Arcos circumhorizontales, o arcoiris de fuego, fueron observados en París en un bello regalo para el pasado Día de San Patricio.

Este pasado 17 de marzo una inusual combinación entre la elevación del sol y el tipo de nube hizo que se formara una banda iridiscente en el cielo de París y el fotógrafo amateur Bertrand Kulik logró captar estos poéticos instantes que evocan a una abstracta ave fénix diluida en color.

Este fenómeno conocido como arcoiris de fuego - en realidad el término arcoiris es impreciso para el fenómeno, también llamado arcos circumhorizontales - no es del todo raro, pero no suele ocurrir en países europeos donde el sol generalmente no tiene la elevación necesaria para crear este efecto de halo. El fenómeno depende de la latitud, como las auroras, las cuales por momentos parecen evocar, pero en latitudes menos cercanas a los polos - y evidentemente sin ser causados por tormentas magnéticas.

Los arcoiris de fuego casi siempre se encuentran en las nubes cirrus (caracterizadas por componerse de bandas delgadas y finas): el sol pasa a través de los cristales de hielo de estas - que se forma por la altitud a la que se encuentran - e ilumina la tierra con un pedazo aislado de arcoiris. El sol tiene que que tener una altitud suficiente para permitir que se observen.

La localización perfecta para verlos es cerca del meridiano central con el sol a un ángulo de sesenta y siete grados sobre el horizonte.