expande como un virus". Rápidamente me ha llamado la atención y he tratado de encontrar evidencias de ello.

Cierto es. Son varios ya los estudios que han confirmado que el mal carácter influye en la capacidad para trabajar y que puede contagiarse a las personas de alrededor. En 2012, investigadores de las universidades de Texas y de California hablaron de lo que han denominado contagio emocional o, dicho de otra manera, proceso de tres fases en el cual los sentimientos de una persona son transferidos a otra persona (algunos especialistas la han llegado a denominar "forma rudimentaria de empatía", para facilitar su comprensión). Huelga decir que ya en 1994 los psicólogos Elaine Hatfield y John Cacioppo, junto con el historiador Richard Rapson hablaron de este concepto en su obra Emotional Contagion.

Según la investigación más reciente de 2012, la primera fase involucra el mimetismo inconsciente, en la que el individuo copia sutilmente las señales no verbales de otra persona (postura, expresiones faciales y movimiento). Durante la última fase, los individuos comparten su experiencia hasta que sus emociones y comportamiento se sincronizan.
Gear

Las personas con mayor autocontrol son más felices

© Desconocido
Traducción de Medciencia

Muchas veces asociamos la autodisciplina o el autocontrol a un menor nivel de felicidad, solo por el simple hecho de que tener mucho control sobre las emociones de uno mismo implica rechazar muchas situaciones y deseos que, teniendo otra personalidad diferente, no se rechazarían, ¿verdad? Pues resulta que según una reciente investigación el asunto es totalmente al revés, pues las personas con mayor autocontrol son más felices que las que sucumben a las tentaciones sin pensarselo dos veces.

El estudio, publicado en el Journal of Personality, ha conseguido demostrar que el autocontrol no solo es privarse de ciertos deseos, sino de saber gestionar mejor los conflictos y cumplir mejor los objetivos, ya que la gente más disciplinada suelen tener mejor control sobre sus tareas. Y justamente por todo esto los científicos intentaron demostrar si tanto control sobre uno mismo acabaría con una mayor tristeza, pero justamente fue todo lo contrario.
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Neuroimagen de la resiliencia

Uno de los conceptos que ha recibido más atención en la psicología de los últimos años es el de "resiliencia". Básicamente, hace referencia al grado de "dureza psicológica" de una persona ante eventos estresantes y a su capacidad para resistir y afrontar adecuadamente la adversidad.

neuroimagen_resiliencia1
© PSY'N'THESIS
Las personas con una alta resiliencia son capaces de adaptarse a circunstancias que pueden suponer un desafío, movilizando una amplia gama de recursos cognitivos y emocionales con los que atender a los retos que se les plantean. En este sentido, se trata de personas que pueden identificar cuáles son las demandas que plantea un evento potencialmente estresante, que cuentan con estrategias adecuadas de solución de problemas y que, de manera flexible, consiguen ajustar su respuesta emocional a lo que requieren los acontecimientos, por ejemplo, generando emociones positivas y manejando adecuadamente las negativas. Son algo así como la "élite del afrontamiento", es decir, personas que a pesar de haber pasado por experiencias potencialmente dolorosas y traumáticas, como una enfermedad grave, eventos y situaciones en los que se han visto en peligro o circunstancias interpersonales y sociales adversas, han logrado salir adelante, muchas veces fortalecidos.

Es obvio que la amplia atención que está recibiendo hoy en día el concepto de "resiliencia" tiene mucho que ver con las circunstancias en las que se encuentra nuestra sociedad. Por un lado, hace unos años, la queja era que -en un contexto donde parecían desterradas muchas de las dificultades que habían soportado generaciones pasadas- la población acabaría siendo cada vez menos resiliente; es decir, que las generaciones futuras acabarían "ahogándose en un vaso de agua", porque casi no habría ocasiones para "endurecerse" afrontando circunstancias adversas. Pero hoy en día, parece que el contexto - la "sociedad de la crisis"- ha cambiado radicalmente, y si la resilencia está "de moda" no es sino porque gran parte de la población se ha visto en la necesidad de hacer frente a acontecimientos que son ciertamente adversos. Se trata, por tanto, de uno de esos conceptos que pueden caracterizar no sólo a individuos concretos, sino que en cierto modo funciona como un "termómetro" de la sociedad, reflejando el nivel de demanda implícito en las circunstancias.

Ahora bien, más allá de estas implicaciones psicosociales, la capacidad de resiliencia, como no podría ser de otra forma, tiene un sustrato neurológico. Tales correlatos cerebrales no nos dicen "qué es eso que llamamos resiliencia" - lo que sería tarea de una investigación más filosófica- y tampoco permiten identificar "dónde se aloja" esta capacidad, a la manera de la frenología. Al contrario, la neuroimagen de la resiliencia lo que nos permite es conocer mejor cómo funciona el cerebro de las personas con alta resiliencia, es decir, cuáles son los mecanismos de procesamiento y regulación emocional que se activan en ellas al afrontar tareas que requieren de esta capacidad.
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